Hielo Dorado (Parte III)

1341 Palabras
    Una extraña sensación recorría el cuerpo aun inerte de Jaen… ¿Qué era lo que sentía? ¿Esto era la muerte? Múltiples preguntas rondaban su mente mientras su cuerpo se encontraba completamente adolorido para tan siquiera moverse. Sabía que habían personas a su alrededor ya que a lo lejos escuchaba voces, pero no era capaz ni siquiera de abrir sus ojos y, cuando lo intentaba, solo observaba una línea borrosa.       –Con hoy son ya tres días que tiene inconsciente. –¿Hide? Si, definitivamente era Hide quien estaba allí con él.       –¿Crees que esté muerto? –Inquirió una voz femenina que la mente adormitada del pelimarrón no consiguió reconocer.       –¡No juegues con eso, Scarlet! –Ah, era la Clorux que solo se había encargado de molestarlo.       –¿Desde cuando eres tan delicado?       –Jaen es mi amigo desde la infancia… –Hide sintió su piel erizarse luego de que entrara una corriente de viento por la ventana–. ¡Aquí hace demasiado frio! ¿Cómo pueden vivir en estas temperaturas?       –Siempre me he preguntado lo mismo. –Scarlet frotaba sus brazos–. Supongo que son cosas de Frinx que nunca entenderemos.       Jaen estaba inconsciente por… ya incluso él había perdido la cuenta de todas las veces que había fallado. Era la segunda vez que despertaba en aquella habitación y la tercera en la cual no tenía conocimiento de lo ocurrido. Comenzaba a resultar un poco molesto que cada vez que intentaba hacer algo bien terminaba perdiendo el conocimiento.       Por fin los ojos del pelimarrón comenzaron a abrirse. Un fuerte dolor de cabeza lo azotó, obligándolo a juntar sus manos en su frente.       –¡Jaen! –Hide sonrió con emoción al ver a su amigo moverse–. ¡Has despertado!       –Vaya, ya era hora, Don Poderoso. –Scarlet se cruzó de brazos viendo al pelinegro acercarse rápidamente hacia Jaen.       La mirada del humano mayor discurrió por todo el entorno donde se encontraba. Estaba en la habitación del palacio de cristal y las personas a su lado eran Hide y aquella hermosa chica que ya lo había salvado en el palacio de la ventisca, Scarlet. Lentamente fue enderezando su cuerpo hasta lograr sentarse en la cama con ayuda del pelinegro.       –Si… –Musitó confundido–. Creo que…       Antes de poder responder a quienes lo acompañaban se abrió la puerta de la habitación. Detrás de esta se encontraba una imponente silueta, con una firme e intimidante mirada posada sobre Jaen. Su cabello ocre muy bien peinado hacia juego con la barba de aquel hombre. La gran corona estaba puesta sobre su cabeza y una capa que arrastraba por el suelo adornaba su porte. Elegantes atuendos reales iban como cobertura de su cuerpo. Se encontraba frente a Jaen nada menos que el Rey Peter. El Rey de los Frinx.       –¡Su Alteza! –Exclamaron al unísono los tres chicos, arrodillándose Hide y Scarlet. Jaen agachó la cabeza en señal de reverencia.       –¿Con que tú eres el famoso humano del que mi hijo, y ahora Rosella no dejan de hablar? –Exclamó Peter seguido de un suspiro–. Tienes un talento innato para captar la atención de la gente, niño.       –Es un honor para mí conocer a Su Excelencia. –Jaen seguía aturdido y justo ahora no entendía si le estaba dando un cumplido o simplemente le estaba insultando de manera implícita.       –Solo pasaba a decirte que debes presentarte en la sala del trono esta noche. Quiero hablar contigo, Jaen. –El chico se sorprendió al ser llamado por su nombre–. Pero será una charla… formal.       –Allí estaré, Majestad.       La imponente figura del rey dio la espalda y se retiró sin decir más palabras.       –Siento que el Rey Peter aterra. –Mencionó Hide, quien se había mantenido tieso como una estatua durante aquellos segundos de charla–. No se parece a la Reina Rosella.       –Aún hay muchas cosas que desconoces de nuestra Reina, Hide. –Esta vez fue la peliverde quien se acercó a donde los otros dos se encontraban–. Puede demostrar ser dulce y cariñosa, pero si traicionas su confianza llega a convertirse en un ser déspota y sin piedad…       –¡Vaya, vaya! Así que nuestro “bello durmiente” ha despertado. –Interrumpió Mike entrando a la habitación y cerrando la puerta tras de si–. Y por lo que he visto, mi padre ya ha venido a verlo.       –Me ha dicho que debo ir a la sala del templo en la noche. –Jaen masajeaba sus sienes–. Mencionó que quería hablarme… formalmente. Yo qué sé.       –Era de esperarse. –Reconoció el príncipe sentándose al lado de Jaen y colocando una mano en su hombro–. ¿Te sientes bien?       –Siento que la cabeza me estallará en cualquier momento. –Explicó Jaen sin dejar de mover sus dedos, aunque se le hacía bastante curioso y extraño tener el tacto de Mike sobre él. No parecía ser algo común en él–. Pero estoy vivo.       –Supuse que estarías así y ya he ordenado que te traigan algo para la migraña. –Un par de palmadas y Michael dejó de tocar a Jaen–. Ahora dime ¿Qué se supone que hiciste en las afueras de Enmerald?     –¿Cómo que qué hice? –La confusión se apoderó del rostro de Jaen frente a semejante pregunta–. Meter la pata, como de costumbre, supongo.     –¿No recuerdas nada? –Intervino Scarlet con un rostro que demostraba una pizca de preocupación. Era la primera vez que se dirigía a él de una manera digna.       –Lo último que recuerdo fue una extraña sensación... –Negó con la cabeza. No tenía idea de cómo explicar lo que había sentido en ese momento–. No me sentía como si fuera yo. Mis fuerzas se drenaban por mi mano tal y como me lo habías dicho, Mike, pero no lo hacía voluntariamente. –El rubio entrecerró los ojos intentando comprender lo que Jaen explicaba–. Cuando recuperé la conciencia vi un enorme pilar de hielo. Luego de eso… las luces se apagaron.              –En los veintiún años que tengo como príncipe de los Frinx es la primera vez que veo el hielo dorado. –Reconoció Michael con el ceño fruncido.       –No se ha derretido aun ni un poquito. –Repuso Hide.       –Quería evitar que mi padre se enterara de esto tan pronto. –Negó con la cabeza ya que conocía a su progenitor casi a la perfección–.  No es muy amigable con los humanos y no le agradará la idea de que uno de estos tenga una extraña fuerza en su interior. Sobre todo si esta energía es incluso mayor que la mía.       –Si no querías que se enterara ¿Por qué le dijiste? –Reprochó Scarlet poniendo los ojos en blanco y cruzando sus brazos en su pecho como si preguntara la cosa más evidente del mundo.       –Yo no lo hice. –Se excusó Mike rápidamente–. La Reina Rosella le ha contado todo.       –No se preocupen. Tomaré las consecuencias por lo que sea que haya hecho. –Dijo Jaen intentando sonar confiado, aunque en el fondo sentía sus piernas temblar–. Por cierto… ¿Qué ha pasado con tus alas, Hide?       Al oír la pregunta, el chico se encogió de hombros, recordando la última vez que había visto las alas: cuando hizo descender al príncipe y a Jaen.       –Soy humano al igual que tú, Jaen. Las alas eran otorgadas por el fragmento de la Esmeralda del viento pero… –Mordió su labio soltando un suspiro eventualmente–. Ahora que la han robado… los fragmentos han dejado de funcionar.       –Mike, si usamos el descarte… –Añadió Scarlet cambiando el tema de las alas–… El Zafiro Congelado seria el siguiente en ser robado…
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