Un Refugio en la Oscuridad El viento nocturno era frío y cortante cuando Valentina y Gabriel lograron salir del fuerte. La adrenalina aún corría por sus venas, pero no podían permitirse el lujo de detenerse. Cada paso que daban los alejaba del peligro, pero también los adentraba en un territorio incierto. Gabriel sostenía la mano de Valentina con fuerza, casi con desesperación, como si temiera que si la soltaba, ella desaparecería. —Tenemos que seguir moviéndonos —susurró, girándose para mirarla. Valentina asintió, aunque el agotamiento pesaba sobre sus hombros. —¿Hacia dónde? Él miró a su alrededor, evaluando el terreno. Estaban en las afueras de la ciudad, cerca de un camino que llevaba al campo. Sabía que no podían quedarse cerca del fuerte, pues los soldados pronto estarían tras

