CAPÍTULO 6.

2197 Palabras
Hal. Abrí mis ojos de golpe en cuanto sentí una pequeña humedad darse paso en mi rostro. Frente a mi se encontraba Darth Vader lamiendo mi rostro y no necesitaba tener dos dedos de frente para estar consciente de que mi pobre perro tenía hambre. ─Hola campeón ─lo saludé y me senté sobre la cama para pasar una de mis manos por su lomo. Sus ojos de colores dieron a los míos y luego soltó un ladrido así que llevé uno de mis dedos a mi boca para que hiciera silencio. Darth Vader no estaba acostumbrado a estar en este enorme departamento junto a más personas que no fuera yo y sobre todo el hecho de que a las seis de la mañana ya se encontraba ladrando era algo que Simone tenía que acostumbrarse. Empecé a caminar hasta la puerta y en cuanto la abrí me topé con los ojos de Simone sobre los míos. Ella se encontraba con una falda negra sobre sus rodillas, camisa blanca y su cabello n***o sobre sus hombros perfectamente planchado. ─Buenos días, iba a… ─pasó una de sus manos por su cabello y luego observo a mi pecho desnudo y bajo aún más y fue entonces cuando caí en cuenta de que iba solo en bóxer. ─Joder ─exclamé antes de cerrar la puerta en su rostro. Tomé un pantalón gris de chándal y me lo puse para después entrar a mi cuarto de baño y cepillar mis dientes. En definitiva, esto de vivir con una chica tenía que programarlo en mi cerebro ya que este acto de salir prácticamente desnudo de mi habitación no era muy bueno del todo. Luego de unos minutos abrí la puerta y Darth Vader fue el primero en salir, tomé una camiseta negra de mi silla de escritorio y me la puse para empezar a caminar hasta la cocina en donde Simone se encontraba frente a la cafetera con una taza frente a su boca. Darth Vader se acercó a ella y soltó un ladrido a lo que ella solo dirigió su mirada a mí esperando que hiciera algo. ─Solo tiene hambre ─dije en su dirección y ella asintió. ─Darth Vader─ lo llamé y este volteó a mí. Abrí una de las gavetas de la lacena y saqué un paquete de galletas especiales para Darth Vader y le tiré dos a lo que el las atrapo en el aire. ─Tengo que ir a trabajar ─habló Simone a mi espalda así que me volteé a ella y me topé con sus ojos y un perfecto delineado en ellos. ─Espero que cuando este de regreso no hayas tirado mis cosas por la ventana. Solté una risita y me recosté al mármol de la cocina. ─¿Tengo cara de hacer esas cosas? ─pregunté cruzando mis brazos sobre mi pecho. ─Tienes cara de que cuando salga por esa puerta quemaras mis cosas y luego tiraras las cenizas por la ventana. Negué con la cabeza. ─No ensuciaría mis manos en eso. ─ella asintió y en cuanto iba a hablar continué. ─Le pagaría a alguien para que lo hiciera ─continué hablando y ella solo elevó sus cejas perfectamente depiladas. ─¡Wow! ¿Gracias? ─No hay de qué ─caminé hasta la cafetera y dado a que ella estaba junto a ella nuestros brazos rozaron y una corriente eléctrica se dio paso en ambos por lo que ella soltó un quejido. ─Eres negativo ─susurró. Giré mi rostro a ella y la distancia que teníamos era mínima, por lo que mis labios estaban a casi centímetros de su cabello. ─¿Entonces tendría que decirte que tú eres positivo? Simone elevó su mirada y nuestros ojos volvieron a encontrarse y esta vez la distancia era más corta que antes. Me aclaré la garganta y desvié mi mirada para tomar una taza y llenarla de café. Simone se dispuso en caminar hacia su habitación y se lo agradecí ya que la distancia entre ambos era muy cercana y odiaba eso. Darth Vader soltó otro ladrido así que me giré a él y me mantuve observándolo ya que se encontraba ladrando en dirección al pasillo en donde Simone se perdió. ─Quieto, ella no nos robara o algo así ─dije en su dirección. Unos minutos después Simone pasó frente a la cocina con un bolso rojo en su hombro y unos tacones en rojo. No dirigió su mirada a mí, pero yo no pude dejar de observarla