El Palacio de La Ventisca (Parte I)

1945 Palabras
    –Así que este es su mundo… –Jaen parecía perplejo.       –Son las afueras de Enmerald… –Explicó Michael sin dejar de acariciar a Polaris–. Los dominios de los Clorux.       Finalmente habían descendido de toda aquella enorme montaña, la cual aún se podía ver muy a lo lejos, a sus espaldas. El sol brillaba en un cielo celeste, tornando el panorama con un clima tropical. Frondosos árboles de color verde adornaban la enorme pradera que se extendía hasta el horizonte. Flores de múltiples colores decoraban y daban vida al hermoso paisaje. Pequeños arroyos cristalinos separaban los trozos de tierra. Era simplemente un típico paisaje de ensueño.       –¡Algo está mal! –Afirmó Mike moviendo su rostro hacia todas las direcciones con ojos de duda.       –Justo cuando estaba a punto de decir que era hermoso. –Jaen suspiró decepcionado–. ¿Qué pasa?       –Las afueras la ciudad son el hogar de múltiples criaturas que permanecen bajo el equilibrio de la esmeralda… –Mike era cauteloso, suspicaz. Estudiaba el entorno en el cual se encontraba con ojos ligeramente entrecerrados–. Debería haber muchas de ellas aquí… ¡pero está solo!       –¿No fue eso lo que ocurrió con los Nighter? –Inquirió rápidamente el joven humano recordando la viva historia que el Frinx le había relatado.       –En efecto. –Reconoció el rubio–. ¡Polaris, al centro de Enmerald! –Ordenó Mike en el instante en que ambos subían en el lomo de la osa.       Esta comenzó a moverse por la enorme pradera que parecía un lugar pacifico. El viento que golpeaba sus rostros era cálido, muy diferente a lo que sentía en Icy. El sol acariciaba las mejillas de ambos y Jaen definitivamente estaba encantado de sentir un poco de luz solar sobre él, comenzaba a cansarse de tanto frío en su sistema.       En dirección al norte se podía ver una enorme montaña cubierta de nubes. Todas las corrientes de viento provenían de este lugar.       Al acercarse, el sol quedó oculto de nuevo por las enormes nubes de color gris que opacaban el cielo. El humano suspiró decepcionado dándose cuenta de que lo precioso del sol había acabado más pronto de lo que esperaba. La montaña parecía repleta de vegetación y algunas estructuras que parecían ruinas de antiguas civilizaciones. El camino en ascenso era prácticamente imposible para ellos, quienes viajaban por tierra.       –¿Cómo se supone que subiremos por allí? –Jaen seguía intentando conseguir un camino de ascenso, aunque sus esfuerzos resultaban en vano.       –Los Clorux pueden volar. Es por esa razón que el camino a su ciudad y por ende, al palacio no está permitido a cualquiera. –El fuerte viento se llevaba las palabras de Mike. No era un Clorux, pero mientras hablaba podía sentir como la naturaleza gritaba por ayuda, indicando que algo no estaba bien. El Frinx estaba muy preocupado.       –¿Y qué haremos?       –Polaris… –Susurró expresando la preocupación en su voz–.  ¿Crees que puedas hacerlo? –Mike colocó su mano sobre la cabeza de la osa nevada mientras esta, por primera vez desde que Jean la había visto, parecía estar asustada. Aun así su rugido denotaba determinación. Mike volteó el rostro hacia Jean.       –¿Me pediste que confiara en ti, ¿no? Pues ha llegado ese momento en el decido confiarte una labor importante. –¿Cuánto había esperado Jaen aquellas palabras? Ah, pero ahora que estaban allí sentía que los nervios y el temor se apoderaban de él al punto de hacerlo palidecer–. Polaris y yo nos encargaremos de llegar lo más rápido posible a la ciudad que está en la cima de esta montaña. Tú debes asegurarte de que logremos llegar arriba con vida. –Fabuloso. Jaen sería responsable de dos vidas. ¡Hasta la fecha su responsabilidad más grande eran sus tareas! –. Probablemente haya seres voraces fuera de control allí arriba. ¡Mata todo lo que intente matarnos! –¿Matar? ¡Jaen ni siquiera era capaz de asesinar un simple mosquito! ¿Cómo sería capaz de matar… lo que sea que hubiera allá arriba?       –Espera… –Reaccionó el chico abriendo los ojos–. ¿Qué vas a…?          –Confiamos en ti.       La última frase del príncipe hizo que la determinación de Jaen aumentara por lo menos un poco. Sin pensarlo dos veces colocó su mano derecha sobre el mango de la espada, envolviendo este con sus cinco dedos que, por cierto, no dejaban de temblar. No tenía la menor idea de cómo blandir un arma como esa, pero si sabía perfectamente que entre sus opciones no estaba dejar que ni Mike ni Polaris murieran. De nuevo habían confiado en él y no defraudaría su confianza.        –¡Brilla como la escarcha! ¡Quema como el fuego! ¡Dame parte de tu poder, Zafiro Congelado!       Jaen frunció el ceño al escuchar aquellas palabras del Frinx. Incluso parecía como si recitara algún tipo de hechizo para que la piedra reaccionara. Aun no entendía del todo como funcionaban aquellas gemas súper poderosas, pero lo cierto era que presenciar cada una de esas acciones le hacía sentirse emocionado. ¿Algún día tendría una en sus manos?     El fragmento de la piedra que descansaba en el cuello del príncipe comenzó a brillar ante sus palabras. Las marcas en su cuerpo emanaban luz como si dentro de estas hubiera más trozos de piedra. Resultaba interesante para Jaen, ya que no era algo que se viera todos los días: una linterna humana. La pequeña gema que se encontraba en la frente de la osa también comenzó a brillar.       Sin esperar nada más, Mike extendió sus brazos al frente, soltando de sus palmas la misma escarcha con la que había trabajado en el acantilado, pero esta vez su fuerza era mayor. Una escalera de hielo comenzó a formarse. Polaris rugió y de inmediato crecieron aún más las garras de sus patas, creando arpones que se clavaban en el cristalino hielo. Esta comenzó a subir por las frágiles escaleras, haciendo que al clavar sus garras, el cristal se fracturara. Justo en el momento en el que su pata se retiraba, el hielo se partía en mil trozos. Debían moverse rápido o de lo contrario terminarían convirtiéndose en papilla por la fuerte caída, y parecía ser que la enorme osa entendía ese hecho.       A medida que ascendían, Mike continuaba expulsando su fuerza helada para crear más escalones sin detenerse. El joven humano no salía del asombro, ¿Cómo podía ser tan perfecta la coordinación entre la osa y el príncipe? Ambos trabajaban en una armonía impresionante… y ellos esperaban que él hiciera lo mismo. ¿No resultaba eso en un nivel de responsabilidad bastante elevado? Un solo traspié, y se vendrían abajo. De él dependía la seguridad de todos y, a su vez, de ellos tres dependían los Clorux. En definitiva Jaen sabía que dos naciones estaban sobre sus hombros.         Antes de que él mismo se percatara, se habían adentrado en la gruesa y fría capa de nubes. Ascendían es espiral, procurando no moverse del lugar donde iniciaron para llegar más pronto. Era la primera vez en toda su vida que el humano se veía en semejante altura. Ni siquiera con su madre había subido a un avión y ahora estaba allí, montando una osa rumbo al cielo. ¿Tan siquiera tenía sentido su estadía en ese lugar?       Una silueta se dejó ver a través de la espesa masa borrosa. Esta era como la de un pájaro grande, pero llevaba una cola. ¿Qué demonios era aquello? Las clases de biología y los innumerables documentales que veía con su madre comenzaron a reproducirse en su cabeza pero no conseguía dar con alguna figura parecida. Un rugido similar al de un pterodáctilo fue emanado por la criatura en el momento en el que este se lanzó a gran velocidad hacia los chicos. ¿Qué se suponía que debía hacer el pelimarrón?       