capitulo 16

484 Palabras
Un refugio entre sombras El sonido de las hojas crujientes bajo sus pies y el aroma a tierra húmeda envolvían el aire mientras Valentina y Gabriel avanzaban entre la espesura del bosque. La luna, oculta tras gruesas nubes, apenas iluminaba el camino. Después del enfrentamiento con los soldados, sabían que no podían quedarse cerca del pueblo. Si querían sobrevivir, debían moverse rápido. Gabriel iba delante, con los sentidos alerta, su daga aún manchada de sangre. Valentina lo seguía de cerca, su corazón latiendo con fuerza. Su cuerpo aún temblaba por la adrenalina, pero no podía permitirse ser una carga. —Debemos encontrar un refugio antes del amanecer —dijo Gabriel con voz tensa. —¿Tienes algún lugar en mente? —preguntó Valentina, sin aliento. —Sí. Una vieja cabaña en la ladera del cerro. Es un sitio que pocos conocen. Ella asintió, confiando en él. No tenía opción. Pero lo que más la inquietaba no era el peligro de los soldados, sino la intensidad con la que Gabriel la miraba. Había algo feroz y posesivo en sus ojos, como si temiera perderla. Caminaban en silencio, sus respiraciones entrecortadas por el esfuerzo. Finalmente, tras lo que pareció una eternidad, llegaron a la cabaña. Era una construcción pequeña y rústica, oculta entre la vegetación. Gabriel empujó la puerta con cautela y entraron. El interior estaba frío y oscuro, pero al menos ofrecía refugio. Gabriel encendió una vela con una cerilla que llevaba consigo, iluminando el espacio con una luz tenue. Valentina se dejó caer en una de las sillas de madera, sintiendo el agotamiento pesar sobre sus hombros. Gabriel se inclinó frente a ella, inspeccionándola con el ceño fruncido. —¿Te hicieron daño? Ella negó con la cabeza. —Estoy bien… solo cansada. Él suspiró y se pasó una mano por el cabello. —No debiste haberte arriesgado de esa manera. Valentina lo miró con incredulidad. —¿Y qué querías que hiciera? ¿Dejar que te capturaran? Gabriel apretó la mandíbula. —Prefiero eso a verte en peligro. El aire entre ellos se cargó de tensión. La forma en que Gabriel la observaba, con un fuego oscuro en la mirada, hizo que Valentina sintiera un escalofrío recorrer su espalda. No era miedo… era algo más profundo, más intenso. —No puedo perderte —murmuró él, su voz apenas un susurro. Antes de que ella pudiera responder, Gabriel la tomó por la cintura y la atrajo hacia él en un abrazo firme. Valentina sintió el calor de su cuerpo, el latido acelerado de su corazón contra el suyo. —No voy a dejar que te pase nada —prometió, con su rostro enterrado en su cabello. Ella cerró los ojos, dejando que el momento la envolviera. Sabía que el peligro aún acechaba, que los soldados volverían a buscarlos. Pero en ese instante, en los brazos de Gabriel, encontró un respiro en medio del caos.
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