Polaris (Parte II)

2046 Palabras
    Fuera del castillo las bajas temperaturas generaban un frio insoportable el cual ocasionó que Jaen inmediatamente comenzara a temblar, sin embargo Mike ni se inmutaba. Cuestiones de razas, pensaba el humano, pero era muy extraño ver a un sujeto andar como si se encontrara en un clima tropical.       –¿Te gustan los osos? –La pregunta del Frinx le tomó por sorpresa haciéndole alzar una ceja.       –¿Eh? Pues… solo los he visto en la televisión. –Grandes, fuerte y voraces. Definitivamente no serían la elección de mascota que Jaen haría–. La verdad no me gustaría toparme con uno.       El príncipe soltó una carcajada bastante sonora al oír la respuesta de Jaen. Estaba claro que ese rostro de tonto no estaba allí de adorno. El humano era un completo debilucho.       Sin esperar más tomó su fragmento de la piedra, el cual llevaba puesto como un collar. La sujetó en la palma de su mano derecha y la apretó fuertemente. Esta comenzó a emanar una luz azul que sobresalía por entre los dedos. A su vez comenzaron a irradiar luz las marcas que llevaba en su cara y en el resto de su cuerpo.       Jaen dio un paso atrás de forma instintiva. ¿Qué demonios estaba pasando y por qué repentinamente la temperatura se sentía más baja? ¿Es que acaso Michael planeaba convertirlo en helado? No era posible ya que definitivamente su sabor sería asqueroso, o eso era lo que el humano pensaba.       –¡Con la autoridad que me concede el Zafiro Congelado, te invoco, Polaris! –Recitó Mike con sus ojos completamente azules.       Una fuerte luz emanó del frente de Mike. Era tan fuerte que obligó a Jaen a cerrar sus ojos. De nuevo en su cabeza comenzaron a danzar una incontable cantidad de preguntas, pero la principal de ellas era ¿Quién demonios era Polaris?       Sin embargo no tardó mucho en descubrir la respuesta esa incógnita Al abrir sus ojos de nuevo pudo ver un enorme monstruo peludo de color blanco. Su aspecto era como el de un gigantesco oso polar, pero los colmillos de este eran más grandes que los de un oso común. Llevaba puesta una coraza metálica sobre su lomo, la cual le llegaba hasta la frente, lugar donde culminaba con un minúsculo zafiro.       ¿Temor? ¿Adrenalina? Jaen no sabía lo que sentía al estar tan cerca de aquella bestia, pero definitivamente no era felicidad o emoción. Notaba como sus piernas comenzaban a temblar y repentinamente dejaba de tener tanto frío.       –Te presento a mi mascota. –Explicó por fin el príncipe con rostro de mofa al ver el nivel de temor que se expresaba en el rostro de Jaen–. Ella es Polaris. –Mike acariciaba la cabeza del enorme monstruo peludo. El pelimarrón no tenía ni siquiera palabras para explicar el miedo que sentía en ese momento. La osa dio unos pasos al frente y comenzó a olfatear su cuerpo.       Nuevamente Jaen sintió que estaba a punto de morir, esta vez devorado por una osa real gigante. Estaba claro que solo bastaría un mordisco para acabar de inmediato con él, pero, por suerte, no fue así. Polaris reconoció de inmediato un olor familiar en Jaen y frotó su cabeza con su ropa.       Mike subió de un salto al lomo de Polaris mirando a Jaen desde arriba con una ceja alzada.       –¿Vas a subir o qué? –Inquirió con fastidio–. He perdido demasiado tiempo gracias a ti. Date prisa de una maldita vez, Jaen.       –¿Iremos montados en ese enorme monstruo?- Polaris soltó un gruñido de disgusto. Era evidente que no le gustaba ser llamada de esa manera.       –Puede que los animales no hablen, pero aquí te entienden a la perfección. –El rubio comenzó a tamborilear sus dedos–. Sube o te ganaras un buen mordisco de Polaris por lo que le acabas de decir.       