— Fer, sabes lo peligroso que puede ser para ti subir fotos a las r************* , por favor hija, te pido que seas lo más discreta posible. Oli, ayúdame a vigilar que no vaya a cometer ninguna tontería.
— No se preocupe señora Rocío, estoy muy consciente de la peligrosidad del asunto. La mantendré más que vigilada.
— Y por favor cuídense mucho. Tomen, guarden esto en sus bolsas y llévenlos consigo, nunca saben cuándo los van a necesitar.
— ¿Es en serio mamá? ¿Nos compraste condones?
— Fer, yo sé que en estos tiempos no es como en los míos. Antes las chicas esperábamos a conocer a nuestro príncipe azul para dar ese paso, pero ahora las cosas son más liberales. Lo único que te pido es que me tengas confianza y me digas cuando des ese paso, si no es que lo has dado ya.
— No te preocupes, con lo exigente que es la carrera no he tenido tiempo de dar ningún paso. Los únicos orgasmos que he tenido fueron en sueños porque ni a novio llego. Nadie quiere salir con la estudiante de medicina nerd que vive comiendo libros.
— Me los llevo igual señora Rocío, una nunca sabe lo que puede pasar en esos congresos, van estudiantes de medicina y de ingeniería agrónoma de todas las universidades del país; y ojalá mi madre pensara como usted. Si ella me viera con un condón en las manos, ya me hubiera dejado pelona o chimuela.
— También recuerden que no deben aceptar bebidas de desconocidos, y cuídense mutuamente cuando salgan a bailar.
— Mamá, pasaremos la mayor parte del tiempo tomando conferencias, no vamos de vacaciones ¿te tranquilizas un poco?
— Ay, hija. Es que me cuesta trabajo ver que ya eres una mujer; sé que ya eres adulta, pero yo siempre te voy a cuidar, porque siempre serás mi niña.
— Te quiero mucha mamita, ya vámonos o llegaremos tarde al aeropuerto.
— Vamos, las acompaño al aeropuerto.
— ¡No! No te preocupes, seguramente habrá muchos estudiantes en el mismo vuelo y qué oso que me lleve mi mamá, ya somos todos adultos.
— Está bien, me quedo. Vayan, vayan, aprendan mucho en esas conferencias y diviértanse. Recuerden: nada de fiesta, sin globos.
Rocío quedó realmente preocupada, era la primera vez que Fernanda viajaba sola, pero no podía prohibirle hacer su vida. Ya bastante había sufrido teniendo que vivir en la ciudad, cuando lo que más deseaba era vivir en el pueblo. Y se quedó cavilando cómo la iba a persuadir de poner ese dispensario en Palizada, justamente en ese pueblo, era dónde más corría peligro.
— Cómo me encanta tu mamá, es muy divertida— Dijo Olivia una vez que subieron al taxi.
— Sí, es un amor, aunque me duele que esté tan sola. Nunca superó la desaparición de mi papá, creo que todavía tiene la esperanza de que vuelva.
— ¿Tú crees que esté vivo?
— No lo creo, si estuviera vivo, ya hubiera regresado a buscarnos. Ella me habla tan bonito de él, que no creo que hubiera sido capaz de abandonarnos.
Llegaron al aeropuerto y se dispusieron a documentar su equipaje, estaban esperando que anunciaran el abordaje cuando Olivia saltó de emoción.
— ¡Ay, no lo puedo creer! ¿Ya viste quién va en el mismo vuelo que nosotros?
— ¡Tonta! ¡Me asustaste! No ¿quién es?
— Mira allá en la fila, es el doctor César Montalvo, en el calendario de conferencias dice que dará una ponencia. ¡Dios, qué suerte! Ojalá llevemos asientos contiguos ¡Es joven y guapísimo!
Fernanda estiró el cuello y buscó entra la gente, pero no lo vio.
— Pues no veo nada, he oído hablar de él. Tiene fama de ser una eminencia en trasplante renal, pero no lo conozco, nunca lo he visto ¿Cómo sabes que es joven y guapo?
— Porque en un trabajo de investigación, fui a conocer la clínica de hemodiálisis y el Instituto Mexicano de Trasplantes, allí lo vi, y no sabes... es un verdadero bombón.
— No te hagas ilusiones, por ética profesional, los profesores no pueden salir con las alumnas.
