La atención de todos los invitados se posó sobre la mujer que habló. Ese tema de conversación sí que les interesaba mucho. —Así es, ella es la hija bastarda de los McGregor ¡Ja! —miró a Genevieve con arrogancia— ¡Tiene el descaro de pasearse con tal altivez frente a nuestros ojos —Lilibeth Weston volvió a hablar. —Hermana, cállate —Thomas Weston llegó junto a la mujer. Tras ella, el duque de Beaufort la miraba con ojos decepcionados. Por todo lo que poseída aseguraba que la amaba. Desde el momento en que besó sus labios rojos y dulces no pudo sacarla de su mente. Él, un duque adinerado y que podía tener a cualquier mujer a sus pies se había enamorado de una que estaba prohibida, porque por un lado, era la hermana de su mejor amigo y por otro, nunca ni siquiera con sus artimañas de se

