Capítulo 17: Sombras del Pasado

2000 Palabras
Nicolás, cerró los ojos y dejó que su amor la envolviera. —Y yo siempre estaré contigo, Nicolás. Nicolás, cerró los ojos y dejó que su amor la envolviera. —Y yo siempre estaré contigo, Nicolás. Pase lo que pase, enfrentaremos esto juntos. La tormenta que se avecinaba parecía inevitable, pero en la fortaleza de su amor, encontraron el coraje para resistir. Porque sabían que, aunque el pasado intentara derribarlos, el futuro que estaban construyendo era inquebrantable. Esa noche, el peso de las preocupaciones parecía demasiado. Las intrigas de Lucía y Carlos, las amenazas veladas y las sospechas eran como una nube oscura sobre sus cabezas. Pero Nicolás e Isabella sabían que su relación no podía ser definida por los problemas externos. Decidieron, entonces, regalarse un momento solo para ellos, un espacio donde su amor fuera el único protagonista. Sentados en el sofá, sus miradas se encontraron. Los ojos de Nicolás, profundos y llenos de ternura, buscaban los de Isabella, como si quisiera asegurarse de que ella estuviera realmente allí, a salvo y presente. —Esta noche, no permitiremos que nada más importe —susurró él, inclinándose hacia ella. —Estoy contigo, Nicolás. Siempre contigo —respondió Isabella, con una sonrisa que iluminaba la habitación. El primer beso fue suave, un roce delicado que contenía todo el amor y la devoción que compartían. Pero pronto, la intensidad comenzó a crecer. Nicolás deslizó una mano por la cintura de Isabella, atrayéndola más cerca, mientras sus labios exploraban los de ella con un deseo contenido que ahora encontraba libertad. Isabella suspiró contra su boca, sintiendo cómo su cuerpo se rendía al calor de su toque. Sus dedos acariciaron el cabello de Nicolás, tirando suavemente de él mientras lo atraía aún más cerca. —Eres mi refugio, Isa —dijo Nicolás con la voz entrecortada, sus labios rozando el cuello de ella. —Y tú eres el mío —respondió Isabella, perdiéndose en la intensidad de sus caricias. El ambiente en la habitación cambió, la tensión y las preocupaciones se disiparon, reemplazadas por la electricidad palpable que solo ellos podían generar. Nicolás deslizó sus manos por la espalda de Isabella, acariciándola con una mezcla de ternura y pasión. Ella respondió, trazando delicadamente el contorno de su pecho, sus dedos explorando cada centímetro de su piel como si quisiera memorizarlo. La cercanía de sus cuerpos, el calor compartido y la profundidad de su conexión crearon un espacio donde el mundo exterior desapareció. Nicolás la levantó en brazos, llevándola al dormitorio. Allí, la luz tenue iluminaba sus rostros, reflejando la devoción que sentían el uno por el otro. Sus caricias se volvieron más audaces, cada movimiento guiado por la necesidad de expresar todo lo que no podían decir con palabras. Isabella, tendida junto a Nicolás, lo miró a los ojos y le susurró: —No hay nada más importante que esto. Tú, yo, nuestro amor. —Eres mi todo, Isa. Y siempre lo serás —respondió Nicolás antes de besarla nuevamente, con una intensidad que hacía desaparecer cualquier sombra de duda. La noche avanzó, y en cada beso, en cada caricia, se prometieron una vez más que nada ni nadie podría separarlos. En esos momentos de amor puro, entendieron que, aunque las tormentas siguieran viniendo, siempre encontrarían paz en los brazos del otro. Mientras tanto, Carlos y Lucía se encontraron esa misma noche en un pequeño bar. Habían mantenido contacto desde hacía semanas, ambos buscando respuestas y una forma de recuperar lo que creían haber perdido. —¿Estás segura de que esto funcionará? —preguntó Carlos, inquieto. —Confía en mí, Carlos. Si jugamos bien nuestras cartas, Nicolás e Isabella no sabrán qué los golpeó. Lucía era calculadora, y aunque su plan aún era un misterio, sus intenciones eran claras: desestabilizar a la pareja que le había arrebatado lo que una vez fue suyo De vuelta en casa, Nicolás e Isabella conversaron sobre lo sucedido en el parque. —¿Crees que Lucía pueda