Simone.
Me sentía un poco extraña al estar en un lugar donde no era conocida, pero con el pasar de las horas cada uno de los chicos en la enorme sala se mostraban más amigables conmigo.
Sebastián estaba más que impregnado en llegar a mí y me conocía muy bien y eso no sería del todo fácil para él.
Por otro lado, Aarón era un chico increíble, ambos compartíamos algunos gustos en música, video juegos e incluso empezamos una gran conversación que nos tomó casi alrededor de media hora, ambos descubrimos que asistimos a una carrera en motocicleta hace un mes en donde una chica fue la ganadora.
Ashley, la hermana de Sebastián se mostraba un poco fría y distante y no era para menos si yo estuviera en su posición estaría igual al tan solo pensar en que una chica que no conocías de nada llegaba a vivir en el pent-house de tu ex novio. Porque ya me habían dejado claro que Hal y ella pasaron a ser ex novios.
─Te juro que si pierdo esta vez voy a ponerte un altar ─soltó Aarón a mi lado y solté una risita.
Nos encontrábamos jugando Mortal Kombat X y gracias al gran tiempo que me pasé frente a algunos locales de video juegos ya conocía muy bien los botones que tenía que usar.
Unos minutos después le gane por sexta vez a Aarón.
─Te acaba de ganar una chica ─dijo Hal desde el sofá.
─No es cualquier chica ─soltó Sebastián desde el balcón. ─Es un bombón ─me guiñó su ojo derecho y solo sonreí.
─No me importa, eso no quitara que te siga ganando a ti ─soltó Aarón en dirección a Sebastián.
Le tendí el control a Sebastián y él tomó lugar en mi asiento para empezar a jugar contra Aarón. Caminé hasta la mesa del comedor en donde se encontraba Ashley haciendo diseños en sus uñas y dirigió su mirada a mí en cuanto tomé lugar frente a ella.
─Hola ─dije sentándome a su lado.
Sus ojos cafés dieron a los míos y en definitiva contrastaba muy bien con su piel pálida y cabello rubio.
─Hola ─respondió.
─No quiero llevarme mal con nadie ─susurré. ─Solo estaré aquí por unos meses como mucho ya que...
─No tienes que darme una explicación ─respondió. ─Soy solo la amiga de Hal y si él se siente a gusto teniéndote aquí no me molesta.
Asentí y ella me regalo una pequeña sonrisa.
Tomé un esmalte en color n***o y miré en su dirección. ─¿Me lo prestas?
─Si quieres puedo pintar tus uñas ─aclaró y asentí.
Coloqué mis manos sobre la mesa y ella se dedicó en pintar mis uñas. Dirigí mi mirada a Hal y él se encontraba observándonos desde uno de los tamboretes de la cocina.
─¿Hace cuánto tú y Hal terminaron? ─pregunté en dirección a Ashley.
─Hace dos meses, pero nuestra relación era extraña ya que yo fui quien le puso una etiqueta y no algo de una noche.
Asentí y llevé mi mano derecha cerca de mis labios para soltar aire y que las uñas se secaran más rápido.
─¿Dónde se conocieron? ─preguntó Ashley.
En definitiva, ella podía ser menor que yo ya que su rostro lo mostraba.
─En este departamento ─respondí y ella asintió.
Unos minutos después ya me encontraba con mis uñas completamente de n***o y se veían más que hermosas. En definitiva, Ashley había hecho un buen trabajo.
Después de casi dos horas Sebastián se despidió de nosotros en compañía de Aarón y Ashley quien me dio un abrazo de despedida.
Hal recogió algunos vasos que estaban en la sala y yo me dediqué en observar a Darth Vader desde la esquina de una pared.
─Darth Vader ─lo llamó Hal y él perro volteó a él. ─No ─dijo en tono serio.
─Iré a mi habitación ─me levanté del sofá y empecé a caminar hasta el pasillo.
Hal no me dirigió la palabra y luego empezó a caminar hacia el pasillo pasando frente a mí para después detenerse frente a la puerta que hace horas llamo mi atención.