hasta que llegó a la puerta principal y luego volteó. ─Yo… ─se aclaró la garganta. ─Iré a trabajar, por favor no tires mis cosas. Levanté la taza de café en su dirección y luego empecé a caminar hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones. Escuché cuando la puerta principal fue abierta y luego cerrada informándome que en el enorme departamento solo nos encontrábamos Darth Vader y yo. Entre a mi habitación, encendí la televisión y me dispuse en continuar la serie que llevaba más de tres días tratando de terminar hasta que mi teléfono empezó a sonar sobre la mesita de noche. El nombre de Oliver, mi entrenador estaba en la pantalla así que decidí contestar. ─¿Oliver? ─¿Cuándo piensas volver al gimnasio? ─preguntó. ─¿Piensas que por ganar dos veces seguidas en una pelea ya no debes entrenar Hal? Pasé una de mis manos por mi rostro al recordar que tenía que volver al gimnasio y nuevamente la serie se retrasaría. ─Iré en tres horas. ─¿Por qué en tres horas? ─preguntó y no pude evitar rodar los ojos. ─Tienes una maldita pelea en dos semanas y tienes el descaro de colocar tu la hora de llegada a mi gimnasio. Solté un bufido. ─Iré ya ─dije antes de colgar. Me mantuve observando un punto en especifico de la pared para tratar de aclarar mis ideas y luego me levanté para caminar hasta el cuarto de baño, darme una ducha y prepararme para ir al gimnasio. # Casi una hora después ya me encontraba listo así que colgué mi bolso de gimnasio sobre mi hombro, tomé las llaves de mi auto, unos lentes negros y mi teléfono para salir de la habitación. Darth Vader se encontraba sobre la alfombra de la sala así que caminé hasta él pasé mi mano por el lomo de su cuerpo y este lamio mi mejilla. ─Cuida el departamento campeón ─dije al empezar a caminar hasta la puerta principal y luego me coloqué los lentes negros. Algo que llego a mi cerebro en ese momento fue el hecho de que Simone no tenía una llave para entrar al departamento y ninguno de los dos tenía el numero del otro para así comunicarse. Pasé una de mis manos por mi cabello desordenándolo un poco más y solo pensé en que quizás estaría de regreso antes que ella. Al estar dentro de mi auto mi teléfono vibro en el asiento del copiloto y decidí tomarlo solo para ver de quien se trataba. Un nuevo mensaje de Sebas. Decidí llegar al gimnasio para después responder a su mensaje. Media hora después ya estaba frente al maravilloso lugar en donde mis sueños empezaron a hacerse realidad. Gimnasio Eye of the Tiger. Sí, el gimnasio llevaba el nombre de una de las canciones de los 80's Bajé del auto y colgué la maleta en mi hombro para entonces revisar el mensaje de Sebas. Sebas: ¿A que no adivinas quien está en mi trabajo gracias a una entrevista? Hal: No soy adivino. Entre al gimnasio y de inmediato el aire acondicionado golpeo a mi rostro. Algunas caras conocidas se mostraron asombradas al tenerme en este lugar después de casi un mes y no pude evitar sonreír. ─El gran Hal Dyer ─dijo una voz tras de mí y sabía muy bien de quien se trataba. ─Escuché de tu nueva pelea. Volteé y me topé con uno de los chicos que estaba empezando en esto del boxeo. Una que otra vez tuvimos unas pequeñas discusiones, pero nada que un simple golpe en el cuadrilátero no arreglará. ─¿Qué hay hombre? ─estreché mi mano con la suya y luego nos dimos un golpe en la espalda. ─¿Estás listo para ganar? ─Claro que sí ─respondí con una sonrisa. Me quité los lentes y dirigí mi mirada a la puerta del fondo en donde Oliver salió por la puerta. Su tez morena se hizo presente, su cabello con algunas canas y su expresión seria que siempre lo caracterizaba. ─Nada de hablar y empieza a entrenar ─soltó con voz firme. ─Yo también me alegro mucho de verte Oliver. Coloqué mi maleta en una de las sillas y guardé mi teléfono en uno de los bolsillos. Empecé a caminar entre algunos chicos quienes estaban observándome como si