Prólogo
Fue en aquella tarde que la vida de Kristina cambio completamente, desde unas semanas había mucho con su prometido, algo que la ponía demasiado triste porque la verdad estaba harta de decirle que fuera a buscar trabajo.
Sin embargo, lo único que le decía cada que empezaba una pelea era que entregaba las carpetas, pero no hay vacante en la empresa que quería trabajar.
Por eso, cuando estaba en su casa ahora lo único que hacían juntos eran pelear porque ella estaba cansada de que las cosas no salieran como lo estuvieran planificadas.
Ahora estaba discutiendo otra vez con su chico en medio de la sala de sus suegros.
—¡Estoy cansada! Siempre es una excusa para que consigas un trabajo, a diferencia de los demás—fue en esta parte cuando le empezó a gritar—Sabes me da demasiada tristeza que los demás puedan ver felices mientras que nosotros estamos en un punto muerto de nuestras vidas.
A diferencia de su novio, quien se mantuvo callado respecto a todo lo que tenía que decirle.
—¿Entonces como crees que me siento?—en ese momento este chico golpeo la mesa—he hecho todo lo posible para buscar todos los días, sin embargo, la economía siempre complica todo.
A diario esa era la excusa perfecta, algo que no podía pensar Kristina, sino fuera porque estaba totalmente enamorada de él hace mucho tiempo lo hubiera dejado.
Pero la verdad lo amaba con toda el alma de ser, desde que había experimentado la sensación del amor con él, no estaba dispuesto a dejarlo con otras mujeres, así costara lo que costara, haría lo necesario para estar a su lado.
—Entonces eso significa que te vas a rendir—le volvió a reclamar Kristina, sin embargo, de una forma tan enojada que sus ojos iban a reventar de ira.
Fue en ese momento que su prometido, se sentó en el sofá de sus padres, sin importarle cada palabra de ella, como si realmente nunca hubiera existido algo así.
Kristina no tenía a donde más ir, incluyendo que tenía mala relación con su madrastra por haber separado a sus padres cuando era muy joven.
Por eso había decidido soportar, vivir aquí aguantando todos los días las órdenes de su suegra, pero hoy llego al límite de todo eso.
—Mira, te lo voy a repetir por última vez, hoy va a hacer el último día que vas a saber de mí, ni siquiera me va a importar que hagan los demás. Por cierto, también te quiero decir que me arrepiento desde el primer minuto que te conocí—en aquel instante fueron las únicas palabras de Kristina hacia su prometido para luego irse en medio de la noche a cualquier sitio donde pudiera pensar mejor las cosas.
Tampoco este muchacho la quiso detener porque se dio cuenta de que no podía hacer nada para detener sus acciones.
En cambio, Kristina se dirigió hacia la entrada principal de la casa para irse a su carro, uno de los últimos modelos de este año.
Una vez dentro del carro, se repitió a sí misma que no iba a estar llorando por alguien que no valía la pena ni mucho menos su tiempo.
—Te juro que va a partir de ahora voy a desaparecer de tu vida—se dijo Kristina para ella misma.
Cuando encendió su vehículo luego de varias veces de intentarlo, se fue directo a la autopista para seguir llorando como una completa estúpida por un hombre que no tenía ni metas en su vida.
¿Cómo va a hacer por mí, cuando ni siquiera puede ser algo por él?
¿Qué tipo de esperanza puedo tener a su lado?
Me pregunto demasiadas cosas, pero de repente mientras estoy conduciendo mi pequeño carro vienen unas luces a toda velocidad que golpean mi carro hasta el punto de seguir cayendo hacia un acantilado.
En esos momentos, pequeñas imágenes pasan en mi cabeza imaginando muchas cosas en mi vida hasta que se detiene el vehículo, cerrando mis ojos en ese instante.
Es difícil adivinar si va a venir una ambulancia a rescatarme o si mi destino termina así, sin poder hacer nada más, pero la verdad para la protagonista es la mejor sensación que ha tenido en mucho tiempo.
Muchas semanas después…
Solo había una persona que estaba esperando una respuesta mientras le volvían a hacer el mismo chequeo rutinario los médicos a Kristina porque desde el accidente no había mostrado signos de mejoría o alguna señal en sus dedos para saber si estaba bien.
