Polaris (Parte III)

1264 Palabras
    Estaba claro que una mascota no podía ser determinada sin un jinete que le demostrara cuan fuerte podía ser. Michael era determinado y su manera de asegurarle las órdenes a Polaris le permitía cumplir lo que pedía. La osa rugió fuertemente impulsando sus patas en un fuerte brinco.       Un grito fue expulsado por Jaen al mirar hacia abajo y notar la inmensa altura en la que estaba. La velocidad que había tomado Polaris hacia que, tras haber saltado, recorriera el trayecto en el aire rápidamente. Cerró los ojos y abrazó con más fuerza a Mike intentando.       –¡Yeih! ¡Yuju! ¡Que divertido! –Cada palabra y acción era saturada con el sarcasmo que solía caracterizarle.       El príncipe extendía sus brazos hacia arriba mirando con emoción todo el panorama. El viento movía sus dorados cabellos hacia atrás, brillando estos con cada destello de luz que emanaba el cielo. Jaen no lo había notado, pero definitivamente Michael contaba con un cabello que incluso muchas mujeres envidiarían.       En el fondo del acantilado se podía observar una fina línea de color azul, un rio que pasaba muy en el fondo del lugar, un hilo colorado en un gigantesco trozo de tela blanca. Con esto Jaen pudo entender el porqué de ese acantilado. Estaban pasando de una montaña a otra. Al llegar aproximadamente a la mitad de la distancia, Polaris comenzó a perder altura. Jaen dejó ver su desesperado rostro al ver lo que pasaba.       –¡Te dije que esto era un s******o! –Comenzó a gritar de nuevo con desespero–. ¡Vamos a morir!       –¿Quieres dejar de hacer ese ridículo drama? –El príncipe comenzaba a sentirse fastidiado por las tonterías de Jaen. Mike extendió su brazo hacia abajo, justo en la ruta de caída que llevaban–. Hazlo tal y como lo hemos practicado antes, Polaris. –De inmediato un brillo azul irradió en la palma de su mano y una especie de rayo del mismo color se desprendió de esta, impactando con la nada, formando una pequeña superficie de hielo apoyada… sobre nada–. ¡Ahora! –La osa cayó en esta superficie, fracturándola totalmente. Sin esperar nada saltó de nuevo, partiéndose en múltiples fragmentos la pequeña superficie.       Con este último brinco, Polaris alcanzó el otro extremo del acantilado, cayendo en este sobre sus enormes patas y haciendo que sus dos pasajeros se tambalearan.       Mike giró su rostro hacia Jaen, el cual aún parecía estar pasando el susto. Los celestes ojos del príncipe se montaron sobre el chico de cabellos castaños. Su mirada reflejaba aquella autoridad característica de su padre y durante un pequeño instante Jaen se sintió atemorizado.       –Bien hecho, Polaris. –Felicitó el príncipe acariciando la cabeza de la osa como recompensa y dejando un suave beso en la coronilla. Se dirigió ahora a Jaen–. Hace un momento me pediste que confiara en ti… ¿Cómo esperas que lo haga cuando tú mismo no confías en mí? –Le acusaba con enfado. Definitivamente el rubio estaba llegando a su límite de paciencia.       Las palabras de Mike fueron como estocadas en el pecho de Jaen. Este alzó la mirada con algo de decepción de sí mismo sin decir una sola palabra.       –Los Frinx somos seres que confiamos a plenitud los unos en los otros. Si te digo “no moriremos” es porque estoy totalmente seguro de que estaremos bien. –Suspiró por fin dejando sus ojos en blanco sin dejar de acariciar el suave y brillante pelaje de su osa–. Ya te he salvado la vida dos veces y te mantengo con vida aun en contra de la voluntad de mi padre. Creo que deberías confiar más en mí.     –¿Por qué…? –Musitó el chico moviendo sus labios tan solo un milímetro. Sin embargo los agudos oídos del Frinx escucharon sus palabras.       –¿Por qué, qué? –Mike acomodaba sus cabellos que gracias al viento estaban sobre su rostro.       –¿Por qué me mantienes con vida? –Con la cabeza agachas, Jaen continuó–. Tu padre me odia… a mí y a mi r**a… y tú eres el príncipe de tu nación. –Por fin el pelimarrón alzó la vista intentando conectarla con el rubio, aunque estaba frente a su espalda, era difícil mirarle a los ojos–. Deberías seguir sus pasos a la perfección… pero no lo haces. Continuas manteniendo vivo a un ser que es débil de cuerpo y de mente y no es confiable… ¿Por qué, Mike?       El chico de rubia cabellera se bajó de Polaris halando consigo a Jaen y  haciéndole señas a la osa de que se tomara un descanso, lo cual esta no dudó en hacer. Después de gastar energías en semejante salto era evidente que un poco de reposo no le vendría nada mal. De inmediato se echó sobre sus patas a descansar.       Mike no dijo ninguna palabra ante la pregunta que Jaen había realizado. Este incluso llegó a pensar que había hecho algo indebido. Estaba cuestionado la bondad de un príncipe. ¿Ahora que se suponía que debía hacer? No existían respuestas para sus pensamientos  mientras caminaban ambos separándose un poco de la osa.       Extendiendo su mano de nuevo, Mike hizo que el hielo le obedeciera, formando lo que parecían un par de sillas que parecían todo menos cómodas. Él rubio se sentó en una de estas y retiró de su cabeza la corona que, como algo asombroso, aún permanecía sujeta a él. Quizá se trataba de algún tipo de habilidad mágica para mantenerla fija, pensó Jaen, o, tal vez se debía al porte y elegancia que le caracterizaba para mantenerse erguido en cualquier circunstancia. Sea como fuera, resultaba algo simplemente asombroso.       Jaen por fin entendió que la otra silla era para él, así que sin pensarlo dos veces se sentó. De inmediato sintió como el frio del hielo traspasó su ropa hasta llegar a su cuerpo. Decidió aguantar un poco para no parecer maleducado… de nuevo.       –¿Por qué dices? Porque eres mi mascota… –Jaen abrió los ojos como platos, recibiendo una respuesta que jamás esperó. Por un lado se sintió ofendido, por otro sabía que eso era lo que se merecía. A fin de cuentas tenía mucho sentido saber que la única razón por la que respiraba era para ser el entretenimiento de aquel sujeto de la realeza. Antes de que este siquiera respondiera algo, Mike soltó una risa rápida y sarcástica–. Eso es algo que definitivamente diría mi padre como respuesta a tu pregunta. –El pelimarrón seguía sin conocer al rey, pero con una referencia como esa estaba seguro de que no deseaba hacerlo–. Yo, por otra parte, no pienso así. –Los ojos celestes del Frinx se cruzaron con la sorprendida mirada de Jaen–. Te he mantenido vivo porque quiero demostrarle a mi padre que no todos los humanos son basura. Porque desde que te vi en ese momento, muriendo en la nieve, a punto de ser aniquilado por un guerrero oscuro, supe que eras un buen chico y supe que podía confiar en ti. –¿Intuición? Tal vez. Mike no podía asegurarlo. Sin embargo cada vez que veía a Jaen simplemente observaba pureza en su alma–. Porque aunque mi madre fue asesinada por un humano, no me gusta juzgarlos a todos por uno. Estoy dispuesto a hacer que nuestras razas cambien de opinión con respecto a los humanos. ¿Era cierto? ¿Realmente Michael le veía diferente?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR