El Palacio de la Ventisca (Parte II)

2098 Palabras
–¡Jaen! –Michael soltó un audible llamado que fácilmente pudo oírse en toda Enmerald. Frustración y tristeza claramente expresas en aquellas cuatro letras. Sin embargo, a decir verdad, Mike no podía hacer más que gritar su nombre ya que si detenía la producción de hielo tanto él como Polaris caerían al suelo. Lo sabía, él comprendía que nunca debió encargarle algo tan peligroso como enfrentarse a estos monstruos a Jaen… ¿eso convertía la muerte del chico en un acto bajo su responsabilidad? Apretaba su puño libre sin parar de atormentarse a sí mismo con aquella avalancha de pensamientos. El enorme pájaro se recuperó rápidamente haciendo sanar su pico y dejándolo como nuevo. Se trataba de algo común entre las bestias que se encontraban bajo la Esmeralda del Viento, podían curarse a sí mismas sin ningún problema. El verdadero problema lo tenía el príncipe, ya que ahora estaba fijado como el próximo objetivo del ave… Jaen sentía como su cuerpo descendía sin detenerse desde la elevada altura que habían logrado alcanzar. Aun ni siquiera podía ver el suelo. Las nubes no se apartaban. ¿De verdad habían escalado tanto en tan pocos minutos? La velocidad de Polaris era algo envidiable, a decir verdad. Los gritos del chico no cesaban, a pesar de que parecía no ser escuchado por nadie. Siempre tan cobarde, siempre encontrándose al borde de la muerte, siempre esperando que alguien apareciera a salvarle. ¿No resultaba eso lamentable? Era incapaz de hacer algo loable dentro de aquel mundo y cada paso que daba solo lo convertía en un objeto de burla. ¿De verdad era digno de la confianza del Frinx? ¿Por qué no podía simplemente hacer las cosas bien? Pero claro, era tarde para un nuevo intento. Entre las nubes pudo ver otra silueta que volaba hacia él. Ah, sí, ahora vendría otra ave como la primera y se salvaría de morir por la enorme caída. ¿Qué era mejor? ¿Morir devorado por un ave horrorosa o morir por el impacto que le esperaba? Sin embargo, ¿realmente se trataba de la misma ave? No, era imposible ya que esta vez la silueta era más pequeña. ¿A quién le importaba? Independientemente no podía hacer nada en su situación. ¡Ni siquiera tenía en sus manos la espada ya que la había soltado en la caída! Cerró sus ojos, presionándolos. Se sentía impotente... Antes de que lo notara, se sintió sujetado por un par de patas como de ave. Las uñas de esta perforando ligeramente su piel le obligaron a hacer una mueca de dolor. Su cuerpo paró de descender y comenzó a ascender de forma abrupta, consiguiendo que Jaen ahogara un quejido. ¿Qué estaba pasando? Los ojos cafés de este se movieron hacia arriba, observando sobre él una hermosa chica de piel pálida que lo observaba con curiosidad. Su largo cabello de color verde claro se movía de un lado a otro por el viento reflejando destellos brillantes. Un par de ojos, del mismo color que su cabello, estaban sembrados sobre los marrones ojos de Jaen. Presumía un perfilado rostro y, a opinión del humano, era perfecto. Este complementaba una esbelta figura con caderas muy bien marcadas. De su espalda brotaban dos alas como las de un águila, de color blanco, moviéndose para ascender de nuevo. No obstante, no todo era perfecto en la imagen de aquella dama. Sus piernas terminaban convertidas en patas como las de un ave, y eran estas las que sostenían sus hombros. Iba vestida con una cota de malla que dejaba al descubierto su delgada cintura en la cual se divisaba una marca verde en espiral que rodeaba su ombligo. En su brazo derecho llevaba un brazalete de oro del largo de su antebrazo entero, el cual iba adornado por una pequeña esmeralda verde en el centro. Jean pudo distinguir esto apenas lo vio. Se trataba nada más y nada menos que de un fragmento de la Esmeralda del Viento. –A juzgar por el estilo en que