Jaen se puso de pie sobre Polaris intentando mantener el equilibrio ante el imparable movimiento. Sentía que sus piernas temblaban sin parar. No le extrañaba si en unos minutos notaba sus pantalones húmedos. Nunca había peleado con nadie, y ahora se encontraba frente a una sombra de un monstruo que aparecería frente a ellos en cualquier momento.       Sin esperar más, el joven humano desenfundó la espada que Mike le había otorgado. La sostuvo firmemente con su mano derecha, apretando sus dedos en el mango de la misma. Quizá ver tantas películas servía de algo, ¿no?       –Si sostienes así la espada puedes tener por seguro que te irás abajo, Jaen. –Mike le miraba alternando rápidamente su vista entre su trabajo y el chico–. Separa más las manos y equilibra su peso con tu cuerpo. –Comenzó a instruirle de forma rápida–. Debes manejarla como una extensión de ti mismo, no como un objeto.     Ah, sí, que sencillo era escuchar la teoría, pero estando allí, de pie frente a aquel monstruo y sin la menor idea de cómo aplicar todo lo que el príncipe había explicado definitivamente cambiaba el panorama en su totalidad, porque Jaen no era un guerrero, tampoco alguien a quien le aficionara ser un soldado o militar. ¡Era un estudiante con deseos de convertirse en contador! De pronto, salió de entre la masa de nubes el animal que Jaen divisaba. Un enorme pájaro, sin plumas, de color verde aceituna con pequeñas líneas de color rojo por todo su cuerpo, su cola era larga y parecía llevar en la punta una especie de aguijón. En el enorme pico llevaba filosos dientes ensangrentados. Michael le vio con ojos bien abiertos sintiendo el suelo tambalearse en el instante en que su concentración lo hizo. Definitivamente era un “hijo de la naturaleza” al que Jaen no podría hacer frente. El ave volaba frente a ellos dispuesto a a****r. El príncipe sabía que se trataba de un monstruo muy fuerte… pero si dejaba de formar el hielo todos se caerían al suelo. No podía hacer nada más que confiar en Jaen.       El pajarraco finalmente se abalanzó a toda velocidad lanzando un sonido ensordecedor. Jaen alzó la espada lista para a****r y, tan pronto como el monstruo estuvo cerca de ellos, lanzó un fuerte aletazo, haciendo que el par de chicos se tambalearan por la fuerte ola de viento. Alzó su enorme cola y lanzó un aguijonazo hacia Mike. ¡Incluso el monstruo parecía ignorar a Jaen! El joven humano comenzaba a pensar que era una ley en Ashura pasar por encima de él haciendo caso omiso a su presencia y ese pequeño detalle comenzaba a hacerle enfadar. Este se movió rápidamente hacia el príncipe. Polaris dejaba salir quejidos por usar su lomo como maquina caminadora. Con la espada bloqueó el aguijón de la bestia.       –¡Gracias! Pero no pierdas la concentración. –La respiración de Mike era agitada. Estaba claro que confiar su vida a un simple humano inexperto le dejaba en pocas posibilidades de triunfar.       Por fin había Jaen capturado la atención del ave y era complicado determinar si esto resultaba bueno o mano. Sea como fuera y sin pensarlo dos veces, el ave con furia esta se abalanzó sobre el chico, abriendo su boca para tragarlo de un bocado. Rápidamente el pelimarrón hizo uso de su espada y lanzó un ataque al monstruo, cortando con esta un trozo del pico del animal. Un enorme quejido fue expulsado. Como contraataque, el animal lanzó un aletazo, empujando a Jaen fuera del lomo de Polaris. Su grito se escuchó mientras descendía hacia el suelo...
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