Sin embargo, esta mañana iba a hacer diferente porque Kristina había despertado por fin de su estado de coma, algo que esperaba este chico desde hace mucho tiempo.
Una vez que estuvo al frente de ella, no quería asustarla, sino más bien sentirse feliz porque iba a cumplir el sueño de estar a su lado.
—¿Entonces se supone que tú eres mi prometido?—le pregunto Kristina, sin poder creer todo lo que estaban viendo sus ojos en este momento.
Desde el punto de vista de cualquier mujer, Richard era un hombre intocable y frío, excepto con esta mujer porque había sido su único amor desde la primera que la vio.
Entonces le toco comprender que los médicos habían dicho que ella había perdido la memoria, incluyendo sus recuerdos más recientes.
A diferencia de Kristina, se agitó demasiado diciendo que él es su prometido cuando, dentro de su mente, no tenía ni un solo recuerdo juntos.
—No te preocupes, estoy seguro de que el tiempo te va a devolver todos los recuerdos que necesitas—le comento Richard mientras que ella seguía observando todos sus movimientos.
—Lo siento de verdad, pero no todos los días aparece un hombre guapo diciendo que es tu prometido—fue la corta respuesta de ella, mientras que este chico solamente se fue por un instante del cuarto.
Apenas salió lo único que quería era hacer feliz a Kristina porque la verdad había arruinado muchas cosas con ella, esta segunda oportunidad la iba a aprovechar a cualquier costo.
Sin olvidar mencionar que su madre, quien es una interesada al dinero, iba a llevar a cualquier momento para pedirle más plata, además de que su hermana menor no le faltaba poco para convertirse a una mujer igual que su madrastra.
Richard respiro profundamente luego de que salió la enfermera para decirle que su prometida iba a necesitar mucho reposo sin recibir emociones fuertes porque eso retrasaba todo su proceso de recuperación.
Incluyendo que en cualquier minuto podía recuperar sus recuerdos.
Poco después, Richard entro en la habitación tan sencilla que ni siquiera tenía un cuadro, sin embargo, se quedó a su lado por si en cualquier momento Kristina lo iba a necesitar.
Siempre había amado de ella, lo humilde y sencilla que ha sido, además del carácter sumiso que tenía incluso la forma de cuando Kristina se ponía brava para defender todos los argumentos que tenía.
Richard se quedó ahí durante un buen rato, hasta por fin poco a poco su chica se empezó a despertarse, pero todo se sentía tan raro en ese momento que agarrarle a ella esperaba que le trajera calma.
Entonces decidió intentarlo para mostrarle que nunca más iba a permitir que nadie le hiciera daño a cambio de que accediera a sus caprichos porque necesitaba casarse con Kristina para tener un hijo lo más pronto posible.
—Aún no me puedo creer que tenga un prometido ¿Entonces si tengo familia porque mi madre no viene a verme?—le pregunto ella, mientras que Richard igual le seguía sujetando su mano con mucha fuerza.
Desde el punto de vista de ella, todas esas preguntas quedaban sin resolver porque podría ser posible que en su pasado había tenido una mala relación con su mamá o hermanos para que la traten de una forma tan horrible.
—Mi amor no te preocupes por nada de eso, lo importante es que ahora estamos juntos nada ni nadie nos puede separar ¿Tienes hambre?—le pregunto su prometido mientras que ella estaba teniendo algunos dolores de cabeza en ese momento.
—Si, solo un poco—fue la pequeña frase de Kristina para que Richard fuera rápidamente a salir a la cafetería del hospital que se encontraba en el piso de abajo.
Poco después de irse, Richard, en medio del ascensor, envió un texto a la familia de su prometida para avisarle que había despertado.
Sin embargo, tenía mucha ansiedad por dentro al saber que sus mismos planes podían ser descubiertos en cualquier segundo, pero al fin de cuentas iba a estar casado con la mujer que amaba desde hace mucho tiempo porque los obstáculos los había eliminado desde hace mucho tiempo.
Una vez que llego a la cafetería pidió una comida para llevar junto a un jugo y café con leche para él mientras seguía revisando su celular en el caso de que podían encontrar algunos mensajes en su correo, sin embargo, siguió su camino.
Cuando volvió a abrir la puerta del cuarto de su prometida, ella se alegró mucho de volver a verlo, empezando a compartir la comida juntos como en los viejos tiempos.