CAPITULO 35

1095 Palabras

Había pasado una semana desde el ataque. El cansancio todavía me seguía como una sombra pero ya podía caminar y hacer vida normal, aunque bastaba con un esfuerzo de más para que me dolieran hasta las pestañas. Thiago lo sabía y, aunque no lo decía, no me quitaba el ojo de encima. Cada vez que me levantaba, su mano aparecía en mi codo como si el suelo pudiera decidir tragarme sin previo aviso. Por eso, cuando mencioné que quería ver a mis amigos en la heladería del centro, la respuesta fue inmediata: —No. Me crucé de brazos. —Thiago, hace días que no los veo. Solo quiero un helado y volver. —No vas. —Su tono fue definitivo, de esos que pretendían cerrar una discusión antes de que empiece. —¿Y qué piensas hacer? ¿Encerrarme toda la vida en tu casa? —Aquí estás segura. —¡No me puede pa

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