Tan pronto como Jaen notó la mesa con los alimentos que Mike le había dejado, sintió que sus ojos amenazaban con llorar. ¿Cómo podría calmar su apetito con un pequeño plato de ensalada y dos tostadas? ¿De verdad comería así durante su estadía en aquel lugar? Si ese resultaba ser el secreto para la enorme belleza que observaba en los habitantes de esas tierras, definitivamente prefería ser un ogro horrible. Sea como fuera, no tenía más remedio que comer lo que le estaban dando.
Luego de ingerir lo poco que le habían dejado, Jaen se dirigió al armario en busca de algo de ropa limpia. Atuendos hermosos y brillantes llenaban el armario. Puede que se vieran geniales, elegantes y costosos, pero ninguno de ellos combinaba con el estilo de Jaen ni se veía en alguno. ¿Acaso habría algo menos formal dentro de ese guardarropa? Una camisa abotonada de color azul con unos pantalones blancos parecieron ser la respuesta a sus plegarias. Definitivamente se veían menos elegantes que todo lo demás. En sus pies colocó unos zapatos negros brillantes que definitivamente odiaba, pero se veían mejor que todos los demás saturados de piedras y cosas que incluso le parecían difíciles de colocar. Lamentablemente, si estaría junto a los Frinx, debía vestir como uno de ellos.
El peinado no fue un problema para el pelimarrón, ya que solía usar sus cabellos desarreglados y no cambiaría su estilo solo porque los Frinx parecían usar gel extrafuerte para no dejar ni un solo cabello suelto. El chico por fin se dirigió a la puerta de la habitación, abriéndola tan solo unos milímetros y consiguiendo mirar con un solo ojo a través de la ranura. Un solitario y aparentemente interminable pasillo a su izquierda y otro a su derecha. ¿Qué secretos podría esconder aquel enorme lugar?
Como si se tratara de un niño pequeño, la curiosidad nuevamente embargó la mente de Jaen. Abrió aún más la puerta, logrando sacar por esta la cabeza entera para verificar que no hubiera alguien cerca. Sabía que haciendo esto se ponía sobre la cuerda floja, pero no era la primera vez que estaba entre la vida y la muerte en los últimos momentos. Además, ¿Qué podía garantizarle que Michael no estaba encerrándolo para ejecutarlo luego? Muchas cosas circulaban por su cabeza pero la curiosidad pesaba mas que el resto. Tal y como lo había pensado, no había nadie en el lugar.
Sin hacer ruido, salió de la habitación, cerrando la puerta con mucho cuidado. Caminó sigilosamente hacia la derecha, agradeciendo el hecho de que el piso estuviera recubierto por una alfombra. Comenzaba a agradecer la práctica de levantarse en la noche de manera sigilosa a buscar leche y cereal mientras su madre dormía.
“No salgas de la habitación…”
Las palabras del príncipe daban vueltas en su mente una y otra vez.
“Es una orden”.
A Jaen parecía no interesarle la advertencia ya que continuaba avanzando sin la más mínima intención a escuchar al anfitrión. Un tapiz con decorados de diferentes tonos de azul se alzaba en ambas paredes. ¿Por qué todo tenía que ser azul en ese castillo? Si, efectivamente era un tono precioso, pero le hacía pensar que se encontraba dentro de cubo unicolor.
Cuadros de tamaños gigantescos iban colgados en algunos lugares de las paredes. Parecían relatar sucesos ocurridos con anterioridad. Uno de ellos cautivó la atención de Jaen haciéndole detenerse a observarlo. En él se podía observar un rey blandiendo una espada, combatiendo con lo que parecía ser una enorme ave azul. Se encontraban en una caverna de hielo, el hermoso pájaro parecía expulsar un gélido aliento de su boca mientras el rey se abalanzaba sobre esta con su espada. Jaen se tomó su tiempo para detallar la pintura. Había leído sobre aves legendarias, incluso en videojuegos se había esforzado por conseguirlas, pero verla en un cuadro dentro de ese extraño mundo le hacía pensar que podían ser reales allí.
Por fin decidió continuar avanzando por el pasillo. Finalmente llegó a un cruce. Sigilosamente se asomó verificando que no hubiera otros Frinx allí. El camino parecía estar libre. Desde allí pudo detallar una puerta de cristal que se encontraba al final del pasillo. Jaen continuó andando, intentando alcanzar dicho lugar. Al llegar a la próxima entrada pudo ver a través del cristal algo que atrajo su atención en su totalidad. Un tótem con un hermoso zafiro que se mantenía girando en el aire, como si una fuerza le impidiera apoyarse sobre la superficie. Del lado de adentro de la habitación había diez soldados con armaduras color plata y espadas en sus manos. La sala era simplemente majestuosa. El área más hermosa que había conseguido ver dentro de aquel palacio y el frío que esta dejaba salir por debajo de la puerta hacía que la piel del humano se erizara. ¿Qué era ese lugar y por qué estaba tan bien custodiado? Más allá de eso, ¿Qué era esa piedra flotante?