— Pero él no es profesor, es un investigador reconocido y no da clases, lo que es una verdadera lástima. Lo invitaron por ser un experto en la materia, así que nada le impide involucrarse con una estudiante.
— ¡Oye! Estás muy enterada de todos los pormenores de ese médico.
— El interés tiene pies, desde que vi su nombre en el calendario, me di a la tarea de saber más de él; cuando estuve en hemodiálisis me hice amiga de una enfermera, me dijo que tiene novia y que vive con ella, pero no están casados, así que tal vez tenga una oportunidad.
— Pues te deseo suerte, ojalá y te mire, sabemos que los médicos exitosos, suelen ser engreídos y arrogantes.
— Ya sé que vas a decir que menos tu papá, a veces pienso que vives enamorada del recuerdo de tu papá.
— Ojalá y fuera un recuerdo propio, pero sólo sé de él lo que me contó mi madre.
Cuando abordaron el avión Olivia buscaba insistentemente al doctor Montalvo, aunque sin suerte. Seguramente él iba en primera clase, y ellas habían comprado boletos de clase turista.
— Voy al baño, así recorro las filas para ver si veo a mi doctorcito.
— Ay amiga, ese hombre te tiene loquita, no te me deprimas si no te hace caso.
— No te preocupes, si el plan “A” no funciona, siempre habrá una cantidad de estudiantes para compensar.
— Estás bien loquita amiga, pero así te quiero.
— Debes relajarte Fer, tal vez conozcas a alguien que te guste y te diviertas un poco.
— Tal vez…
El avión aterrizó y Olivia apuró a Fernanda para bajar rápidamente, tenía la esperanza de ver bajar al doctor Montalvo del avión, y otra vez no tuvo suerte. Al parecer, no compartieron el mismo vuelo.
Al bajar del taxi en el hotel vieron que una masa de estudiantes se estaba registrando y, por un momento creyeron que el check-in duraría para toda la eternidad.
Las conferencias comenzaban hasta el día siguiente, así que esa tarde la tenían libre. Mientras que Olivia parecía explotar de ganas por bajar a la alberca, ir a la playa, y comenzar a conocer chicos, Fernanda sólo esperaba poder seguirle el ritmo. Era la primera vez que pasaría tanto tiempo lejos de sus libros, desde que inició la carrera no hacía otra cosa que estudiar.
Cuando estuvieron en la habitación Fernanda se dejó caer en la cama, las filas en la recepción y la espera del elevador, le habían quitado las ganas de hacer cualquier cosa, además con el calor que hacía sentía que iba a fundirse con la superficie del colchón.
— Fer, pongámonos traje de baño, vamos a la piscina.
— ¿Y si primero vamos a comer algo? Tengo hambre.
— Pero vayamos listas para la piscina, tenemos la tarde libre, así que después de comer podemos pasear y luego nadar.
— Está bien, vamos.
Fernanda se miró al espejo, no se sentía cómoda con el bikini, su piel era demasiado blanca, hacía mucho que no tomaba vacaciones y que no se bronceaba ni un poquito, se puso una minifalda de jeans y unas sandalias, una camiseta se cuello ancho, un sombrero y unas gafas para protegerse del sol.
— ¿Ya estás lista? — Olivia con el sexy sostén del bañador y short diminuto se veía espectacular, su piel morena era lo que Fernanda más le envidiaba.
— ¡Lista! Vayamos a comer.
— Que comience la cacería.
— ¡Olivia!
— Lo siento amiga, pero no regresaré a México sin haber ligado en este congreso. A ver si tú haces lo mismo, hasta tú mamá te dio los condones y el permiso. Yo a eso lo tomaría como una indirecta bastante directa ja, ja, ja.
— Mi madre debió ser la tuya, yo creo que me cambiaron al nacer.
Cuando las puertas del ascensor, que había tardado en llegar, se abrieron, una oleada de estudiantes salió. Seguían llegando de diferentes puntos de la república, un chico muy guapo miró a Olivia y ella le sonrió, cuando Fernanda se dio cuenta, ellos ya estaban hablando y quedando para verse en la piscina.
Entraron el ascensor.
— ¿Qué fue eso? ¿Lo conoces?
— No, pero ya sé que se llama Israel, y nos alcanzará en la piscina con un amigo más tarde.
— Me has dejado anonadada, eso es lo más rápido que has ligado desde que te conozco.
— Está guapito, le voy a dar una chance. Si besa bien pasará a la segunda base.