estar aquí por alguna razón más que −un cambio de aires−? —preguntó Isabella, con un tono preocupado. —Con Lucía, siempre hay una razón detrás de todo. Pero no te preocupes, Isa. No voy a permitir que nos afecte. Esa noche, decidieron ser precavidos. Contactaron nuevamente a Santiago, quien comenzó a investigar los movimientos recientes de Lucía y cualquier conexión con Carlos. A pesar de la incertidumbre, Nicolás e Isabella se prometieron no dejar que las sombras del pasado oscurecieran su presente. —Siempre seremos tú, Neythan y yo —dijo Nicolás mientras la abrazaba. —Y nada ni nadie nos separará —respondió Isabella, con la misma determinación. Juntos, sabían que podían enfrentar cualquier cosa. Y aunque el pasado intentara arrastrarlos hacia la tormenta, su amor seguía siendo su faro, inquebrantable y eterno. Los días siguientes transcurrieron con una calma que Nicolás e Isabella no daban por sentada. Después de semanas de incertidumbre y miedo, por fin podían disfrutar de la paz de su hogar, viendo a Neythan crecer rodeado de amor. Una tarde, mientras Isabella revisaba su agenda para coordinar su trabajo en la oficina y el cuidado de Neythan, recibió una notificación en su teléfono. Era un correo electrónico, y al abrirlo, su corazón se detuvo. −Estaremos más cerca de lo que imaginas. Cuida bien a los tuyos−. El mensaje era anónimo, pero las palabras resonaron como una amenaza velada. Apretó el teléfono con fuerza y, por un momento, consideró no decir nada a Nicolás. Sin embargo, había aprendido que la comunicación era su mejor arma contra cualquier problema. Esa noche, después de acostar a Neythan, le mostró el correo a Nicolás. —¿Otra vez? —preguntó él, su voz cargada de frustración. —No lo sé, Nicolás. Pensé que habíamos cerrado este capítulo, pero parece que alguien no quiere dejarnos en paz. Nicolás tomó el teléfono y llamó a Santiago, quien prometió investigar el origen del correo de inmediato. Mientras tanto, en un rincón de la ciudad, Lucía y Carlos se reunían en un discreto café. Ambos tenían razones para estar allí: resentimientos que habían crecido con los años, alimentados por las decisiones de Isabella y Nicolás. —Nicolás siempre fue tan predecible. Siempre creyó que podía controlar todo —dijo Lucía, su voz impregnada de sarcasmo. —Y Isabella no es diferente. Tan segura de sí misma, creyendo que su felicidad es intocable —respondió Carlos, con una sonrisa amarga. —Es hora de recordarles que no todo en la vida es tan perfecto como creen. Lucía y Carlos sellaron su alianza con un brindis, convencidos de que juntos podrían desestabilizar a la pareja que tanto envidiaban. De vuelta en casa, Nicolás e Isabella se sentaron en la sala, evaluando sus próximos pasos. —No puedo dejar de pensar en que esto tiene que ver con alguien cercano a nosotros —dijo Isabella, abrazándose las rodillas. —Sea quien sea, no permitirá que nos afecte más de lo que ya lo ha hecho. Isa, nuestra prioridad es Neythan y proteger lo que nuestro matrimonio. —Y lo haremos juntos, como siempre —respondió ella, tomando su mano. Esa noche, mientras se acostaban, se prometieron que enfrentarían cualquier tormenta con la misma fuerza que habían demostrado hasta ahora. Los días siguientes estuvieron llenos de pequeños indicios de que algo más grande se avecinaba. Extrañas llamadas a la clínica de Nicolás, flores anónimas enviadas a la oficina de Isabella, y finalmente, un encuentro inesperado: Carlos apareció frente a la oficina de Isabella con una sonrisa que no presagiaba nada bueno. —Isabella, tanto tiempo sin verte. Ella sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones, pero se obligó a mantener la compostura. —Carlos, ¿qué haces aquí? —Solo quería saludarte. Parece que la vida te ha tratado bien. La conversación fue breve, pero las intenciones de Carlos quedaron claras: no estaba allí por casualidad. Esa noche, Isabella le contó a Nicolás lo sucedido. —No puede ser una coincidencia que Carlos aparezca justo ahora —dijo Nicolás, frunciendo el ceño. —Ni