Cap 17 Lo Amas

1091 Palabras
Lili caminó hasta su habitación, se dio una larga ducha y mientras se secaba el cabello recordó de nuevo a Roger, ella cerró sus ojos y aparecieron imágenes de él sonriéndole, jugando con ella, charlando y al final esa última noche juntos. Suspiró largo y cansado, habían pasado ya muchos años y ella seguía igual de enamorada como el primer día. Por la mañana Lili ayudó a Clara a vestirse, le puso un bello vestido rosa de princesa y peinó su cabello en un moño alto con un listón del mismo color, Bruno era muy independiente, pero le gustaba pasar tiempo con ellas, se peinaba en el espejo mirando a su madre y su hermana como conversaban y platicaban. “Estoy listo, iré a pedir verduras”. Lili estuvo de acuerdo y siguió peinando a su hija, exclamó feliz. “¡Te ves hermosa!”. Clara asintió bajando su cabecita con pena, Bruno salió de la hacienda, era muy grande y antigua, cuando llegaron a la isla, estaba abandonada, el padre de Lili la compró a un precio muy bajo, con el tiempo ellos fueron remodelando parte por parte, hasta que quedó habitable, era hermosa y estaba cerca de la playa, la hacienda fue comprada junto con algunas hectáreas donde tenían huertos de verduras, frutas y hierbas que usaban en el restaurante. Esto les ayudaba mucho a ahorrar dinero y usar sus propios productos. Con el tiempo les dieron trabajo a muchos pobladores tanto en la siembra como en el restaurante. Omar llegó a la dirección, era un gran portón, un hombre con una escopeta camino hasta él. “Buenos días”. “Buenos días, vengo a buscar a Liliana Montalvo”. Saludó cortésmente. El hombre examinó a Omar de arriba abajo. “¿Es usted Omar Méndez?”. Omar afirmó. El hombre al fin le regaló una sonrisa cordial. “Puede pasar y estacionar su coche en la parte derecha”. Omar encendió de nuevo su auto y entró conduciendo muy despacio mientras el gran portón de fierro se movía automáticamente, bajó del auto observando la gran casa, era una hacienda señorial muy vieja, pero fastuosa, tenía anchos muros donde se notaban algunos ladrillos viejos escondidos entre las enredaderas con flores de colores, crecían en la mayoría de las paredes. Los ventanales eran grandes y altos, tenía muchas figuras y los techos llenos de tejas cafés que le daban un aspecto añejo pero cálido. Camino hasta la puerta y se encontró con Bruno que llevaba una canasta. “Hola”. Bruno saludó. “Buen día señor Méndez”. Omar sonrió al notar lo amable y educado que era el chico. Notó que Bruno cargaba la canasta llena de verduras y frutas. “¿Te ayudó?”. Bruno le entregó la canasta y caminaron juntos a la casa. En la sala estaba el señor Arturo junto a su esposa conversando y tomando té. Al ver al hombre llegar se levantaron “Bienvenido señor Méndez, pase, mi hija está por bajar”. Omar saludó cortésmente. “Gracias, espero no importunar”. El hombre mayor muy animado mencionó. “Claro que no, Lili nunca trae a nadie a casa, es bueno tenerlo de invitado”. Lili bajó las escaleras junto a su hija que se escondía en su cuello. “Buenos días Omar”. Él se dio la vuelta para verla en las escaleras, seguía tan hermosa como hace años. “Buenos días”. Bruno salió de la cocina. “Mamá, la tía Coco dice que el desayuno estará en unos minutos”. Alondra y su hija Laura también bajaron. “Buenos días”. Lili presentó a Omar. “El es Omar Méndez, compañero de la universidad”. Alondra intrigada por la presencia del hombre miró de soslayó a Lili. “Un gusto Omar, bienvenido”. Lili caminó hasta donde estaba su padre y le entregó a la pequeña quien rápidamente se escondió en el cuello de su abuelo por la presencia de Omar, todavía no estaba acostumbrada. Todos fueron a la mesa, Lili le pidió a Omar sentarse frente a ella con Bruno a un lado, mientras ella se acomodaba con su hija para ayudarla a comer. El señor Arturo estaba fascinado con las historias de Omar sobre aquella ciudad que dejaron hace algunos años, su voz estaba llena de nostalgia al preguntar por algunos lugares. Su esposa sonreía al verlo tan emocionado y palmeaba su mano con cariño, este a su vez besaba su mano, amaba a la mujer y era una gran compañera de vida. Alondra miraba a Lili de vez en cuando de forma inquisitiva, quería saber todo sobre Omar, nunca había estado interesada en alguno y a todos los que se acercaban los rechazaba inmediatamente, pero Omar era distinto. Después del desayuno Lili invitó a Omar a pasear por la playa, los dos niños iban delante de ellos, mientras Lili y Omar conversaban, Clara giraba de vez en cuando a verlos, todavía reacia aceptar al hombre. Bruno apretó su mano. “No te preocupes no dejaré que le hagan daño a mamá”. Clara se sintió más tranquila con las palabras de su hermano, caminaron y jugaron con la orilla Omar miraba a los dos chicos y no pudo evitar preguntar. “Ellos… ¿Son hijos de Roger?”. Lili afirmó haciendo su boca en una línea. “Si” Ella sabía muy bien que no podía ocultar el parecido de sus hijos con su padre. Omar estaba algo inquieto, no tenía ni idea que ella era madre soltera. “Él lo sabe”. Lili negó tristemente. “No, nunca lo volví a ver después de que nos fuimos de la ciudad, lo último que escuche de él en la televisión es que se estaba haciendo cargo de la empresa de su padre y que estaba a punto de casarse”. Omar confirmó asentando con su cabeza y segundos después se detuvo. “¿Todavía lo amas?”. Lili se paró frente a él y escudriño sus ojos queriendo saber por qué lo preguntaba. “Si te lo negara estaría mintiendo… él nunca salió de mi mente y mi corazón y como veras tengo a dos pequeños que me lo recuerda a cada momento…” Lili vislumbró el horizonte mostrando en su rostro tristeza. “Pero se que mi amor nunca fue correspondido, Roger nunca me vio más que como una hermana pequeña”.
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