fuera un Dios y solo sonreí. Tomé mis guantes de boxeo y le tendí mis manos a Oliver para que me ayudara con los guantes. ─Cuatro horas no serán suficientes Hal ─dijo en mi dirección. ─Vendré todos los días antes de la pelea y si llego a clasificar que sé que lo haré entonces arreglaremos el horario de prácticas ─respondí ─Recuerda que tengo gimnasio en mi pent-house y puedo practicar en las noches. ─No tienes a alguien que cuente el tiempo y mida la exactitud de tus golpes ─contestó. Solté una risita y empecé a caminar hacia mi saco de arena y le di un golpe ligero para lograr calentar mi cuerpo. ─Claro que lo tengo Oliver. ─¿Acaso has contratado un nuevo entrenador y no lo sé? ─se colocó tras la pera y le di un fuerte golpe. ─Una chica se mudó a mi departamento ─le di otro golpe a la pera y luego miré a sus ojos cafés. ─¿Qué tiene que ver la chica con el nuevo entrenador? ─Ella será mi entrenadora en casa y tu aquí ─volví a dar otro golpe, pero esta vez más fuerte. ─Más al centro y prueba con la izquierda ─ordenó Oliver y lo hice. Solté dos golpes con la derecha y luego uno con la izquierda justo en el centro. ─Se quedará hasta que finalicé el año ya que trabaja es de Reino Unido ─continué hablando. ─Darth Vader al parecer la acepta. ─No quiero que dejes tus sueños de llegar a ese campeonato por una chica Hal ─soltó. ─Claro que no Oliver, sabes que no soy de esos ─respondí. ─El boxeo siempre me ha apasionado y ya sabes que es mi mayor sueño, solo quería compartir el hecho de que no vivo solo. ─Una chica en la cima de tu carrera como boxeador no es nada bueno ¿No te has puesto a pensar que puede ser alguna chica que busca fama? Dejé de golpear la pera y dirigí mi mirada a sus ojos. Algunas gotas de sudor rodaron por mi frente y tuve que pasar el guante por ella. ─¿Crees que por eso llegó a mi departamento? ─volví a dar otro golpe. ─¿Una chica tocando a la puerta de un reconocido boxeador, a punto de entrar al campeonato en las vegas con una gran cuenta bancaria? ─soltó una risita. ─Pues claro que sí. ─¡Joder! ─le di un golpe tan fuerte a la pera que el cuerpo de Oliver se impulsó de igual manera. ─Ya sabes que paso con Ashley y tus peleas, solo estoy haciendo que habrás tus ojos y te que te entre en la cabeza que una noviecita en este momento de tu carrera no es buena para ti ─contestó. ─Dejemos de hablar de ella y entréname que para eso estoy aquí ─no miré a sus ojos ya que después de sus palabras solo me dejaron pensando en que podía ser cierto todo lo que decía. Estuve en el gimnasio por más de cuatro horas entrenando en diferentes ramas. Empecé en la pera, luego saltó en cuerda, entre cosas. Cuando observé a la ventana pude apreciar que ya era de noche y yo todavía estaba aquí. Recordé que Simone no tenía llave y dejé de lado ese pensamiento ya que las palabras de Oliver sobre una chica buscando mi fama seguían taladrando mi cabeza. Tomé mi maleta y caminé hasta el cuarto de baño para darme una ducha y terminar por cambiarme de ropa. En cuanto salí tomé mi teléfono y pude ver la notificación de mensajes. Sebas: Lina, tu amorío de una noche. Recordé la pequeña discusión que tuve con Lina y el hecho de que ahora trabajara con Sebas no me decía nada bueno. Caminé en dirección a la puerta en donde Oliver tenía su espacio personal para los que buscaban un lugar para entrenar y toqué a su puerta, aunque estaba abierta solo para que levantará la mirada. ─Me voy, nos vemos mañana ─dije y él asintió. ─Recuerda lo que te dije Hal ─decidí no responder así que solo continué con mi recorrido hasta salir del gimnasio y llegar a mi auto. Lo único que pasó por mi cabeza fue el hecho de que en cuanto llegara a casa tenía que decirle a Simone que buscara otro lugar para vivir porque claramente no podía tenerla en mi departamento y esperar que interfiriera en mis planes.
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