capitulo 12

1104 Palabras
El peso del pasado y del futuro La tormenta había llegado con toda su fuerza, envolviéndolos en un diluvio implacable mientras buscaban refugio. Gabriel encontró una cueva al pie de una colina, apenas visible entre la lluvia y la maleza. Aunque modesta, era lo suficientemente profunda como para protegerlos del agua y el viento. —Será suficiente por ahora —dijo Gabriel mientras encendía un fuego improvisado con la poca leña seca que había logrado recoger antes de la tormenta. Valentina, aún empapada, se abrazó las rodillas mientras lo observaba. Había algo en la forma en que Gabriel se movía, eficiente y decidido, que le recordaba lo diferente que era este mundo al suyo. Este hombre vivía entre peligros constantes, siempre en alerta, mientras que ella, en su vida en 2024, se preocupaba por cosas tan insignificantes en comparación. —¿Qué piensas? —preguntó Gabriel de repente, su voz rompiendo el silencio. Valentina parpadeó, sorprendida. —En lo diferente que es todo aquí... Gabriel arqueó una ceja, claramente esperando más detalles. —En mi época... —comenzó, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Donde yo vengo, las cosas no son así. No estamos constantemente huyendo, y el peligro no es una parte diaria de la vida. Gabriel la observó en silencio, sus ojos oscuros buscando respuestas en su rostro. —Tu época —repitió lentamente, como probando las palabras—. Hablas de ella como si fuera otro mundo. Valentina tragó saliva. Nunca había hablado abiertamente con él sobre su verdadera procedencia, pero cada vez era más difícil mantener el secreto. —De alguna manera, lo es —respondió en voz baja, mirando las llamas del fuego—. Gabriel, ¿alguna vez has pensado que podría haber algo más allá de lo que conocemos? Algo... imposible de explicar. El hombre frunció el ceño, claramente desconcertado por la dirección de la conversación. —En la vida he visto cosas que no puedo explicar —admitió—. Pero nada me ha preparado para ti. Valentina levantó la vista, sorprendida por la intensidad en su tono. Gabriel sostuvo su mirada, como si quisiera arrancar las respuestas directamente de ella. —¿De dónde vienes realmente, Valentina? El corazón de ella latía con fuerza. Sabía que estaba llegando el momento de la verdad, pero ¿cómo podía explicarle algo tan inconcebible? —Vengo de un lugar lejano... —comenzó, las palabras fluyendo con dificultad—. Un lugar donde las cosas son muy diferentes. Un lugar donde... este tiempo es solo historia. La incredulidad se pintó en el rostro de Gabriel, pero no dijo nada, dándole espacio para continuar. —Vengo del futuro, Gabriel —confesó finalmente, su voz apenas un susurro—. Del año 2024. La cueva quedó en un silencio sepulcral, roto solo por el crepitar del fuego y el rugido distante de la tormenta. Gabriel la miró fijamente, sus ojos oscuros llenos de emociones que Valentina no pudo descifrar. —Eso es... —comenzó, pero luego se detuvo. Se levantó y caminó unos pasos, como si necesitara espacio para procesar lo que acababa de escuchar. Valentina sintió el pánico burbujeando en su pecho. —Sé que suena imposible, Gabriel. Pero es la verdad. No sé cómo llegué aquí ni por qué. Solo sé que cuando desperté, estaba en este tiempo, en este lugar. Gabriel se giró lentamente hacia ella, su rostro más sereno de lo que esperaba. —Tantas cosas de ti no tienen sentido —dijo finalmente—. Tu forma de hablar, tu conocimiento de cosas que nadie aquí entiende... Siempre supe que ocultabas algo, pero nunca imaginé esto. —¿Me crees? —preguntó Valentina, apenas respirando. —No sé si puedo entenderlo del todo —admitió Gabriel—. Pero te creo. El alivio la golpeó como una ola, pero antes de que pudiera decir algo más, él se arrodilló frente a ella, sus manos tomando las suyas con una firmeza inesperada. —Sea cual sea tu origen, Valentina, ahora estás aquí. Conmigo. Y no dejaré que nada ni nadie te aleje de mí. La intensidad de su declaración la dejó sin palabras. Gabriel no solo había aceptado su verdad, sino que también había reafirmado el vínculo que los unía, un vínculo que parecía volverse más fuerte con cada día que pasaba. Un giro inesperado El fuego crepitaba tranquilamente, llenando la cueva con un calor reconfortante. Valentina se recostó contra la pared, sus pensamientos aún girando alrededor de su confesión. Gabriel estaba sentado a su lado, tan cerca que podía sentir su calor. —Entonces, en tu tiempo... ¿qué hacías? —preguntó de repente, rompiendo el silencio. —Era doctora —respondió ella con una leve sonrisa—. Ayudaba a las personas a sanar, aunque no de la forma en que tú lo haces. Gabriel arqueó una ceja. —¿De la forma en que yo lo hago? —Con tus manos, con tu instinto. En mi tiempo, tenemos herramientas y conocimientos que aquí aún no existen. Él asintió, su expresión mostrando un destello de curiosidad. —Debes ser muy valiente para hacer algo así. Valentina se rió suavemente. —No más valiente que tú, enfrentándote a todo lo que se cruza en tu camino. El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero esta vez era cómodo, casi íntimo. Sin embargo, fue interrumpido por un ruido en la distancia. Ambos se tensaron al instante, sus instintos de supervivencia activándose. —Quédate aquí —ordenó Gabriel mientras tomaba su daga y se dirigía hacia la entrada de la cueva. —No voy a quedarme aquí sola —replicó Valentina, poniéndose de pie. —Valentina... —No. Si esto es peligroso, quiero enfrentarlo contigo. Gabriel la miró fijamente por un momento antes de asentir, aunque su mandíbula estaba tensada por la preocupación. —Entonces quédate detrás de mí. Avanzaron juntos hacia la entrada de la cueva, sus sentidos alerta. El ruido se hizo más fuerte: pasos, varias personas. Gabriel sostuvo la daga con firmeza, mientras Valentina trataba de mantener la calma. Cuando las figuras emergieron de entre los árboles, Gabriel se colocó frente a Valentina, su cuerpo listo para protegerla. —¡Ustedes! —gritó una voz masculina—. ¡Alto ahí! La tensión en el aire era palpable mientras el grupo se acercaba, y Valentina sintió que su respiración se aceleraba. Gabriel, sin embargo, no se movió, como una roca inamovible en medio de la tormenta. Valentina sabía que su mundo, ya lleno de incertidumbre, estaba a punto de cambiar de nuevo. Pero esta vez, con Gabriel a su lado, sentía que podía enfrentarlo todo.
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