POV Nykolas Recogí a Reyna y a Martina en la casa y partimos en el auto a la filial. No hubo mucho intercambio de palabras, ni siquiera el tema básico del clima para hacer del silencio una estancia menos incómoda. Al llegar a la filial del seguro, un asesor nos atendió en una acogedora oficina de un cremoso gris cálido. No demoró en entregarnos unos documentos de retiro y recepción de póliza, que firmamos y él fue a procesar con otro oficinista, y al volver lo hizo con los cheques. Más verificaciones, sellos y firmas y salimos de ese lugar. —Que bonito es tu auto —opinó Reyna desde el asiento trasero, mientras yo conducía al banco. —Es de Amelia. —¿En serio? —Ajá. —Está muy cute. Y hasta trajo la sillita de bebé. Martina nunca había viajado en una silla así. Estacioné en el parquea

