El verano avanzaba más rápido de lo que quería admitir. Entre entrenamientos, reuniones del consejo y silencios incómodos en casa después de cada discusión con Thiago, empezaba a sentirme atrapada en una rutina que no me dejaba respirar. Por eso, cuando Aiko escribió al grupo para invitarme a la fiesta en casa de Will, no lo pensé demasiado. Necesitaba una noche de risas, música y normalidad. Algo que me recordara que seguía siendo yo, más allá de los secretos, los ataques y las verdades incómodas de los últimos días. La música se escuchaba desde la calle, vibrando en el suelo con cada golpe de batería. No era una fiesta enorme, solo una reunión en la casa de Will, pero después de todo lo que había pasado, se sentía como si estuviera entrando en otro mundo. Luces de colores, olor a pizza