Tras pensarlo por un momento, Jaen se acercó a la enorme osa y comenzó a escalar su cuerpo, aferrándose de su pelaje para trepar. Polaris dejaba salir pequeños quejidos de dolor cuando Jaen sujetaba y halaba su pelaje de forma accidental. ¿Qué podía hacer? Era su primera vez montando una osa gigante. Al llegar a su lomo el chico se colocó en la espalda del príncipe, intentando conseguir un lugar del cual sujetarse.       –¡Vas a tener que aprender a montar a Polaris sin lastimarla! –Recriminó el príncipe acariciando a su preciada mascota con una mano.       –¡Ups! Lo siento Polaris.       –Bien, sujétate fuerte, es hora de partir. –Las marcas de Mike nuevamente comenzaron a emanar ese brillo de hacía unos momentos, pero esta vez el cristal en la frente de la osa hizo exactamente lo mismo–.  Polaris, llévanos a la ciudad Enmerald.       Jaen rápidamente y con algo de desesperación buscó algo de donde sujetarse, pero no había nada que sirviera para ello. ¿Michael pretendía que mantuviera el equilibrio durante todo el camino? Estaba loco si así lo pensaba. La osa soltó un rugido, como si estuviera respondiendo a las palabras de Mike. Esta comenzó a caminar en salida de los dominios del Rey Peter sin pasar por la ciudad.       –Tres… dos… uno… –Musitó el rubio.       Al terminar su conteo con rostro aburrido, Polaris comenzó a correr en su máxima velocidad y, de forma impulsiva, Jaen se vio obligado a abrazar con fuerza al príncipe, quien rápidamente se sobresaltó intentando zafarse de su agarre. Las patas de la osa parecían ser invisibles por lo rápido que corría. Jaen se soltó por fin de Mike para verse en la obligación de rápidamente sostenerse del pelaje de Polaris, cosa que generó un bramido furioso proveniente de ella. El chico la soltó y por segunda vez se aferró a la espalda de Mike.       –¿Por qué simplemente no puedes mantener el equilibrio? –El príncipe parecía ligeramente enfadado, aunque había un atisbo de vergüenza en su voz.       –Porque es la primera vez que viajo en una osa gigante. –Jaen casi gritaba para poder ser escuchado. Su voz se iba con la ráfaga de viento que golpeaba su rostro.       –No tengo problema alguno en que te sujetes de mí. –Siseó intentando mantener la calma. No solía rodearse de personas que lo abrazaran de esa manera–. Solo que… no te caigas.       –Lo intentaré. –Jaen se sujetó con fuerza de la cintura de Mike generando que este apretara los labios. No tenía más remedio que mantener semejante agarre.       El viento azotaba el rostro de ambos chicos mientras descendían a toda velocidad por aquella enorme colina. La nieve entraba en sus ojos, aunque no era algo nuevo para el príncipe pero para Jaen si, por lo que una y otra se veía obligado a frotarlos por ardor. A sus espaldas quedaba la enorme ciudad, Icy, el reino de los Frinx.      Polaris continuaba moviéndose entre los enormes arboles nevados, marcando sus huellas en la gruesa capa de nieve, las cuales que se borraban instantáneamente con la nieve que el viento traía. ¿Podía ser todo eso real? Por más que su cabeza intentaba decirse a sí misma que estaba en un mundo como ese esta se aseguraba de rechazarlo afirmando que era una absoluta locura. Y lo era. ¿Quién pensaría que existían otras criaturas como las que Jaen ahora conocía?       A lo lejos, en los extensos bosques nevados de la colina que descendían, Jaen podía divisar diversas criaturas que jamás había visto ni siquiera en las enciclopedias de naturaleza: Leones enormes con una melena que aumentaba por los menos tres veces el largo de los que conocía, su azulado pelaje dejaba ver que era una criatura del hielo. Tenía además afilados colmillos y en sus patas peligrosas garras. Vio también aves similares a águilas reales, pero estas tenían el tamaño de un colibrí. Sin embargo en sus ojos llevaban un apetito voraz. ¿Qué era todo aquello?       –No conocía ninguno de estos animales. –Comentó Jaen, palabras que apenas pudo oír Mike por el fuerte viento que resonaba en sus oídos.     –Jamás veras seres como estos en tu mundo. –Respondió con orgullo. Era evidente que el príncipe estaba satisfecho de ser lo que era y poder presumir frente a un humano de lo que tenía en su poder–. Y para aclarar, no los llamamos animales. Son hijos de la naturaleza       –¡Pues son hermosos! –Reconoció el humano intentando grabar en su mente cada imagen que veía–. Y parecen ser animales pacíficos. –Mike soltó un suspiro al oír la última frase del chico.       –Una paz que terminará si las cosas siguen como van. –No podía evitar recordar su conversación anterior con Peter. Lo último que deseaba era ver a los suyos apilados en c*******s.       –¿Qué es lo que está pasando exactamente, Mike? –La curiosidad se apoderaba cada vez más del corazón del pelimarrón.       –Ya te dije que no te diré nada. Los humanos no son confiables       –Yo soy confiable. –Y tan pronto como soltó aquella afirmación sintió el deseo de retroceder el tiempo unos segundos y haber mantenido la boca cerrada.       -Eres tan confiable que casi me metes en problemas con mi padre por haber salido de la habitación. –Añadió haciendo movimientos con sus manos que denotaban sarcasmo–. ¡Mejor deberías mantenerte en silencio y hacer caso a todo lo que te diga si no quieres que haga que Polaris te muerda lo poco con lo que te sientas!       –¡Hey! –Jaen frunció el ceño–. Tampoco es como si no hubiera nada allí.       Pero la verdad era que Jaen no sabía cómo responder a ese argumento. Mike tenía razón. Había traicionado la confianza de quien lo había salvado dos veces y lo mantenía con vida. Sin embargo una gran pregunta atravesaba su mente: ¿Por qué lo hacía? Si era cierto que los humanos eran razas inferiores, no se trataba de alguien confiable y además era débil… ¿para qué mantenía vivo al joven humano? Era obvio que no lo necesitaba en absoluto. Tan solo con ver su firme rostro era más que obvio que podía valerse por sí mismo. Michael Ryder no tenía necesidad de dirigirse a un lugar con su compañía cuando ni siquiera era capaz de sostenerse a una osa en movimiento…       Fue expulsado de sus pensamientos al oír un rugido de Polaris. Llevó su vista al frente y pudo ver un enorme acantilado. Una abertura de unos cien metros la cual mostraba a la distancia la continuación del camino. ¿Por qué se dirigían a un precipicio como ese? ¿No había un desvío?       –¡No te detengas Polaris! –Mike frunció el ceño mirando al frente sin quitar los ojos del destino al cual se dirigía–. ¡Sé que puedes hacerlo!       –¡¿Estás loco?! –Esta vez la voz de Jaen demostraba el clarísimo terror que le embargaba–. ¡Es imposible que logre saltar esa distancia! ¡No quiero morir tan joven, Michael!       –Para los humanos todo es imposible… –Musitó para sí mismo negando con la cabeza–. ¡No te detengas Polaris! –La osa escuchó la voz de su amo y continuó hacia el enorme acantilado, aumentando cada vez más la velocidad en sus patas. Mike se aferró de la coraza de esta.       –¡Moriremos los tres! –El pelimarrón ya había comenzado a temblar sabiendo que se aproximaba hacia su muerte inminente.       –La muerte no es algo que tenga en mis planes       Los ojos de Jaen dejaban ver horror. Su expresión se tornó con pavor hacia lo que se aproximaba. Cada segundo que pasaba se encontraba cada vez más cerca de, lo que el afirmaba, sería su final. La osa, sin detenerse, seguía su curso con una mirada decidida. Cada palabra dicha por su amo le inyectaba confianza. Desde que Mike la había adoptado, jamás lo había decepcionado, y esta no sería la excepción.       -¡AHORA POLARIS! –Gritó el príncipe con fuerza... y la osa por fin saltó al vacío
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