─¿A dónde vas? ─pregunté.
─Voy a entrenar ─respondió.
Caminé hasta el sin dejar de observar a Darth Vader, pero él ya se encontraba con sus ojos cerrados.
─¿Entrenar? ─llegué a su lado y el abrió la puerta.
En cuanto entre y la luz se encendió abrí mis ojos como platos al observar todo lo que estaba frente a mí.
Era una habitación a base de espejos, tenía dos peras una más grande que otra, algunas pesas, un reproductor de música, un pequeño refrigerador, un sofá y algunos instrumentos de boxeo como guantes, cintas y más.
─Cuando no estoy en el gimnasio de mi entrenador practico aquí ─dijo la voz de Hal tras de mí.
Encendió el aire acondicionado y cerró la puerta.
Caminé hasta el sofá y tomé lugar en el para apreciar todo detalladamente. De un momento a otro Hal se deshizo de su sudadera y no pude evitar sentir como mis mejillas se tornaban de color rojo. Su pecho estaba bien formado, unas abdominales muy bien trabajadas, los tatuajes que acompañaban su pecho y algunos de su brazo solo lograban darle un aire de chico malo.
Hal tomó los guantes de boxeo de una repisa y caminó hasta a mí para tendérmelos.
─¿Puedes ayudarme? ─preguntó y asentí.
Metió sus manos en ambos guantes y luego giro su mano para que los atara.
Camino en dirección al reproductor y luego miro en mi dirección.
»─Me gusta entrenar con música, pero como eres nueva en mi lugar de los sueños te concederé el placer de escoger la música que quieras ─dijo en mi dirección.
Me levanté del sofá y caminé en dirección al reproductor. De un momento a otro el frío del lugar se hizo presente en mis piernas y me maldije mentalmente por estar en short.
Encendí el reproductor y pude apreciar que se encontraba en USB así que coloqué el listado de las canciones en la pequeña pantalla del reproductor y observé cuál sería una buena canción.
Le di play a Babylon - 5 Seconds Of Summer y me volteé a Hal quién se encontraba abrazado a la gran pera.
─¿Buena canción para entrenar? ─pregunté.
─Buenísima ─respondió.
Él empezó a darle algunos golpes a la pera y yo me dediqué en observarlo. Sus músculos se contraían con cada golpe que soltaba y su rostro mostraba que lo estaba disfrutando.
Tomó la pera con ambas manos para así detenerla y dirigió su mirada a mí. ─A parte de ver televisión y leer ¿Qué otra cosa te gusta? ─preguntó.
Solté un suspiro y me debatí mentalmente si decirle lo que realmente me gustaba, pero que hace mucho no lo hacía ya que después de las cosas que ocurrieron en mi vida quise dejar esos sueños atrás.
─Me gusta cantar ─respondí y él asintió.
─Quiero intentarlo ─dije lo que paso por mi cabeza de un momento a otro.
Sus ojos dieron a los míos y mostró una sonrisa. ─¿Cantar? ─preguntó.
─No ─solté una risita. ─Golpear la pera.
Soltó una risita y asintió.
─Si la pera se mueve de su lugar tienes que cantar ¿Estamos? ─dijo y solté una carcajada.
Era más que obvio que no lograría mover esa enorme pera llena de arena, pero quería intentarlo.
─¿Toda tu vida se basa en retos? ─pregunté y él chasqueó su lengua antes de empezar a caminar hacia a mí. Me extendió sus manos para desatar los amarres de sus guantes y asintió.
─Una vida llena de retos te lleva a lograr las cosas con mayor fuerza ─respondió.
Él se quitó los guantes y caminó hasta el lugar en donde estaban anteriormente y sacó unos más pequeños para caminar nuevamente hacia a mí.
»─Extiende tus manos ─pidió con tono serio.
Hice lo que pidió y él se encargó de atar los guantes a mis manos. Luego me tomó de uno de mis brazos y me colocó frente a la pera más pequeña.
