El Palacio de la Ventisca (Parte III)

1709 Palabras
    Un par de ojos marrones observaban al águila desde un portal oscuro y, más importante aún, a los que sobre el ave iban. Los cabellos marrones de la mujer sobresalían de su oscuro yelmo, el cual llevaba unas extrañas puntas de su frente, que daban la similitud a un par cuernos. Una larga capa de color n***o caía al suelo desde sus hombros, siendo un accesorio de la oscura armadura que llevaba puesta.       –Corran, corran como ratas en busca de un escondite. –Se burló aquella mujer sin quitar su sonrisa de mofa–. Sigan intentando detener lo inevitable.       La dama reía al ver desde su portal a las personas cayendo sin poder alzar el vuelo. Un par de criaturas que lucían como humanos permanecían al lado del trono que esta ocupaba. La piel de ambos era tan pálida como el papel y destellos rojizos se veían en la niña de sus ojos. Sus cuerpos eran delgados y su cabello oscuro como el carbón.       Las puertas de la enorme sala donde la mujer se encontraba se abrieron en su totalidad. El lugar estaba decorado con esculturas de gárgolas y otras criaturas míticas. Un suelo de granito pulido y gigantescas paredes que resaltaban los colores n***o y dorado en cada adorno perfectamente ubicado para exhibir la elegancia del salón. Una silueta femenina apareció detrás de la puerta. Esta llevaba una armadura similar a la de la mujer que descansaba en el trono, a diferencia de la ausencia de la capa y el yelmo. El cabello dorado de la chica que caminaba en dirección al trono se deslizaba hasta sus hombros. Finalmente la joven cayó de rodillas ante la mujer mayor.       –Mi señora. –Soltó con respeto–. ¿Me ha llamado?   –Nuestro trabajo está dando fruto. Tú eres mi mano derecha y hasta ahora te has comportado como tal. –Una líder satisfecha con su subordinada. Eso era aquella humana–. Estoy orgullosa de ti. Por ello es momento de otorgarte un trabajo más importante. –Explicó con paciencia. Definitivamente estaba emocionada–. Estarás a cargo de conseguirme información verídica sobre como ingresar al palacio de cristal para conseguir ahora el Zafiro Congelado. –La chica asintió y elevó sus ojos carentes de brillo hacia el rostro de su ama–. Espero que tal y como me lo has dicho una y otra vez tus sentimientos hayan desaparecido… Mei.                                                                                         ***     Deneb aterrizó en las puertas del enorme palacio que descansaba sobre la más alta de las islas. Fuertes corrientes de viento rodeaban el edificio, cumpliendo el objetivo de una especie de barrera que impedía el paso de cualquier criatura diferente a un nativo de Enmerald ya que, para entrar, se necesitaba que este hiciera uso de sus habilidades con el fin de apartar el veloz torbellino que giraba alrededor. De lo contrario, cualquier ser que lo intentara seria destrozado por esto.       Fue impresionante para el joven humano ver como Scarlet realizaba su trabajo partiendo el viento como si de una cortina se tratara para que estos por fin pudiesen ingresar. Una vez dentro pudo apreciar lo que antes no: enormes torres que parecían pinchar el cielo que se encontraba aún más alto. Jaen llegó a preguntarse si estas torres llegarían al espacio... ¿o siquiera habría un universo en Ashura? ¿Viviría allí otra r**a espacial?       Los portones se abrieron, sacándolo por completo de su viaje mental a cosas completamente fuera de lugar. Consiguió ver el interior del castillo. A diferencia del palacio de cristal, en este predominaba el color verde en sus diversas tonalidades. Jaen miraba atónito las decoraciones de este.        Los chicos se disponían a avanzar hasta la sala del trono pero unos pasos se oyeron frente a ellos, pasos lentos y refinados, pasos que relajaban los músculos de los presentes. Frente a ellos se dejó ver una mujer de avanzada edad, erguida y delicada. A pesar de la edad, su rostro estaba sumamente cuidado, notándose solo los arcos que bajan por sus mejillas y las arrugas marcadas a los lados de sus ojos. La mirada de esta mujer era dulce y compasiva. Iba vestida con un elegante vestido de color amarillo, destellando en su totalidad. Arrastraba sobre este una fina tela casi transparente, el cual le daba a la mujer un aspecto de divinidad. Un par de alas doradas iban recogidas en su espalda, parecían estar gastadas por el tiempo de uso, pero no por ello dejaban de ser elegantes. El cabello canoso de la dama iba arreglado con un moño recogido en la parte lateral de su cabeza, impidiendo el escape de siquiera un cabello. Sobre este descansaba un hermoso aro dorado, adornado con pequeñas esmeraldas brillantes que reflejaban la luz que entraba desde afuera. Sus verdes ojos se posaron por fin sobre las tres personas que habían entrado al palacio.     –¡Reina Rosella! –Comentó Mike sin esperar nada y cayó sobre su rodilla derecha, llevando su rostro al suelo como señal de reverencia y respeto. Fue seguido por Scarlet, quien no dijo palabra alguna.       –¡Su alteza! –Añadió Jaen asumiendo la misma posición de sus compañeros. ¿Esta era la persona más importante de los Clorux? Había escuchado hablar del padre de Michael, pero definitivamente era la primera vez que veía a un monarca.       Al darse cuenta de su presencia, la reina arqueó una ceja.       –¿Un… humano? –Habló por fin la reina mirando a Jaen.       –Reina Rosella yo… puedo explicarlo. –Comentó Mike inmediatamente levantando su cabeza.       –¿Qué hace otro humano en mi palacio? –Incluso a través de aquel tono amable Jaen podía percibir el disgusto en su voz. Definitivamente todos en ese mundo parecían odiarle–. ¿No les basta con robar mi preciada joya?       –Su majestad yo… –Antes de que Jaen pudiera hablar más, la misma reina extendió su mano mostrándole su palma, dejando completamente clara su orden de detenerse, cosa que el pelimarrón hizo de inmediato.       –Príncipe Michael, espero tus razones. –El chico lo había olvidado. En este mundo era un cero a la izquierda.       –Lo he traído como ayuda, Su Alteza. –El príncipe no tenía problemas en explicar aquello de forma clara. A fin de cuentas confiaba en el pelimarrón.       –¿Ayuda de un humano? –Rosella no parecía comprenderlo–. Los humanos están en nuestra contra. Anhelan nuestro poder. Es obvio que no está de nuestro lado. –Jaen intentó levantar la mano, tal y como se hacía en la escuela para pedir la palabra, solo que esta vez sus manos temblaban. La reina observó su gesto de respeto y, luego de un suspiro, extendió su mano como ademán de concesión–. Adelante… te escucho, joven humano.       –Le agradezco a su alteza por darme la oportunidad de hablar- Jaen imitaba las frases que usaban en la televisión para dirigirse a los reyes. Quizá simplemente estaba haciendo el ridículo o realmente podría estar hablando de forma correcta. Sea como fuera, seguiría refiriéndose a los monarcas de esa manera a no ser que le dijeran lo contrario–. Quisiera explicarle que los humanos somos seres que libremente podemos hacer nuestras elecciones. No todos pensamos de la misma forma.       Rosella miró al chico con ojos llenos de interés, sin perder la firmeza digna de una reina. A pesar de su inconformidad sus ojos seguían drenando aquella serenidad y dulzura.       –He escuchado todo lo que está ocurriendo. –Continuó luego de tomar un poco de aire–. A mi opinión, el humano que se atreve a masacrar cualquier ser vivo a cambio de poder es una basura. Jamás estaría dispuesto a aniquilarlos. A pesar de no ser como ustedes me siento cómodo al estar rodeado de inteligentes criaturas como lo son. –Scarlet giró su rostro hacia Jaen con ojos llenos de dudas e intriga. No podía negar que estaba impresionada, pero no podía simpatizar del todo con lo que Jaen decía. ¿Y si se trataba de una mentira?–. Quiero ayudarlos a recuperar lo que les ha sido robado. Por favor, deme una oportunidad para demostrarle mi lealtad.     La reina dio un par de pasos al frente, sonando los tacones de sus altas zapatillas brillantes. Sus alas se abrieron como si quisiera tomar el vuelo, pero solo estaba demostrando su majestuosidad y poder. Se detuvo a un paso de Jaen, el cual permanecía arrodillado y con la cabeza agachas. Una extraña corriente de viento obligó al chico a alzar el rostro en dirección a Rosella, quien lo miraba con sus dulces ojos y una sonrisa marcada en su rostro.       –Definitivamente los seres humanos son criaturas muy interesantes. –La reina alzó una ceja estudiando a detalle cada parte del rostro del pelimarrón–. Debo admitir que no esperaba que uno de ustedes me dirigiera tales palabras. Si tu deseo es ayudarnos, tienes mi aprobación. –Aceptó por fin dándose cuenta de cómo los ojos del joven humano brillaban–. Sin embargo, si se te ocurre traicionarnos no tendré piedad, Jaen.       ¿Jaen? Rápidamente el rostro del pelimarrón se alzó confundido. ¿Se había presentado sin darse cuenta? ¿Cómo podía conocer su nombre una mujer a quien recién veía por primera vez? No lo entendía y al darle una rápida mirada al príncipe entendió que este también se hacía las mismas preguntas.       –¿Cómo supo mi…?       –Tengo algo para ti, chico. –Rosella giró el torso de su cuerpo mirando hacia el comedor del castillo–. Puedes venir ya.       De este lugar apareció un joven de la misma edad de Jaen. Con sus cabellos oscuros como el azabache muy bien peinados hacia atrás. Llevaba puesta la típica ropa de esta r**a. Una cota de malla de color verde manzana que dejaba visible el ejercitado abdomen del sujeto. Sus oscuros ojos miraron a Jaen con impresión y alegría.       –¡Jaen! –Gritó emocionado caminando a zancadas hasta su amigo.       –¿Hide…? –El pelimarrón sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas por la alegría de ver por fin rostro conocido–. ¿¡Hide eres tú!?          –¡Sí!
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