capitulo 14

954 Palabras
Secretos entre las sombras El sol apenas comenzaba a asomarse tras la tormenta cuando Gabriel y Valentina salieron de la cueva. El aire fresco estaba cargado con el aroma de tierra húmeda, y el paisaje parecía haber despertado de su letargo nocturno. A pesar de la aparente calma, ambos sabían que los peligros seguían acechando. Gabriel se adelantó, revisando los alrededores para asegurarse de que no hubiera rastro de los hombres que los habían perseguido. Mientras tanto, Valentina se quedó observando cómo la luz del amanecer delineaba su figura. Había algo en él, en su manera de moverse, en la intensidad de su mirada, que la hacía sentir cosas que nunca había sentido antes. Sin embargo, su mente estaba enredada en una maraña de preguntas. ¿Cómo podría explicar lo que sabía del futuro? ¿Cómo podría hacerle entender que su tiempo juntos estaba condenado a terminar? El dilema de Valentina Mientras Gabriel revisaba el terreno, Valentina se sentó sobre una roca cercana, su mirada perdida en el horizonte. Pensaba en el día en que cruzó aquel portal y llegó a este tiempo. Todo había comenzado como un juego extraño del destino, pero ahora sentía que había encontrado algo más profundo de lo que jamás imaginó. “¿Qué haré cuando llegue el momento de volver?” se preguntó, su pecho apretado por la incertidumbre. Gabriel volvió junto a ella, limpiándose las manos en los pantalones. —El camino está despejado por ahora, pero debemos movernos antes de que decidan regresar —dijo, su voz firme pero calmada. —Gabriel… —Valentina lo llamó, su tono cargado de dudas. —¿Qué ocurre? Ella dudó, mordiéndose el labio inferior. No sabía si era el momento de hablar, pero sentía que debía intentarlo. —Hay algo que necesito decirte. Él se sentó a su lado, sus ojos clavados en ella, llenos de esa intensidad que siempre la dejaba sin palabras. —Dime lo que sea, Valentina. Ella respiró hondo, buscando el coraje para enfrentarse a sus propios miedos. —Yo… no pertenezco a este tiempo. Las palabras salieron al fin, ligeras pero cargadas de peso. Gabriel la miró con el ceño fruncido, como si estuviera tratando de procesar lo que acababa de escuchar. —¿Qué estás diciendo?.... no entiendo!!!! algo habías dicho pero no dije nada.... porque pensé que estabas alucinando....oh dios EXPLÍCAME POR FAVOR !!!! Valentina tomó su mano, aferrándose a él como si su contacto fuera lo único que la mantenía anclada. —Es complicado, pero vengo de un tiempo diferente. De 2024. No sé cómo sucedió, pero llegué aquí de alguna manera… a través de la iglesia me transporto a este tiempo Gabriel apartó la mano, su expresión una mezcla de confusión y escepticismo. —¿Quieres decir que eres… del futuro? —Sí. El silencio que siguió fue tan denso que parecía envolverlos como una niebla. —¿Y por qué me lo dices ahora? —preguntó finalmente, su tono bajo, casi un susurro. —Porque siento que te debo la verdad. Porque… te amo, Gabriel. La confesión lo dejó paralizado. Durante semanas, había sentido cómo su conexión se hacía más fuerte, pero escuchar esas palabras directamente de sus labios lo sacudió. El amor y la incertidumbre Gabriel se levantó de golpe, caminando de un lado a otro como un león enjaulado. —¿Qué significa esto para nosotros? ¿Piensas volver a tu tiempo? —No lo sé —admitió Valentina, poniéndose de pie—. Estoy atrapada entre dos mundos, Gabriel. Pero tú… tú eres lo único que me hace querer quedarme. Él se detuvo frente a ella, sus ojos oscuros llenos de emociones contradictorias. —Si te quedas, no habrá vuelta atrás. Este tiempo es peligroso, Valentina. No puedo prometerte seguridad ni estabilidad. Solo puedo prometerte que estaré a tu lado. —Eso es todo lo que necesito —respondió ella, acercándose hasta que sus cuerpos casi se tocaron. Gabriel la tomó del rostro, su toque firme pero delicado. —Eres mía, Valentina. Lo que sea que traiga el futuro, lo enfrentaremos juntos. Pero prométeme algo. —¿Qué cosa? —No vuelvas a esconderme nada. No importa lo extraño o imposible que sea, quiero saberlo todo. Ella asintió, las lágrimas brillando en sus ojos. —Te lo prometo. El beso que siguió fue diferente a todos los anteriores. Fue un pacto, una promesa silenciosa de que, a pesar de los obstáculos, lucharían por su amor. Un nuevo peligro El momento fue interrumpido por el sonido de cascos acercándose. Gabriel apartó a Valentina con rapidez, instándola a esconderse detrás de unos arbustos. —Quédate aquí —le ordenó en un susurro, sacando su daga. Ella quiso protestar, pero sabía que insistir solo complicaría las cosas. Mientras observaba desde su escondite, vio cómo un grupo de soldados aparecía a la distancia. Entre ellos estaba un hombre que parecía ser su líder, con una chaqueta azul oscura y una expresión fría como el acero. —¡Gabriel Montoya! —gritó el líder—. Sabemos que estás aquí. Entrégate y te prometo que tu muerte será rápida. Valentina sintió un nudo en el estómago. Sabía que Gabriel no se rendiría fácilmente, pero también sabía que las probabilidades estaban en su contra. Desde su escondite, buscó algo, cualquier cosa que pudiera ayudar. Su mirada se posó en una rama gruesa en el suelo. La tomó y la sostuvo con fuerza, decidida a hacer lo que fuera necesario para proteger al hombre que amaba. La batalla que se avecinaba pondría a prueba no solo su coraje, sino también la fuerza de su conexión. Porque en un tiempo lleno de incertidumbre, el único ancla que tenían era el amor que compartían.
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