7 meses después. Me despierto sobresaltada en medio de la oscuridad de mi cuarto ante una pesadilla, mi corazón está desenfrenado, mi frente llena de sudor. Me tranquilizo cuando levanto el rostro y observo el de Gabriel ahí a mi lado, sus brazos me envuelven en un cálido abrazo que me reconforta y me tranquiliza, me pego más a él e intento dormirme nuevamente, pero me es imposible. —¿Qué pasa, pequeña? —me pregunta con voz ronca y adormilada. Sonrío al escucharlo, no pensé que estuviese despierto. Levanto mi rostro hasta que queda a la altura del suyo y le sonrío. Puedo decir que aún después de nueve meses de relación que tenemos esa sonrisa es la que me sigue descolocando por completo y hace que me siga enamorando cada día. —Tuve una pesadilla. —Hago una mueca lastimera al recordarla

