Capítulo 14: A través de la Turbulencia

2000 Palabras
El murmullo constante del motor del avión era el único testigo de su entrega. Sus respiraciones se entrelazaban, creando una sinfonía íntima que resonaba en la pequeña cabina. Sin embargo, la chispa de amor y deseo entre ellos era solo el preludio de algo más profundo, algo que estaba destinado a desbordarse y cambiar sus vidas para siempre. Isabella se apartó ligeramente, su frente rozando la de Nicolás, ambos intentando recuperar el aliento. Sus ojos se encontraron, y en ese intercambio silencioso, había una promesa inquebrantable. Pero justo cuando ella pensaba que la tranquilidad del momento los envolvería, un destello de duda cruzó por su mente. —¿Qué ocurre? —preguntó Nicolás, su voz baja y cargada de preocupación. Isabella negó con la cabeza, pero no pudo evitar morderse el labio inferior. Sabía que su amor era tan apasionado como complejo, y aunque no podía imaginar su vida sin él, las sombras de su pasado siempre parecían acechar. —Es solo que… —empezó, pero sus palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Nicolás tomó su mano con firmeza, sus ojos oscuros llenos de determinación. —Isabella, no importa lo que sea, estoy aquí. Siempre lo estaré. Ella sonrió, aunque la inseguridad seguía latente. Sabía que Nicolás tenía una vida antes de ella, una vida que incluía a Lucía, su exesposa. Aunque Nicolás le había asegurado que su matrimonio estaba roto mucho antes de conocerse, las marcas de aquella relación aún pesaban en su mente. Como si el destino quisiera poner a prueba su amor, el teléfono de Nicolás comenzó a vibrar en el bolsillo de su chaqueta. La pantalla iluminada reveló un nombre que Isabella prefería no ver, Lucía. El ambiente cambió de inmediato. La mirada de Nicolás se oscureció, y aunque apagó el teléfono sin contestar, el daño estaba hecho. Isabella sintió un nudo formarse en su estómago, una mezcla de celos e inseguridad que no pudo controlar. —¿Por qué sigue llamándote? —preguntó en un susurro, tratando de sonar casual, pero sus ojos delataban la tormenta que se gestaba en su interior. —Isabella… —Nicolás suspiró, pasándose una mano por el cabello. Su gesto mostraba frustración, pero no hacia ella, sino hacia la situación. —No quiero que te preocupes por eso. Lucía y yo no tenemos nada que ver. —¿Entonces por qué insiste? —replicó Isabella, más enfáticamente esta vez. Nicolás la miró, su rostro serio pero lleno de ternura. —Tal vez porque no sabe aceptar que he seguido adelante. Pero eso no cambia nada entre nosotros. Isabella quería creerle, pero las heridas del pasado tenían una forma cruel de reabrirse en los momentos más inesperados. Decidida a no dejar que sus celos sabotearan el momento, Isabella respiró hondo y se obligó a sonreír. —Está bien —dijo, aunque una parte de ella seguía sintiéndose vulnerable. Nicolás, siempre intuitivo, no dejó pasar su malestar. Tomó su rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo. —No hay lugar para nadie más en mi corazón. Eres tú, Isabella. Solo tú. Sus palabras eran sinceras, pero también encendieron algo en ella, un deseo no solo de amor, sino de reafirmar su conexión de una manera que nadie pudiera cuestionar. —Entonces demuéstramelo —susurró, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y seducción. Nicolás no necesitó más invitación. La atrajo hacia él con un movimiento decidido, sus labios encontrándose en un beso que no dejaba espacio para dudas. La pasión que compartían era tan intensa que parecía que el tiempo se detenía. Mientras el avión atravesaba una ligera turbulencia, ellos se aferraron el uno al otro, como si el mundo exterior no existiera. Isabella sintió cómo su amor se transformaba, volviéndose más profundo, más complejo. Cuando finalmente se separaron, sus miradas hablaron más de lo que las palabras podrían expresar. Sin embargo, el momento se vio interrumpido nuevamente, esta vez por un anuncio del capitán indicando que aterrizarían pronto. —Será mejor que nos preparemos —dijo Nicolás con una sonrisa traviesa, aunque sus ojos todavía estaban cargados de emoción. —Sí, supongo que deberíamos —respondió Isabella, aunque una parte de ella deseaba quedarse en ese pequeño universo donde solo existían ellos dos. Al aterrizar La llegada al aeropuerto marcó el regreso a