Revelaciones (Parte I)

1271 Palabras
    –Y creo que yo me he comportado como un idiota. –Sentenció por fin el pelimarrón dándose cuenta de que estaba destruyendo con sus propias manos esa confianza otorgada–. ¿No es cierto?       –Quizás si… quizás no... Tu insaciable curiosidad puede hacer de ti un fuerte guerrero, aunque puede ser motivo de desconfianza. Todo depende de los ojos con que lo veas. –Si le preguntaban a Jaen en este momento, solo podía verlo con los ojos de la depresión–. Pero… tal como dice mi padre, los humanos tienen una inmensa debilidad.       –¿A qué te refieres?       –La ambición. Los humanos se corrompen al ver el poder, son capaces de cambiar incluso a sus seres queridos por más fuerza. –¿Acaso Michael estaba equivocado? No, y el joven humano lo comprendía a la perfección.       –Lamento no poder negar ese hecho. Pero no todos somos iguales. –Argumentó rápidamente en un intento por defender su propio pellejo.       –Es por eso que te tengo conmigo.       Jaen comenzaba a sentirse cómodo. Era la primera vez que conseguía mantener una tranquila conversación con el príncipe sin que este saturara sus palabras con el sarcasmo y sin que el mismo pelimarrón estuviera a la defensiva. Incluso se podía pensar fácilmente que se trataba de dos amigos que debatían puntos de vista referentes a los humanos y sus debilidades. ¿Realmente era así?       –Gracias por darme tu confianza. No la defraudaré. Lo prometo. –Ah, Jaen nuevamente tenía confianza en sí mismo gracias a las palabras tan motivadoras del príncipe–. A propósito… aun no me has dicho hacia donde nos dirigimos exactamente.       –Nos dirigimos al Palacio de la Ventisca. –Otro palacio. El pelimarrón volvía a estar confundido. ¿No existe solo un rey?–.  El cual se encuentra en la ciudad Enmerald. El reino de los Clorux.       –¿Clorux? ¿Qué es eso? –Más nombres extraños para el grueso bestiario que Jaen escribiría cuando saliera de allí.       –No son “eso”. Los Clorux son otra r**a inteligente al igual que nosotros, los Frinx. No somos los únicos. –Michael comenzaba a comprender que ese pequeño descanso tomaría más tiempo del que previó, por lo que se cruzó de piernas acomodándose en la silla de hielo con el fin de estar cómodo mientras hablaba–. Existen siete razas inteligentes, entre las que estamos nosotros.       -Vaya, ya veo. –Como siguieran así la cabeza de Jaen se saturaría de información y explotaría como palomita de maíz–. A juzgar por el nombre asumo que deben tener algo que ver con…       –Con el viento, Jaen. –Mike sonó fastidiado–. Son… o eran los guardianes de Esmeralda del Viento.       –¿Otra gema como la que está en el palacio? –El menor parecía tener activo un pequeño botón con el título de “curiosidad”.       –¿Tienes pensado sacarme información a como dé lugar? Parece ser que tienes un talento que desconocía. –Mike frunció el ceño mirando al chico con ojos entrecerrados–. Dije que no te daría información, Jaen. ¿Por qué continúas insistiendo en que hable?       –¿Porque confías en mí? –Soltó el menor mostrando una sonrisa fingida–. Vamos, Mike, estamos trabajando juntos en esto…       –Estás acompañándome, humano. –Soltó el príncipe con desdén en su voz–. No te confundas con respecto a tu labor aquí.       –Sea como sea me tienes aquí y soy quien esperas que blanda su espada junto a ti de ser necesario. –Michael odiaba perder una batalla, pero justo ahora no podía negar ese hecho–. Además, dijiste que confiabas en mí.       –Haz el favor de callarte, Jaen –Mike resopló derrotado. No tenía armas contra los argumentos del chico y eso solo le demostraba que no era tan idiota como aparentaba–. La piedra que está en el Palacio de Cristal es el Zafiro Congelado.       –Gané. –Musitó el chico consiguiendo que el príncipe le dedicara una mirada asesina–. ¿Por qué dices que “eran” los guardianes?       –Piensas sacarme la verdad sea como sea, ¿no es así? ¿No te parece que estás cruzando la línea? –El rubio no podía evitar recordar la voz de su padre indicándole que se abstuviera de revelar detalles al chico, pero Mike nunca obedecía–. Creo que te daré algo de confianza. ¡Que nadie se entere que te he contado esto!       –Vale, vale. Nadie lo sabrá, lo prometo.       –Se dice que en el inicio de nuestros tiempos, un humano comenzó a hacer experimentos con gemas y otros humanos. Hacía que estos comieran piedras preciosas adulteradas con químicos y sustancias desconocidas para todos nosotros. –Michael miraba sus uñas mientras hablaba, asegurándose de que estas estuvieran impecables y sin el mínimo rastro de impurezas en ellas–. Al llegar a una combinación desconocida, sus sujetos de pruebas comenzaron a mutar, a algunos le salían alas, a otras marcas, a otros cuernos y así fue con los miles de humanos que tenían cautivos. De los miles de tipos de seres que creó, solo siete de estos poseían inteligencia propia…     –¡Las siete razas actuales!           –Efectivamente. –El rubio bufó. Jaen captaba rápido. No era tan idiota después de todo–. En el momento en que cada uno de ellos palpaba una de las gemas, esta comenzaba a brillar y levitar, otorgándoles control y poderes extraordinarios a quien la poseyera. Sin embargo, cada r**a puede obtener únicamente las fuerzas que otorga su gema. Es la historia que papá y mamá me han contado. –Por fin el chico alzó la vista hacia el pelimarrón–. Claro, es una leyenda sin sentido que cuenta con todo menos con la verdad.       –¿Es falso lo que me has contado? –Jaen entrecerró los ojos.       –¿Crees que seríamos felices sabiendo que somos experimentos? –Michael dejó salir una carcajada–. ¿Y de un humano? Ni soñarlo, Jaen. No te creas tan importante–. Somos creaciones de los Dioses de Ashura. Seres divinos que cuidan cada uno a su obra maestra y le han otorgado el derecho a manipular un poco de su poder.       –Es por eso que mueves el hielo a tu antojo. –Mike sacó de debajo de sus ropas el fragmento del Zafiro Congelado–. ¡Es como la piedra del palacio!       –Este es un minúsculo fragmento de nuestra gema. –Explicó su dueño haciéndola levitar.       –Vaya historia.       –Aun no termino. –Continuó el príncipe–. Al principio los Dioses decidieron mantener a todas las razas juntas, pero esto resultaba imposible y fue la razón por la que cada una se separó de las demás, moviéndose con todos los suyos y formando sus respectivas naciones, el resto de los seres que sentían afinidad con cada piedra fueron con ellos. –Jaen sentía que estaba escuchando un maravilloso cuento de hadas con una trama bastante alucinante–. Las criaturas de hielo siguieron a los Frinx, las de viento a los Clorux… todos son bestias voraces, pero se mantienen bajo control mientras la gema permanezca estable e inmovible.       –Pero aun no respondes mi pregunta. –El chico no se dejaría engañar tan fácilmente–. Dijiste que los Clorux “eran” los guardianes de la Esmeralda del Viento. ¿Por qué?       –¡Porque la han robado, j***r!
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