POV Nykolas Más tarde, guardamos la maleta y demás cosas de Amy en la cajuela del automóvil. El oso panda iba en el asiento trasero como un pasajero más, con los vestidos a su lado, el cinturón de seguridad puesto y casi mirando a través del vidrio de la ventana. —¿Entonces no vamos a casa? —averiguó Amy mientras yo conducía. —No, discutí con Reyna. —¿Por qué? Colocó la mano en mi rodilla y comenzó a masajearla. —Porque está loca y dijo muchas tonterías s-sobre nosotros. Amy resopló, y de soslayo vi cuando se cruzó de brazos. —Ni siquiera tú que eres su familia puedes estar en paz con ella, que quedará para el resto… —Fui muy grosero con ella… No debí serlo, pero ella tampoco debió decir lo que dijo. —¿Y qué dijo? —Nada bueno. —Dime qué fue lo que dijo —exigió, seria y con la m

