La casa estaba envuelta en ese silencio raro que trae el atardecer, ese momento entre el día y la noche donde todo se pausa un instante. Tang casi daba pequeños saltitos de ansiedad cuando me empujó suavemente hacia las escaleras. "Ándale, ve a llamar al Alfa. La señora Linda se lució con la cena de hoy." Ya sabía yo lo que se traía. Desde el rollo aquel con Amara, se la pasaba buscando redimirse a punta de esos empujoncitos "disimulados" que, oh causalidad, me ponían justo frente a frente con Sebastian. "Está bien," solté un suspiro, dejando mi libro al lado. "Voy por él." La verdad, no me molestaba tanto. Era mi chamba, después de todo: mantener a Sebastian centrado, que no se le olvidara comer ni respirar. Podía pasar por Sawyer también mientras tanto. Arriba,

