Un hermoso reencuentro tuvo lugar. Ambos amigos se acercaron y con un fuerte abrazo expresaron la alegría que sentían por verse de nuevo. Hide era el mejor amigo de Jaen. Se conocían casi desde que ambos eran bebés, por lo que el vínculo entre ambos era simplemente único. Conocían los secretos más oscuros el uno del otro y todo resultaba en una confianza difícil de conseguir una segunda vez. El pelimarrón no podía expresar lo feliz que estaba al abrazar nuevamente a su amigo después de aquel episodio en el que lo vio ser tragado por el huracán. La reina observaba el reencuentro con una sonrisa marcada en su rostro. Mike y Scarlet no quitaban los ojos del chico vestido de azul.
–Creí que habías muerto. –Soltó Jaen por fin, luego de separarse de aquel abrazo.
–Yo me sentí aliviado cuando la reina me habló del humano que se acercaba con el príncipe Michael. –La sonrisa era una marca característica en el rostro de Hide y esa ocasión no era la excepción.
–Estoy feliz de verte de nuevo. –Jaen le abrazó por segunda vez–. No te imaginas cuánto.
–Aun así… aún no sé nada de Mary ni de Mei. –El momento emotivo y alegre llegó por fin a su conclusión y Jaen nuevamente sintió que recibía un golpe en su corazón–. Espero que estén bien. Respecto a tu madre…
–Entiendo… –Le interrumpió el pelimarrón apretando los labios.
Un temblor sacudió el palacio, generando que los presentes se tambalearan perdiendo el equilibrio. Los vidrios de los ventanales del palacio se fracturaron, los jarrones que adornaban las esquinas cayeron al suelo, partiéndose en miles de trozos. Nubes de polvo comenzaron a desprenderse del techo desde las grietas que se abrían.
–Tendrán que dejar su cariñoso reencuentro para luego. –Interrumpió Mike mirando a los lados con tensión–. ¡El palacio se viene abajo!
–¡Scarlet, ve a evacuar los que resten en las islas! –La orden de Rosella fue emitida de forma implícita, pero la peliverde conocía lo suficiente a la anciana–. Lleva a Deneb contigo. –Culminó apretando los puños.
–Su majestad, pero usted debe…
–¡Ve y haz lo que te digo!
Scarlet salió del palacio en dirección a la ciudad mientras el príncipe pensaba en cómo evitar que el palacio de la ventisca se viniera abajo. La reina mostraba pánico en su rostro.
–Mike, los fragmentos de la Esmeralda del Viento no poseen fuerza suficiente para mantener a Enmerald. Por mucho que odie decirlo no poseo las habilidades necesarias para salvar a mi nación. –Rosella respiraba con dificultad. Era evidente que, como la reina, sentía impotencia al ver todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Quizá con la energía del Zafiro congelado podrías mantener en pie el palacio con una elevada base de hielo. –Ideó el joven humano mirando hacia abajo por una ventana–. Luego disminuirla lentamente hasta que el castillo llegue al suelo. Y si los Clorux son agrupados aquí podrían salvarse.
–Es una idea brillante, –reconoció Mike–, salvo por el hecho de que yo solo no puedo hacerlo. –Era muy bueno para ser verdad y ello hizo que el rubio soltara un suspiro de frustración–. Si hubiera alguien más que… –Sus ojos celestes se abrieron.
El príncipe recordó que en el momento en el que salían del palacio de cristal el consejero de su padre le había enviado un fragmento del Zafiro Congelado.
–Así que para eso me lo diste, viejo tramposo. –Musitó metiendo la mano en el bolso que llevaba y sacando la brillante piedra de color azul.
La reina observó detenidamente lo que el príncipe hacia sin decir una sola palabra. A su opinión no era la mejor de las ideas, pero ella no tenía algo mejor que proponer, por lo que el silencio era la mejor solución.
–Jaen, ven aquí. –El chico caminó hacia Mike con ligera confusión. ¿Qué estaba haciendo?–. Sujeta esto. –Ordenó extendiendo en su mano la piedra.
El pelimarrón miró el pequeño objeto brillante con dudas. ¿Le estaba dando un fragmento del Zafiro Congelado? Rosella llevó una mano a su rostro sin dejar de decirse a sí misma que esa era una muy mala idea, sin embargo su tiempo se agotaba y solo tenía a Jaen y a Michael. Hide, por su parte, mordía su labio mirando a su reina ya que era la segunda vez que la veía en esa situación. Miró su propio brazo observando la pequeña piedra verde en su brazalete. Él ya había recibido un fragmento, pero lamentablemente su tiempo de duración fue más corto del que esperó.
Jaen por fin tomó la piedra. De inmediato marcas como las de los Frinx aparecieron por todo el brazo que sujetaba el trozo de zafiro. Los ojos del joven humano se tornaron de un color azul claro mientras el chico sentía el frio que recorría su cuerpo internamente. Un frio anormal, un frio que jamás había sentido. Ahogó un grito ya que sus cuerdas vocales no podían moverse. Las sentía hechas completamente un témpano. Era como si sus órganos internos se congelaran y aun así siguieran funcionando normalmente.
–Todos los humanos son compatibles. –Musitó la reina entrecerrando los ojos.
El príncipe asintió sin mirarla, observando detenidamente la reacción de Jaen ante la fuerza que le había dado en sus manos. El pelimarrón parpadeó, familiarizándose aun con el poderoso frio que sentía en su cuerpo