Capítulo 15: Un Amor en Medio de las Tormentas

2000 Palabras
Atrayéndola más cerca, como si quisiera grabar ese momento en su alma. —Nicolás… —susurró su nombre entre besos, como si eso fuera suficiente para expresar todo lo que sentía. —Isabella, eres todo para mí —respondió él, separándose apenas para mirarla directamente a los ojos. Él la levantó en brazos y la llevó hacia la cama, colocándola con cuidado, como si fuera el tesoro más preciado que había conocido. Mientras se deslizaba junto a ella, cada movimiento estaba lleno de una mezcla perfecta de ternura y deseo. Isabella lo miraba, fascinada por la forma en que la hacía sentir: segura, deseada y amada. Su conexión era más que física; era como si sus almas se comunicaran en un idioma que nadie más entendía. Sus manos exploraron cada rincón del otro, no con prisa, sino con la intención de memorizar cada detalle. La habitación se llenó de susurros, de promesas murmuradas entre besos, y del sonido de sus respiraciones entrecortadas mientras sus cuerpos se unían en una danza perfecta. Cuando finalmente se quedaron enredados entre las sábanas, sus cuerpos brillaban con la luz tenue de la luna que se filtraba por la ventana. Isabella apoyó la cabeza en el pecho de Nicolás, escuchando el ritmo constante de su corazón. —Gracias por amarme así —dijo ella en voz baja, acariciando su pecho con movimientos suaves. Nicolás besó su frente, dejando que sus labios permanecieran ahí unos segundos, como si quisiera transmitirle todo lo que sentía. —Gracias por permitirme hacerlo. La noche podría haber terminado ahí, pero Isabella sintió una necesidad imperiosa de hablar. De compartir algo que había guardado en lo más profundo de su ser. —Nicolás… —empezó, con una ligera vacilación en su voz. —¿Qué sucede? —preguntó él, incorporándose ligeramente para mirarla mejor. —Hay algo que necesito decirte. Algo que he sentido desde hace mucho tiempo, pero que nunca supe cómo expresar. Nicolás la observó, su mirada llena de paciencia y ternura. —Lo que sea, puedes decírmelo. Isabella tomó una profunda bocanada de aire antes de continuar. —Antes de conocerte, nunca pensé que sería posible amar a alguien de esta manera. Pensaba que el amor era… complicado, lleno de dudas y sacrificios que nunca te recompensaban. Pero tú… tú cambiaste todo eso. Me enseñaste que el amor puede ser simple, incluso en medio de las tormentas. Nicolás la miró con una intensidad que hizo que sus palabras parecieran grabarse en el aire. —Eres mi todo, Nicolás. Mi presente, mi futuro. Las palabras de Isabella llenaron la habitación con un peso tangible. Nicolás, visiblemente conmovido, tomó su rostro entre sus manos y la besó con una devoción que dejó claro que sus sentimientos eran correspondidos. —Isabella, nunca dejes de creer en lo que tenemos. Porque lo que compartimos es único. No importa lo que enfrentemos, siempre seremos nosotros contra el mundo. Mientras la noche avanzaba, Isabella y Nicolás se dieron cuenta de que su amor no solo era un refugio, sino también un faro que los guiaría a través de cualquier tormenta. Y mientras dormían, sus cuerpos entrelazados, el mundo exterior desapareció una vez más, dejando solo el amor que habían prometido proteger, pase lo que pase. Principio del formulario La mañana comenzó con el sol entrando suavemente por las ventanas de la habitación. Isabella despertó primero, acurrucada en los brazos de Nicolás. Observó su rostro en calma, las líneas de su mandíbula y los labios que tanto había besado la noche anterior. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras acariciaba suavemente su pecho. Nicolás, como si percibiera su toque, abrió los ojos y la miró con adoración. —Buenos días, amor —dijo, su voz grave y cálida por el sueño. —Buenos días —respondió Isabella, inclinándose para dejar un beso suave en sus labios. La tranquilidad de ese momento fue interrumpida por el suave llanto de Neythan desde su habitación. Isabella río mientras se levantaba de la cama. —Voy por nuestro pequeño rey —dijo antes de desaparecer por el pasillo. Mientras Isabella cuidaba de Neythan, Nicolás se preparó para enfrentar el día. Era lunes, y la clínica estaba más ocupada que nunca. Ambos estaban comprometidos con sus trabajos Isabella ya tenía un tiempo que había dejado su trabajo anterior y ayuda a su esposo en su clínica, pero siempre encontraban formas de equilibrar su vida profesional y familiar. La rutina de la mañana avanzó sin problemas, pero la calma no duró mucho. Durante una pausa en su consulta, Nicolás recibió una llamada de Isabella. Su voz sonaba alterada. —Nicolás, necesito que vengas a la recepción. Está… está aquí. —¿Quién está ahí? —preguntó, su corazón acelerándose. —Carlos. Mi exesposo. Nicolás sintió cómo la tensión se apoderaba de su cuerpo. Carlos, el hombre que había dejado a Isabella emocionalmente herida, ahora estaba en la clínica, queriendo hablar con ella. Sin decir más, Nicolás dejó lo que estaba haciendo y se dirigió rápidamente a la recepción. Cuando llegó, encontró a Carlos de pie, un hombre alto de cabello oscuro y ojos intensos. Aunque su postura era tranquila, había un aire de arrogancia que a Nicolás no le gustó. Isabella estaba a su lado, su expresión una mezcla de incomodidad y sorpresa. —¿Carlos? —dijo Nicolás, rompiendo el silencio con un tono firme pero controlado. —Nicolás, supongo —respondió Carlos, con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos. —Solo vine a hablar con Isabella. —Si tienes algo que decirle, puedes hacerlo en mi presencia —dijo Nicolás, colocando una mano protectora sobre el hombro de Isabella. Isabella tomó aire y dio un paso adelante, mostrando su fortaleza. —Carlos, ¿Qué haces aquí? Ya no tenemos nada de qué hablar. —Solo quería ver cómo estabas, Isabella. ¿Cómo estás? me entere que tienes un hijo, lo que nunca pudimos lograr —respondió, pero su tono insinuaba algo más. —¡Si! mi esposo y yo tenemos un hijo, su nombre es Neythan —interrumpió Nicolás, su voz firme. —Y es mi hijo. El comentario encendió una chispa de tensión en el ambiente. Carlos frunció el ceño, pero antes de que pudiera responder, Isabella habló con calma. —Carlos, agradezco que hayas venido, pero no permitiré que vengas aquí a intentar crear problemas donde no los hay. Carlos pareció sorprendido por la firmeza de sus palabras. —No vine a crear problemas, Isabella. Solo quería verte, quería saber si… si aún queda algo entre nosotros. Las palabras de Carlos cayeron como una bomba. Nicolás apretó la mandíbula, pero Isabella fue quien dio un paso adelante, su mirada encendida de determinación. —Carlos, lo nuestro terminó hace mucho. Estoy con Nicolás, y estoy feliz. Él me ama de una forma que tú nunca pudiste, y yo lo amo a él con todo mi ser. Por favor, no vuelvas a buscarme. Carlos pareció procesar las palabras de Isabella por un momento antes de asentir, aunque su expresión era una mezcla de derrota y algo que Nicolás no pudo identificar del todo. —Entiendo. Perdón por interrumpir —dijo finalmente antes de marcharse. Cuando Carlos salió, Nicolás envolvió a Isabella en sus brazos, notando cómo su cuerpo temblaba ligeramente. —Estoy aquí, amor. No tienes que enfrentarte a nada sola —murmuró contra su cabello. —Lo sé. Pero necesitaba que él escuchara esas palabras de mi boca. Esa noche, Nicolás e Isabella visitaron a los padres de ella, quienes habían sido un pilar importante en su vida. Neythan, como siempre, fue la estrella de la reunión, llenando la casa de risas con sus pequeñas travesuras. Durante la cena, Isabella compartió lo sucedido con Carlos. Aunque sus padres mostraron preocupación, también expresaron su apoyo incondicional. —Lo importante es que estás con alguien que te ama y te respeta —dijo su madre, tomando su mano. Nicolás, sentado a su lado, apretó suavemente su pierna bajo la mesa, como si reafirmara su compromiso con ella. Más tarde esa