que Lucía esté en la ciudad —agregó Isabella, recordando su encuentro reciente con la exesposa de Nicolás. Ambos sabían que el pasado estaba regresando con fuerza, pero también estaban decididos a proteger su presente. Con la ayuda de Santiago, comenzaron a trazar un plan para anticiparse a cualquier movimiento de Lucía y Carlos. Sabían que la clave estaba en mantenerse unidos y un paso adelante. —Lo más importante es no caer en su juego —dijo Santiago durante una reunión en su casa. —Y no lo haremos. Porque lo que tenemos es mucho más fuerte que cualquier cosa que puedan intentar contra nosotros —afirmó Nicolás, tomando la mano de Isabella. Aunque las sombras del pasado seguían acechando, su amor era un escudo que ningún enemigo podía atravesar. Juntos, estaban listos para enfrentar lo que fuera necesario, porque sabían que, al final, siempre serían ellos contra el mundo. La calidez del momento en el sofá perduró en el aire, como si el amor que compartían pudiera detener el tiempo. Pero la vida tenía una manera cruel de recordarles que la tranquilidad no siempre dura. Al día siguiente, Nicolás recibió una llamada de la clínica temprano en la mañana. Algo en la voz de su secretaria, Carmen, lo puso en alerta. —Doctor Miranda, siento molestarlo tan temprano, pero alguien estuvo rondando por aquí anoche. Las cámaras captaron a una mujer intentando entrar a su oficina. Nicolás sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —¿Lograron identificarla? —preguntó, mientras Isabella lo miraba desde la cocina, preocupada. —No claramente, pero... parece ser Lucía. Nicolás apretó los dientes, tratando de mantener la calma. Agradeció a Carmen por informarle y colgó. Al voltear hacia Isabella, vio la preocupación en su rostro. —¿Qué pasa? —preguntó ella, dejando a Neythan en su silla alta para acercarse. —Parece que Lucía estuvo en la clínica anoche. Isabella frunció el ceño. —¿Qué crees que quiere ahora? —No lo sé, pero sea lo que sea, no dejaré que nos afecte. El día continuó con normalidad, al menos en apariencia. Nicolás pasó la mañana atendiendo pacientes, pero no podía sacarse de la cabeza la aparición de Lucía. Mientras tanto, Isabella trabajaba desde casa, coordinando un nuevo proyecto editorial. Por la tarde, mientras recogía a Neythan del jardín infantil, un auto se detuvo junto a ella. La ventanilla bajó lentamente, revelando el rostro de Carlos. —Isabella, qué casualidad encontrarte aquí. Ella se tensó al instante, sosteniendo a Neythan con más fuerza. —Carlos, ¿qué haces aquí? —Solo quería verte. Después de todo, compartimos tanto tiempo juntos, ¿no crees que merezco al menos una conversación? —No tengo nada que decirte —respondió ella, intentando mantenerse tranquila. Carlos sonrió, pero sus ojos mostraban algo más oscuro. —Quizás deberías reconsiderarlo. Nunca sabes cuándo podrías necesitar un viejo amigo. Antes de que pudiera responder, Carlos aceleró y desapareció por la esquina. Esa noche, Isabella le contó a Nicolás lo sucedido. Mientras hablaban, su teléfono sonó. Era Santiago. —Nicolás, hice un poco más de investigación sobre Lucía y Carlos. Parece que han estado viéndose con frecuencia últimamente. —¿Qué tan frecuentes? —preguntó Nicolás, alarmado. —Suficientemente frecuentes como para preocuparme. No creo que sea casualidad que ambos estén apareciendo en sus vidas al mismo tiempo. Nicolás agradeció la información y colgó, sintiendo que las piezas comenzaban a encajar. Esa noche, mientras Isabella y Nicolás se abrazaban, decidieron que no permitirían que Lucía y Carlos les arrebataran la paz que tanto les había costado construir. —No importa lo que tramen. No están solos. Tenemos a Santiago, tenemos a nuestra familia y, sobre todo, nos tenemos el uno al otro —dijo Nicolás, acariciando la mejilla de Isabella. —Y mientras estemos juntos, nada podrá derribarnos —respondió ella con determinación. Sabían que el camino no sería fácil, pero también sabían que su amor era lo
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