Gabriel. Una vez ella entra a su casa pongo el auto en marcha dispuesto a salir esta calle, debía ir a mi casa, más no quiero estar ahí. Manejé algunos minutos hasta llegar a mi destino, estacioné en el parque de siempre y bajé, detrás de este había una construcción de tres plantas, solo tenía las escaleras, pilares, pero ni una sola pared. Subí hasta el segundo piso, de un lado podías ver la avenida, del otro un terreno con pura arena naranja seguida de cientos de árboles. Opté por la segunda opción. Me senté en la orilla, acto seguido encendí un cigarrillo, la brisa fresca me daba en la cara, me relajaba. Fue entonces cuando me permití pensar en ella. Era tan fresca, tan inocente, ella es perfecta. Y su sonrisa acompañada de esos ojos brillosos que te inspiran tranquilidad. Cierro los

