Mamá sostenía la carpeta como si pesara más que el cartón. Marrón, esquinas gastadas, una etiqueta escrita a bolígrafo: “Lea & Jack – 200X”. —Vamos al comedor —dijo. Nos sentamos alrededor de la mesa: mamá y papá frente a nosotros, Jack a mi lado, Thiago un poco detrás, entre mi silla y la pared. No hablaba, pero estaba. Mamá abrió la carpeta. Dentro había sobres plásticos con papeles y un par de fotos sueltas. El primer documento era una carta de una asociación de adopción. Papá la empujó hacia nosotros. —“Trámite ordinario, sin contacto con la madre biológica” —leyó Jack, en voz baja, con los dientes apretados. Pasamos páginas: formularios, recibos, una lista de “controles prenatales” con fechas y un sello casi borrado. Me detuve ahí. El sello tenía un logotipo ovalado y, arriba, un