Jaen quería detallar aún más, pero repentinamente comenzaron a oírse pasos detrás de él. ¡Alguien venia!
Rápidamente miró a su alrededor, buscando un lugar en el cual ocultarse… el pasillo no tenía más habitaciones. Estaba acorralado. La desesperación comenzó a apoderarse de él. Entrar a aquella sala tampoco era una opción. Los pasos se aproximaban cada vez más. Las zancadas sonaban cada vez más cerca y no demostraban ser una amable dama que caminaba con elegancia, sino alguien furioso que se aproximaba rápidamente. A pesar del frio del lugar, Jaen sintió como las gotas de sudor bajaban por su frente.
La forma masculina alcanzo la esquina final del pasillo, girando su cuerpo hacia donde se encontraba el chico. Jaen sintió que sus fuerzas menguaban debido al terror que le embargaba. Los ojos celestes se montaron de inmediato sobre él de forma iracunda. Sin decir nada se le acercó y lo tomó por la camisa…
***
–¡Creí haberte dicho que no salieras de la habitación! –La voz de Mike demostraba cuán exasperado y furioso se encontraba.
–Lo siento… –Jaen musitaba sin poder mirarle. Sabía perfectamente que había metido la pata.
–¡¿Qué hay si en vez de haber sido yo, hubiese sido mi padre quien te encontraba?! –El rubio gritaba. Definitivamente estaba muy enfadado–. ¡Te habría ejecutado de inmediato! ¡Eres un idiota! Has visitado un área prohibida para todos los Frinx. Solo mi padre y yo podemos ir allí.
–Es hermosa… –Incluso en esa situación la osadía de Jaen le permitía balbucear.
–¿Qué?
–El diamante sobre el tótem que estaba en la habitación…
–¡Escucha muy bien lo que te voy a decir, humano! –Soltó usando aquel título como una clara ofensa. Mike caminó con fuerza hacia Jaen, tomándolo por la camisa y apretando su puño, como si quisiera golpearlo–. ¡Si alguien se entera de que has visto la gema, me meterás en serios problemas con mi padre! Y en ese caso seré yo mismo quien te ejecute.
Jaen cerró los ojos, apretándolos a la espera del fuerte puñetazo. Mike aflojó su mano, lo soltó y se dio la vuelta, dando unos pasos hacia el frente. Si ese era tan solo el primer día con Jaen, estaba seguro de que en una semana tendría tantas canas como su padre. ¿De verdad era buena idea tenerlo con él?
–Ustedes los humanos son seres débiles. –Bufó observando la reacción que el pelimarrón había tenido ante su amenaza–. Tú eres una prueba viva de ello.
–¿Para qué ser fuerte? –Respondió Jaen por fin abriendo los ojos Mi vida carece de sentido alguno.
–¡¿Qué dices?! –Una respuesta que pareció significar una grosería para el mayor.
–Mi padre falleció hace un año. –Comenzó a explicar el adolescente–. Mi madre ha sido tragada por un huracán junto a mis amigos. Estoy solo. La vida no tiene sentido si estas solo.
El príncipe hizo un gesto de desagrado al oír las palabras del chico, abrió la boca pero antes de hablar pareció meditar un poco en su situación. Su rostro de desagrado se ablandó, dirigiéndole una mirada de lastima a Jaen.
–Creo entender un poco como te sientes. –Sí, incluso Michael podía ser empático–. Yo… perdí a mi madre a los trece años.
Jaen se limitó a cerrar sus ojos dejando salir una lágrima. Anabelle se encontraba allí afuera, si lo que Mike decía era cierto, pero era muy débil como para salir a buscarla.
***
–¡Su alteza! ¡Rey Peter! –Entró rápidamente un hombre anciano a la sala del trono donde se encontraba el Rey. Uno que portaba una armadura azul oscuro y portaba el emblema real en la parte frontal de su coraza.
–¿Qué ocurre? –Inquirió el monarca mirándole de reojo mientras continuaba deslizando el dedo por la pantalla táctil que sostenía en sus manos.
–Ha llegado un mensaje de los Clorux. –Explicó el mensajero intentando mantener la calma–. Lleva una nota de urgente en el sobre.
Rápidamente el Rey Peter se levantó del trono de cristal y tomó el mensaje escrito y sellado por la reina de los Clorux. Al leer las líneas, el rostro del monarca se mostró en shock.
–Ha ocurrido nuevamente…