Las manos de Hefesto temblaron, estaba tan acostumbrado a que todos lo rechazaran que se sorprendió ver la amabilidad de Themis, limpió rápidamente sus manos en su delantal y tendió un hacia mí. me puse de pie y junto a Hefesto, bajamos por las gradas. Super que Themis era muy considerada pues fue al ritmo lento de Hefesto, todos los demás dioses murmuraron sin parar, me di cuenta que todos los dioses no se diferenciaban en nada a los humanos, con sus críticas, con sus discriminaciones, con sus abusos, ellos deseaban poder para presumir y presionar al más débil, estaba asqueada y Themis también lo estaba, sentía su ira bullir a fuego lento, esperando a ser expuesto. – ¿No pudiste conseguirte un acompañante mejor, Themis? ¿después de mi esposo se te atrofió el buen gusto que te juntas con

