AUTONOMÍA
Las personas hemos sido diseñadas para vivir en comunidad. Estar solos nunca fue parte del plan, e incluso, si alguien osara a dejar un bebé solo desde el momento de su nacimiento, no lograría sobrevivir, porque un bebé necesita quien lo alimente, quien lo proteja y quien lo cuide. Todos en algún punto necesitamos a alguien nos ayude, que nos cuide cuando estamos enfermos, que nos consuele cuando estamos tristes y que nos brinde una mano amiga cuando la nuestra ya no tenga fuerzas.
Esta es una verdad innegable, que todos en algún momento de nuestra vida, necesitaremos la intervención de alguien más. Sin embargo, a pesar de que hay momentos que ameritan del apoyo de un tercero, las personas portamos una habilidad que nos permite adaptarnos. Ya sea en un ambiente tan hostil como los áridos desiertos, tan húmedo y lluvioso como el Amazonas o tan inhóspitos como las templadas zonas de la Antártica, todos nos adaptamos al entorno donde convivimos. Siendo así, eso indica que la gente es capaz de sobrevivir a todo lugar. No obstante, hay personas que no logran pasar de la etapa de dependencia y como niños, esperan siempre que otras personas se hagan cargo de sus necesidades.
Mucha gente actualmente no conoce la virtud de ser autónomo. La autonomía es la capacidad o facultad que le permite a las personas un manejo propio. Poder tomar decisiones y ejecutarlas sin tener que pasar por las manos de alguien más. Para mí resulta un tanto intrigante saber que hay muchos que no desarrollan esta habilidad. El hecho de ver que hay quienes se sientan a esperar que otro acuda en rescate para ayudarles siempre, es hasta irónico. Que siempre necesitan ayuda, que siempre quieren que les resuelvan sus problemas y su vista no les permite ver más allá de lo que necesitan ellos.
Las personas autónomas me agradan porque son suficientes. No son orgullosos o tercos, como muchos los llaman, no son egoístas ni cabezas duras. Simplemente conocen que son capaces de hacer todo lo que se proponen. Sin hablar mucho, ni hacer mucho ruido, solucionan sus problemas por su cuenta. Ya saben lo que dicen, es mejor deber dinero y no favores, porque el dinero con interés se paga, pero los favores con una cadena de solicitudes, que más tarde te echan en cara, para avergonzarte y hacerte sentir inferior.
Por eso, ojalá todos fuéramos capaces de evitar causar molestias a los demás. De poder conseguir nuestras metas sin la necesidad de tener que pedir, de rogar, de molestar. Quizás, si todos fuésemos así, el mundo marcharía mejor, porque en un lugar donde todos son responsables de sí mismos, las cosas marchan mejor.
En la Biblia, el maestro Jesús nos dejó una enseñanza que podríamos utilizar alusiva para este tema: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame”. En palabras sencillas, nos está diciendo que cada quien tiene sus cosas, cada uno tiene su carga y es igual de pesada para cada quien. Quizás la carga mía para ti pese demasiado o viceversa, pero en efecto, cada uno tiene la suya, que debe arrastrar hasta el último día. ¿Sería justo entonces, solicitarle a otro que lleve la mía por un rato? Puede que sí, pero con el tiempo, sus fuerzas no bastarán para cargar ambas y tendrá que devolvérmela y yo me veré en la triste de realidad de tener que subsistir con lo que me toca llevar y quizás pueda hasta sufrir la vergüenza de ser humillado por la ayuda que se me dio en cierto momento.
Por otro lado, hay otro ejemplo de ello en la historia universal, que habla sobre la importancia de ser autosuficiente:
“Dale un hombre un pescado y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida”. Un simple acto que podría ser de descargo o despago, a veces, logra ser lo que necesitamos para crecer.
Entonces, de una manera o de otra, ser autosuficiente es una virtud. Es la capacidad de ser. Así sin añadidos. Poder elegir, poder decidir qué camino tomar. Disfrutar la libertad de poder realizar las cosas que te competen sin tener que aguardar a otro o causarle molestias. Es algo definitivamente que no tiene precio.
Así que si tu amigo lector, eres uno de esos que aún no ha dado el paso hacia la libertad de la autosuficiencia, aquí te tengo algunos consejos para que lo logres:
1. Acostúmbrate a organizar tus tareas del día a día, y distribuye tu tiempo para que puedas hacerlas todas.
2. En caso de tener una meta, ponle una fecha y un plan de ahorro para llevarla a cabo.
3. Cuenta los favores que pides al día como indicador para saber qué tanto molestas a los demás.
4. Si sabes que puedes hacerlo tú, hazlo. No te limites diciendo que no puedes, el límite lo pones tú.
Recuerda que nunca está mal pedir ayuda, pero acostumbrarte a que otra persona te resuelva la vida, te va a convertir en una persona insuficiente, lo que llevará que no puedas vivir solo. Cuando las personas que te ayudan ya no estén, entonces tendrás un problema y te verás obligado a sobrevivir por tu cuenta.
Ten siempre pendiente el hecho de que, aunque hoy esa ayuda que recibes está al alcance de tu mano, no estará para ti siempre. Que, no todos los que te brindan la mano son tus amigos, sino que lo hacen por compromiso o vergüenza, pero cuando das la espalda, ellos serán los primeros en exponer tu debilidad. Recuerda que todo lo que te impida crecer, es un obstáculo en tu vida, y es mejor subir solo y con dolor, a hacerlo en base a favores y con el esfuerzo del otro, pero, sobre todas las cosas, una vez ya hayas logrado ser una persona independiente, nunca olvides las manos que te ayudaron, que te abrieron puertas y que te apoyaron, para llevarte al lugar en donde te encuentras el día de hoy.