La mañana siguiente, bajé a desayunar con mi esposo como si nada hubiese ocurrido. Dudaba que nos hubiesen escuchado teniendo relaciones en el baño, pero no percibí miradas acusatorias ni algún tipo de incomodidad hacia nosotros. Una leve cefalea me fastidiaba, pero era producto de las pocas horas de sueño que tuve. Y viendo que el mediodía se acercaba, deseaba volver a casa. Hasta los momentos, mi padre y Nyx habían tenido un encuentro ameno, y no quería forzar la convivencia. —Nosotros debemos irnos —avisé a mis padres. —¿Y eso? Pensé que se quedarían a almorzar con nosotros —dijo mi madre, un poco desilusionada. —Es que quedé con Ahrianna, quiere comprar algunas cosas para el próximo semestre. Nyx me miró con curiosidad mientras bebía el jugo de arándanos. —Los compromisos siempr