semana, Isabella y Nicolás organizaron una pequeña reunión con sus amigos cercanos. Era un esfuerzo por fortalecer sus lazos sociales, pero también por dejar en claro que su relación era sólida. Entre risas y anécdotas, encontraron un espacio para celebrar el amor y la amistad. Uno de los amigos de Nicolás, Santiago, le tomó aparte durante la noche. —Nicolás, ¿estás seguro de que puedes manejar todo esto? —preguntó con seriedad. —Nunca había estado más seguro de algo en mi vida —respondió Nicolás sin titubear, mirando a Isabella al otro lado de la habitación mientras ella reía con sus amigas. Al final de la semana, Isabella y Nicolás se encontraron en la sala, agotados pero felices. Neythan dormía profundamente, y el silencio de la casa era reconfortante. —¿Sabes qué me hace feliz? —preguntó Isabella, rompiendo el silencio. —¿Qué? —respondió Nicolás, acariciando su mejilla. —Que después de todo lo que hemos pasado, aquí estamos. Juntos. Más fuertes que nunca. Nicolás sonrió, inclinándose para besarla con ternura. —Siempre será así, Isabella. No importa quién intente separarnos, no importa qué desafíos enfrentemos. Siempre seremos tú, Neythan y yo. Y en ese momento, ambos supieron que su amor era invencible, un faro que seguiría iluminando su camino sin importar cuán oscura fuera la tormenta. Las semanas transcurrieron en un delicado equilibrio entre la rutina y la euforia de saber que tenían un futuro prometedor juntos. Isabella y Nicolás habían aprendido a convertir su hogar en un refugio donde nada ni nadie podía dañarlos. Neythan, con su risa contagiosa y su inocencia, era el pegamento que mantenía todo unido. Una tarde, mientras Isabella preparaba la cena, Nicolás entró a la cocina con Neythan en brazos, ambos riendo después de una sesión de juegos en el jardín. —Parece que alguien se divirtió demasiado —dijo Isabella con una sonrisa, observando las mejillas sonrojadas de ambos. —Este pequeñín tiene energía infinita —respondió Nicolás, dejando a Neythan en el suelo para que jugara con sus bloques. Nicolás se acercó a Isabella, la rodeó con sus brazos y apoyó la barbilla en su hombro. —¿Sabes? Estaba pensando que deberíamos tomarnos un fin de semana para nosotros. Algo tranquilo, solo tú y yo. Isabella levantó una ceja, intrigada. —¿Y Neythan? —Podemos pedirle a Sofía que se quede con él. Sé que no solemos separarnos de él, pero creo que también necesitamos un tiempo para nosotros. La idea era tentadora. Isabella sabía que su relación con Nicolás era sólida, pero también entendía la importancia de mantener viva la chispa entre ellos. —Me gusta cómo piensas, doctor Miranda —respondió, girándose para besarlo suavemente. Sin embargo, la vida no tardó en presentarles un nuevo desafío. Al día siguiente, mientras Isabella revisaba su correo, encontró un mensaje de su antigua jefa donde trabajaba antes de dedicarse por completo a Neythan, su nueva vida y la clínica de ella y su esposo. La oferta era tentadora: regresar como la gerente con un proyecto ambicioso, pero demandante. Esa noche, compartió la noticia con Nicolás. —¿Qué opinas? —preguntó, insegura. —Creo que es una oportunidad maravillosa para ti, Isa. Sé cuánto amabas ese trabajo. —Sí, pero ahora tengo otras prioridades… nuestra familia, Neythan, tú. —Y también tienes derecho a seguir creciendo como profesional. Vamos a encontrar una forma de equilibrar todo. Estoy contigo. El apoyo incondicional de Nicolás llenó a Isabella de esperanza. Aunque la oferta la emocionaba, también la aterraba. No quería descuidar a su familia, pero sentía que era el momento de retomar una parte de sí misma que había dejado atrás. Las semanas siguientes fueron un torbellino de cambios. Isabella aceptó el trabajo y pronto se encontró organizando su tiempo entre la familia y el proyecto. Nicolás, por su parte, se aseguró de estar presente, ayudando en casa y con Neythan, demostrando que
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