Hielo Dorado (Parte II)

1486 Palabras
 –¿Cómo te sientes? –Inquirió el rubio mirando a Jaen con intriga.       –Frio… –Respondió tiritando–. Pero no me siento entumecido.      –Es la fuerza del Zafiro Congelado. –Explicó por fin el rubio mirando de reojo como la mayor suspiraba–. Ahora puedes hacer lo mismo que yo hago con el hielo. –Un segundo temblor sacudió el lugar–. Pero no tengo tiempo de entrenarte. Deberemos ir abajo y harás exactamente lo que yo te ordene.       –De acuerdo… pero… –El chico estaba aterrado. ¿De nuevo le confiaban una tarea importante? ¿Por segunda vez tenía vidas sobre su espalda? – ¿Cómo bajaremos?       –Su Alteza… –Intervino Hide       –Adelante, Hide. –Rosella no le miró. Estaba mareada y lentamente sentía como sus energías menguaban al no tener la piedra en su poder–. Haz que esté convencida de que darte mi confianza fue una buena elección. –Hide asintió e hizo una pequeña reverencia. Se acercó hasta el príncipe y Jaen.       –Yo los bajaré. –Ambos lo miraron como si estuviera loco.       –¿Y más o menos como es que tú, un humano, nos ayudaras a bajar? –Michael mostró un gesto incrédulo. A pesar de creer en Jaen no dejaba a un lado su orgullo y complejo de superioridad.       Hide colocó su mano derecha en su pecho, exhibiendo así el anillo que llevaba en su dedo medio, el cual tenía una brillante gema de color verde. Un fragmento de la Esmeralda del Viento, percibió rápidamente el rubio. Jaen también entendió que a su amigo le había sido otorgado un poder similar al suyo. La pequeña piedra brilló y marcas en múltiples formas recorrieron su brazo y terminaron formando un peculiar espiral en su abdomen. Aparecieron en su espalda un par de enormes alas con plumaje de color amarillo claro, sus ojos se tornaron verdes como los de un Clorux.       Sin esperar alguna palabra de los chicos, tomó a uno con cada mano y salió del palacio agitando sus alas. Si Hide tenía un punto a favor era su amor por el gimnasio.       –Sujétense bien. –Sugirió dando un salto del palacio.       Hide se lanzó en picada por el vacío que había entre el castillo y el suelo. Miles de metros de distancia descendiendo a toda velocidad. Un paso en falso y quedarían hechos puré. Pero el pelinegro no tenía eso en planes ya que amaba las alturas y solía ser muy impecable con lo que se comprometía a hacer.       Desde afuera se podían ver los trozos cayendo de la isla sobre la que se alzaba el palacio. Por otro lado estaba Deneb, cargado de otros Clorux que no podían volar por la ausencia de la piedra.       Finalmente se veía el suelo. A Mike le impresionó un poco el hecho de que el pelimarrón no hubiera estado gritando de pánico mientras caían. Eso era lo que solía hacer. Pero ahora mantenía un rostro lleno de firmeza y convicción, como si fuera un nuevo Jaen decidido a lograr un objetivo.       Al acercarse al suelo, Hide extendió las majestuosas alas que ahora salían de su espalda y planeó un aterrizaje perfecto, dejando a los dos sujetos en el suelo como si se trataran de un par de plumas.       –Los Clorux están atados de manos. –El pelinegro tragó saliva mientras hablaba más en son de súplica que de sugerencia–. A pesar de no ser de dicha r**a me han tratado muy bien. Por favor… contamos con ustedes.       –Haremos lo que podamos. –Respondió Mike haciendo un gesto con la mano  con el mismo desprecio con el que le hablaba a cualquier humano. Ya se encargaría Jaen de tener una seria charla con el rubio sobre cómo tratar a su mejor amigo.       –¿Ahora que se supone que haremos? –Inquirió por fin el humano.       El príncipe le indicó con la mano que le siguiera, caminando ambos hasta el punto donde se encontraban exactamente debajo del castillo. Mike suspiró y dirigió su mirada a Jaen, quien parecía esperar órdenes con los nervios recorriendo su cuerpo entero.       –Esta no es la mejor manera de obtener el control del hielo. –Comenzó a explicar el príncipe pensando en una manera resumida de dar a conocer la fuerza de un fragmento–. Normalmente lleva meses de teoría y práctica. Pero la necesidad no te deja alternativa.       –Haré lo que sea para ayudar. –Solo esperaba que esta vez resultara bien.       –Te advierto que no es nada fácil, Jaen, pero confío en ti. –Una vez que todo eso acabara definitivamente el humano odiaría la frase “confío en ti” –. Toma el fragmento con la mano que quieras y apriétalo fuertemente, dejando que su energía fluya por tus venas. –Ambos lo hicieron, brillando con fuerzas las marcas azules de ambos: Mike por todo su cuerpo y Jaen únicamente en su brazo–. Ahora cierra los ojos e imagina la forma que quieres plasmar en el hielo. En este caso un enorme pilar. –El chico hizo exactamente lo que el príncipe ordenaba       Todo parecía ir a la perfección, pero todos sabían que no sería exactamente sencillo. Incluso Hide comprendía parcialmente lo que significaba dominar esa pequeña piedra y solo le quedaba cruzar los dedos para que las cosas salieran bien y los Clorux pudieran salvarse.       –Extiende ahora la mano donde tienes la piedra y apunta con tu palma al suelo. –Las instrucciones específicas de Michael continuaban. Era como ver un tutorial de Youtube pero mucho más complicado. Tras un suspiro y con dudas, Jaen hizo exactamente lo que le ordenaba. Para su sorpresa la piedra no se cayó de su mano. Quedó fijada en su palma brillando con fuerza. Ambos estaban listos para darle inicio a la creación del pilar–. Para finalizar, deja que tu idea se mueva por tu cuerpo hasta que sea drenada por la mano donde llevas la roca. Lo haremos juntos a la cuenta de tres…       Asintió. Sonaba fácil, pero claro, la teoría siempre era sencilla.       –¡Uno! – “Puedo hacerlo. Debo demostrar que soy útil. ¡Debo hacerlo!” se obligaba Jaen.       –¡Dos! – “Esto será difícil. Es imposible para alguien como él drenar el poder suficiente para esto…” dudaba Mike.       –¡TRES!       La fuerza perteneciente al fragmento del príncipe de inmediato comenzó a drenarse por el cristal, expulsando este una especie de luz que llegaba al suelo y lo congelaba en su totalidad. El chico llevó sus ojos a Jean, quien no parecía hacer absolutamente nada. Su palma permanecía extendida hacia el suelo pero no había reacción alguna en él. Sus ojos seguían cerrados.       –¡Jaen! ¡Jaen responde! –Michael sabía que confiarle algo tan complicado sin darle un entrenamiento previo era simplemente un s******o–. ¡Si no haces tú parte mi esfuerzo será inútil! ¡Jaen!       Un pequeño cumulo de hielo comenzó a emerger del helado suelo, incapaz de elevarse más de un metro de altura por la falta de fuerza. Mike hacia su máximo esfuerzo, pero para lograr su objetivo se necesitaba la fuerza al menos de dos personas. Jaen seguía sin responder.       –¿Qué ocurrió con tu determinación, humano? –Habló con firmeza una voz femenina que descendía desde lo alto–. Tus palabras en el palacio casi me han hecho creer al menos un poco en ti. –Scarlet miraba fijamente al chico. ¿Era todo falso?       –Jaen… –Esta vez fue Hide quien intervino musitando de manera que este le escuchara–. Por favor, te necesitamos.       Repentinamente los ojos del pelimarrón se abrieron y de su palma comenzó a drenarse una fuerza sin igual. El pequeño pilar nevado se convirtió en una enorme columna de hielo que se alzaba cada vez más. Los presentes quedaron estupefactos al ver semejante cosa. Mike no podía creer lo que se mostraba frente a sus ojos. Para él era posible todo, pero jamás el hecho de que un ser pudiera drenar una fuerza como esa.       El pilar por fin alcanzó la elevada isla, sirviendo de base para evitar así que se viniera abajo. Las personas de las islas vecinas se encontraban ya refugiadas en la enorme edificación. Una enorme y gruesa columna que, sin advertir, emanó un extraño brillo, tornándose de un peculiar color dorado, siendo a la vez transparente, permitiendo mirar a través de ella. De inmediato el príncipe detuvo su drenaje de energía a través de la piedra. Acto seguido Jaen también se detuvo.       Sin siquiera observar lo que había hecho, las marcas desaparecieron, sus ojos volvieron a la normalidad y su mano soltó el fragmento del zafiro. Junto con la piedra, el cuerpo inconsciente del chico cayó al suelo.       –¡Jaen!
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