—¿Podemos quedarnos? —pregunté, pero era una sugerencia. —¿Qué? ¡No! Nos vamos a la casa. —Pero has bebido… Bebiste como tres tipos diferentes de whisky, y probaste el vino, y estás agotado… —enumeré y paseé mis dedos por su cuello—. Y sería una enorme irresponsabilidad que condujeras en ese estado —expuse, sujetándome de su cuello y moviendo los hombros, intentando poner un gesto seductor en mi cara. —¿Ese era el plan? Embriagarme para quedarnos. —Claro que nooo… —burlé y me reí con soltura—. Además, mi cama es grande. Nos acurrucamos y nos vamos mañana antes del mediodía —pedí, con la voz más dulce que el alcohol me permitió expresar. Pasé los dedos por su pecho, sobre los hilos de la camisa y luego sobre la fila de botones en medio. »Yo no puedo conducir sin licencia... Y a esta