─¿El boxeo se trata de golpear a tu oponente y no recibir un golpe de su padre? ─pregunté.
Él se colocó tras de mí y colocó mis manos en la pera. Inmediatamente sentí una jodida corriente eléctrica en mi estómago.
─Él boxeo se trata de ser más inteligente que tu oponente, no solo de no recibir un golpe ─respondió. ─Golpes habrá en todos los rounds, pero todo depende de lo bien que te sepas mover y la técnica que tengas para soltar los golpes.
─¿Hace cuánto eres boxeador? ─pregunté.
─Cumpliré cuatro años y por ahora me va a bien, he estado en peleas internacionales y todo eso ─dirigió su mirada a una de las paredes que nos mantenían encerrados en el lugar y pude observar una fotografía de él en un cuadrilátero con sus manos en el aire, mientras sostenía un título.
─¿Quieres ser boxeador toda tu vida? ─pregunté.
─Estudie economía porque quería una empresa, así que no descarto la posibilidad de algún día tener una, pero me gusta lo que soy y a lo que me dedicó.
Asentí y él se colocó frente a mí con una sonrisa.
»─¿Y tú porque eres editora? ─preguntó. ─Pudiste ser cantante.
─Ya... ya no canto ─respondí y dirigí mi mirada al suelo.
─¿Por qué? ─preguntó.
─¿Vas a enseñarme a golpear esta cosa? ─cambié de tema y él lo noto, pero no dijo nada y prefería que así fuera.
Hal se colocó tras la pera y la tomó en sus manos para después ladear su cabeza un poco para así lograr mirar a mis ojos.
─Derecha dos veces y luego izquierda ─dijo.
Solté un golpe con mi derecha dos veces y luego con la izquierda y él solo soltó una risita, volví a repetir la maniobra y esta vez el soltó una respiración por su nariz antes de doblarse en dos.
─Oye... ¿Estás bien? ─caminé hasta él y él solo levantó su pulgar en expresión afirmativa.
─S... sí, solo que creo que acabo de perder a dos de mis hijos ─se colocó de rodillas e hizo lo mismo ya que no tenía idea de lo que tenía que hacer. Siempre decían que esos golpes dolían demasiado, pero yo no era un chico para saber al cien por ciento el gran daño de ese dolor.
Tomé su rostro entre mis manos y fue algo difícil ya que los guantes no me dejaban tomar su rostro del todo bien y miré a sus ojos verdes con una pequeña sonrisa.
─Dime que sientes ─pedí en un susurro.
─Do... dolor ─respondió.
─Piensa en algo más y hazlo desaparecer ─dije antes de pasar el guante por su cabello n***o.
Él observó el suelo y soltó un suspiro antes de volver a mirar a mis ojos.
─Ahora estoy pensando en hamburguesas ─respondió y no pude evitar sonreír.
Me levanté del suelo y le tendí mi mano para que él también lo hiciera y deje mis manos extendidas a él para que me quitará los guantes.
Minutos después ya no los llevaba conmigo y él aún se encontraba tomando pequeñas respiraciones para aliviar su dolor.
─Lo siento ─susurré y él negó con la cabeza.
─Como digas ─respondió.
Caminé hasta el lugar en donde anteriormente los guantes y los dejé ahí para después caminar hasta la puerta.
»─Muchas emociones por el día de hoy, iré a dormir ─dijo y asentí.
─Buenas noches, Hal.
─Como digas.
Abrí la puerta y en cuanto salí supervise que en el lugar no se encontrara Darth Vader con ganas de asesinarme, llegué hasta mi habitación y giré el pomo de la puerta, tomé lugar en mi cama y solté un suspiro, cerré mis ojos tratando de dejar mis pensamientos en una pequeña caja.
Pasé una de mis manos por mi rostro y pude sentir una pequeña reacción en mi cuerpo. De pronto mi mundo empezó a tornarse lento y la oscuridad me consumió hasta quedarme completamente dormida.