vistes, vienes con el príncipe Michael –La joven le miraba por encima del hombro–. ¿Estoy en lo cierto? –S…si… –Jaen, por su parte, parecía hipnotizado por aquella chica. No podía quitar los ojos de esta. El bramido de Polaris llegó hasta los oídos de ambos. Ambos alzaron la vista de inmediato y desde allí pudieron observar a la osa enfrentándose al pájaro mientras era Mike quien intentaba mantener el hielo estable en ese punto al menos mientras se deshacía ella del pájaro, pero por más que lo intentara, el hielo comenzaba a fracturarse. Sí, era un príncipe y poseía la fuerza de su piedra, pero incluso para alguien como él las cosas se tornaban feas al estar solo en esas circunstancias y, sobre todo, en un entorno caluroso. Las gotas de sudor descendían por su rostro y desde donde el joven humano estaba se podía observar el hielo derretirse y dejar caer gotas de líquido al suelo. Era una batalla perdida para el rubio. –¡Agh! Hombres… –Comentó con desdén la joven al ver la mirada pérdida de Jaen que, incluso conociendo la situación de Mike, se le hacía imposible apartar de la chica. Agitando al humano de forma intencional, alzó el vuelo a toda velocidad, consiguiendo llegar a un ángulo perfecto para convertirse en un refuerzo para el Frinx y poder a****r al monstruo. En cuestión de segundos un arco apareció en las manos de aquella mujer. Formó una flecha comprimiendo el viento que la rodeaba y la colocó en el arma. Sin dudarlo tensó la cuerda al máximo y disparó la flecha apuntando al corazón del monstruo. Esta dio en el blanco, perforando el órgano del ave, la cual no tuvo oportunidad alguna siquiera de rugir. Murió en el acto, cayendo al suelo. –Lo siento mucho. –Se lamentó la peliverde al ver descender el cuerpo del ave–. Sé que no era tu culpa. La chica, luego de un suspiro de dolor, alzó el brazalete que llevaba. –¡Con la autoridad que me concede la Esmeralda del Viento, te llamo, Deneb! Fuertes vientos soplaron desde los cuatro ángulos: norte, sur, este y oeste, formando un cumulo de vientos. Este se convirtió por fin en una enorme esfera de viento, de la cual surgieron un par de enormes alas blancas como la nieve y un fuerte y agudo sonido salió del dorado pico que se encontraba en la cabeza de la gigantesca ave. Enormes y aparentemente fuertes patas culminaron apareciendo, dejando ver una enorme águila con un hermoso plumaje blanco con destellos dorados. El ave se colocó a un lado de Polaris esperando que estos subieran a ella. –Polaris, puedes volver. –Pidió el príncipe acariciando la cabeza de su mascota con orgullo–. Gracias, lo has hecho muy bien, preciosa. –La osa se desintegró luego de frotarse contra el cuerpo del príncipe, como si de nieve se tratara, dejando una pequeña luz que se movió hacia el cristal que estaba colgando en el pecho de Mike. –Michael. –Fue ahora la dama quien intervino–. ¿Por qué trajiste contigo a… esto? –La chica señaló a Jaen moviéndose hasta el lomo de Deneb y soltándolo allí. –¡No soy “esto”! Soy Jaen –Añadió equilibrándose en el ave. –Ese no es mi problema, y créeme que lo último de lo que me preocupo ahora es de conocer el nombre de la basura que se saca por la noche. –Si Jaen pensaba que Mike era bastante grosero acababa de conseguirse con alguien todavía peor–. ¿Michael…? –Llegó al palacio de cristal y ha permanecido a mi lado por mi propio deseo. –Explicó el rubio soltando un suspiro mientras caminaba hasta el chico–. ¿Estás bien? Pensé que no sobrevivirías a esta. Lamento haberte puesto en una situación así, Jaen. –Descuida, Mike. –El pelimarrón mostraba un gesto de dolor viendo los rasguños que ahora aparecían en sus brazos, justo donde la habitante del lugar le había sujetado–. Aunque tus ropas se han estropeado. Definitivamente esa chica necesita una pedicura. –¿¡Incluso se dirige a ti sin honoríficos!? –La peliverde bufó negando