— ¿Y tú plan “A”?
— Se acaba de convertir en “B”, porque ni siquiera sé si lo veré. Puede estar hospedado en otro hotel, y quizá lo vea sólo en la conferencia, es más, hasta puede que venga con su novia.
Bajaron al restaurante y era una locura ver la gran fila de chicos para servirse en el buffet. Nuevamente esperaron hasta que les tocó su turno, se sentaron a la mesa con unas estudiantes de Yucatán, que también eran estudiantes de medicina, así que rápidamente congeniaron.
Después de comer Fernanda estaba de mejor humor.
— ¡Vamos todas a la piscina! — Propuso Olivia — consigamos una pelota y juguemos boli en el agua.
Las dos chicas yucatecas accedieron, y salieron entusiasmadas.
— Olvidé ponerme el bloqueador solar — Dijo Fernanda — voy por él a la habitación, espero broncearme un poco, no quiero ponerme roja como camarón.
— ¿Quieres que te acompañe?
— No amiga, no te preocupes, ve con las chicas, en un momento las alcanzo.
Subió a su habitación, y se puso bloqueador solar en el cuerpo, y bronceador, tenía la esperanza de que su piel tomara un poco de color.
Esperando el ascensor para ir a la piscina se distrajo leyendo las indicaciones sobre qué hacer en caso de incendio o de sismo; escuchó que las puertas del elevador se abrieron y se giró sin precaución, chocó de frente con un hombre que se veía mayor, claramente no era un estudiante.
— ¿Estás bien? ¡Ten cuidado! — Dijo con una sonrisa que a ella le pareció una burla.
— Tú, deberías fijarte por dónde caminas — dijo molesta.
— Fuiste tú la que caminó volteando hacia otro lado ¿Y todavía te enojas? ¡Deberías disculparte!
— ¿Disculparme? Fuiste tú el que me chocó.
— Está bien, te disculpo; eres muy bonita como para enojarme contigo.
Fernanda se puso roja del coraje y de la vergüenza, era un hombre muy guapo, pero prepotente y arrogante.
— ¿Te puedes quitar? Voy a entrar al ascensor.
— Adelante, nada te lo impide.
Entró en el elevador y apretando los dientes por el coraje, vio la cara de él sonriendo ¡seguramente burlándose de ella! Suspiró cuando las puertas se cerraron, hizo ejercicios de respiración para tranquilizarse, no iba a permitir que ese incidente le arruinara la tarde.
Cuando llegó a la planta baja y las puertas se abrieron, estuvo a punto de caer, alguien había tirado algún líquido en el piso y su sandalia resbaló, las manos fuertes de un hombre la sostuvieron evitando que cayera al piso.
— ¿Estás bien? —Dijo con una sonrisa seductora.
— Sí, muchas gracias, me has evitado un buen golpe — inmediatamente sintió el rubor llegar a sus mejillas.
— Ten cuidado, como hay mucha gente en el hotel, los empleados no se dan abasto con la limpieza; voy a reportar para que limpien esto, parece que a alguien se le derramó algún tipo de aceite.
— No te preocupes, tú vas hacia arriba, yo enseguida lo reporto en la recepción, gracias de nuevo.
— No me agradezcas, ha sido un placer.
Fernanda siguió su camino, ese hombre era hermoso, no sólo era guapísimo, era atento y amable, todo un caballero, esperaba volver a verlo en algún momento.
Llegó a la piscina y Olivia inmediatamente notó que algo le pasaba.
— ¿Por qué vienes tan contentita?
— Porque acabo de conocer a un hombre que está divino.
— ¿Un hombre?
— Sí, te prometo que, sí es con él, usaré todos los condones que me dio mi madre.
— ¡Santa Fernanda! ¡Lávate la boca con jabón!
— No amiga, creo que este congreso va a ser mejor de lo que esperaba. Quiero ir a esa fiesta, no desperdiciaremos los globos.
— Nunca imaginé que te oiría hablar así, al menos no en el primer día, ahora tengo que conocer a ese hombre.
— Es lo más hermoso que he visto en mi vida, ya lo verás porque está hospedado aquí. Es mayor, estoy segura de que es un ponente, no creo que sea estudiante.
Fernanda se mordió el labio inferior recordando las manos, la mirada y la sonrisa seductora de ese hombre. Por primera vez, un ejemplar masculino se había adueñado de sus pensamientos y de sus deseos.