Dickenson sonrió. —Siento decepcionarte, pero no tiene nada de heroico ni glamuroso como lo pintan en las historias. Además, no todos los puestos en inteligencia son de espías; se necesita mucha gente para que todo funcione. Cassya le devolvió la sonrisa. —Bueno, eso le quita la gracia. ¿Qué hacías entonces si no eras espía? Él sonrió. —Eso es información confidencial, y tú no necesitas saberlo. Cassya fingió un puchero. —¿Es solo porque no quieres contármelo o por la ley de secretos oficiales? Él le dedicó una sonrisa velada. —Ambos. Finalmente llegaron a casa de Alaric, dejando a Cassya con otra noche para ella sola. Decidió terminar el libro que había empezado la noche anterior, con curiosidad por saber cómo terminaba la historia de venganza. Se preparó para dormir y se dispuso a l