con la cabeza con gesto de horrorizada–. A veces no entiendo a los miembros de la realeza. –Por cierto… ¿Qué hace Deneb contigo, Scarlet? –Michael era un experto manipulando las conversaciones a su conveniencia y, justo ahora, no tenía intenciones de permitirle seguir ofendiendo a Jaen. –La reina está en pánico. –Scarlet rodó los ojos cruzándose de brazos al darse cuenta de que lo último que había recibido eran respuestas–. Como la capitana del ejército de Clorux me lo ha dado prestado para la defensa de la nación. – Entre tantas cosas había olvidado el verdadero motivo por el que estoy aquí. ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? –La majestuosa ave ascendía rápidamente hacia el palacio. Jaen miraba perdidamente a Scarlet, ignorando incluso la altura en la que se encontraban y el hecho de que definitivamente elle le odiaba. –Todo es un caos. –Y allí estaba la desesperación de una r**a frente a su posible extinción. La peliverde apretó los puños y su tono de voz cambió–. Las criaturas se han vuelto en nuestra contra. Yo… yo la vi… –Su tono tembló y su respiración comenzó a agitarse mientras miraba a Mike como si suplicara por su ayuda. –¿Qué viste? –El príncipe entrecerró los ojos dando un par de pasos hasta ella. –La mujer que robó la joya… –¡Descríbemela! –No… no lo sé… ¿¡Cómo podría concentrarme cuando estaba frente a alguien que caminaba entre la sangre de los guardias!? –La Clorux definitivamente estaba aterrada–. Solo vi una sombra con largo cabello de color café. Pero estaba de espalda y solo divise una larga capa oscura con un yelmo que parecía tener un par de cuernos… –Sujetó su cabeza mordiendo su labio inferior mientras intentaba controlarse–. Mike, todo es un caos. Han muerto tantos guardias, tantos amigos y subordinados de la reina… –No necesitas forzar tus recuerdos. Respira y procura tranquilizarte–. La mente de Michael comenzaba a trabajar analizando cada pequeña palabra que Scarlet pronunciaba–. ¿Qué ha pasado en Enmerald? –Enmerald está bien. Sin embargo… las islas se caen a pedazos, Michael. –Sí, era una noticia demasiado buena para la situación actual–. Dependen de la estabilidad de la piedra. Si esta no está… ¡todo se vendrá abajo! Y no podremos hacer nada para salvar nuestra ciudad… ni a los nuestros. Es un caos, Mike. Puede que sea nuestro fin. –¿Los fragmentos aun responden? –Sí, pero no falta mucho para que dejen de funcionar. –Mike sabía que era así, y es que una vez que la fuente de energía abandonaba su lugar los fragmentos tenían un tiempo de vida limitado. –¿Esa es la ciudad? –Interrumpió Jaen señalando diversas islas que permanecían sostenidas en el cielo–. Pero… algo está mal con ellas. Se veían inestables. Algunas caían a pique. Personas caían también de las mismas, aunque Jaen no tardó en divisar que eran Clorux los que se venían abajo. Como eje de estas estaba la cumbre de la colina, alzándose una gigantesca ciudad con enormes edificios que apenas se podían distinguir. ¡Era Enmerald! Scarlet miró de reojo a Jaen, quien observaba horrorizado el panorama aéreo. –Aun no me has dicho qué hace él aquí. –Rodó sus ojos dejándolos en blanco. –En estos momentos les hace falta cualquier tipo de ayuda ¿no es así? –¡Él no ayuda en nada! –Reprochó de inmediato la peliverde frunciendo el ceño–. Yo tuve que salvarlo, Michael. ¿Cómo esperas que alguien como él…? –¡Bueno basta! –Fue interrumpida por el príncipe forma abrupta. Scar mordió su labio inferior con impotencia–. Jaen viene conmigo y punto. No eres quien para cuestionar las decisiones de un príncipe. –De acuerdo, Su Alteza. –Respondió entre dientes. –¿Dónde está la reina? –Era obvio que Mike no tenía intenciones de seguir perdiendo el tiempo luego de ver aquella ciudad desmoronarse. –En el palacio de la ventisca. –Llévame allí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR