Después del desayuno, mi madre se fue y yo me la pasé en mi despacho, con la mente ocupada en tantos maravillosos planes que tenía con mi hija. No podía imaginar pretendientes porque aún debía esperar el momento perfecto: poder político, poder militar, poder económico. Había tantos de dónde escoger; todo era lo que necesitaba y esa niña era la clave. Mientras giraba en mi asiento, imaginando escenarios, el llamado en la puerta me sacó de mis pensamientos. - Adelante... - Alonso asomó la cabeza por la puerta y después entró para luego cerrar la puerta detrás de él. - ¿Está todo bien, señor? ¿Necesita algo usted o la señora quiere que le envíe un bocadillo? - Me giré para mirarlo. Un bocadillo no era necesario para Scarlett; de seguro estaba molesta, o más que molesta, conmigo. -No, no se