la realidad. La multitud, el bullicio y la rutina cotidiana parecían insignificantes comparados con la intensidad de lo que habían compartido en el avión. Sin embargo, al cruzar la sala de espera, Isabella no pudo evitar notar una figura familiar esperándolos: Lucía. El corazón de Isabella dio un vuelco. Lucía estaba impecable como siempre, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Nicolás, qué sorpresa verte aquí —dijo Lucía, ignorando completamente a Isabella. Nicolás se tensó, su postura cambiando de inmediato. —Lucía, no es un buen momento —respondió, su voz firme pero educada. Pero Lucía no se dejó intimidar. Sus ojos se posaron en Isabella, evaluándola con una mezcla de curiosidad y desdén. —hola Isabella, expreso con una frialdad e invidia por estar en el lugar de ella, diciendo espero que la allá pasado delicioso en tu luna de miel, así como la pase con Nicolás cuando nos casamos fue maravilloso. Isabella no permitió que el comentario la desestabilizara. En cambio, levantó la barbilla y extendió una mano con elegancia. —Encantada de verte de nuevo, Lucía. La tensión entre las dos mujeres era palpable, y Nicolás estaba claramente incómodo. —Lucía, por favor, no hagamos esto aquí. —No estoy haciendo nada, solo quería saludar. Aunque debo admitir que esperaba que fueras más… —Lucía hizo una pausa, sonriendo de manera condescendiente— emotivos. Isabella sintió que sus celos se transformaban en algo más poderoso: una determinación de no permitir que Lucía tuviera poder sobre ellos. —Creo que ya hemos tenido suficiente de esto —dijo Isabella, tomando la mano de Nicolás con seguridad. —Tenemos cosas importantes que atender. Nicolás pareció aliviado por su firmeza. Sin embargo, mientras se alejaban, Isabella no pudo evitar preguntarse cuánto más podrían resistir las pruebas que el pasado de Nicolás parecía empeñado en arrojarles. Esa noche, la casa estaba envuelta en una paz que parecía casi irreal después de las turbulencias emocionales de las últimas horas. La suave caricia que recibía de Neythan, acurrucado en los brazos de Isabella, llenaba el aire con una dulzura que hacía que cualquier sombra de inseguridad se desvaneciera. Ella lo observaba mientras su pequeño jugaba con su cabello, ajeno al peso del amor y las emociones que se cruzaban entre sus padres. Desde la cocina, Nicolás echó un vistazo hacia ellos, incapaz de contener la calidez que se encendía en su pecho. Ver a Isabella con Neythan, su hijo, era un recordatorio constante de que había tomado las decisiones correctas, incluso cuando habían sido difíciles. —¿Qué miras? —preguntó Isabella, atrapándolo en plena contemplación. —Solo a la mujer más hermosa del mundo —respondió él con una sonrisa que derretiría el corazón más frío. Isabella río, su risa ligera como una melodía, y depositó un beso en la frente de Neythan antes de llevarlo a su cuna. Nicolás aprovechó la oportunidad para terminar de preparar la cena, una mezcla sencilla pero deliciosa de pasta y vino que parecía ideal para una noche tranquila en casa. Cuando se sentaron a la mesa, la conversación fluía con facilidad, como si el peso de los recientes eventos quedara atrás. Hablaron de Neythan, de sus pequeños logros y de los planes para el fin de semana. Pero mientras el reloj avanzaba, un tema más serio flotaba en el aire, esperando ser abordado. Finalmente, Nicolás dejó su copa de vino en la mesa y tomó la mano de Isabella. —Quiero hablar de lo que pasó en el aeropuerto —dijo con suavidad. Isabella se tensó ligeramente, pero asintió, sabiendo que era necesario enfrentar aquello. —Lucía siempre ha tenido una forma de… querer controlarlo todo —comenzó Nicolás. —Y aunque le he dejado claro que nuestra relación terminó, todavía se aferra a ciertas cosas. —¿Cosas como tú? —preguntó Isabella, su tono más inquisitivo que acusatorio. —Sí, pero no de la forma en que piensas. Creo que se aferra más a la idea de lo que representábamos juntos que a mí como persona. Pero ya no hay nada entre nosotros, Isabella. Mi vida, mi futuro, están contigo y con Neythan. Las palabras de Nicolás eran sinceras, pero Isabella sabía que la complejidad de las emociones humanas no siempre permitía que los asuntos del corazón se resolvieran tan fácilmente. —Lo entiendo, Nicolás. Solo espero que ella también lo entienda pronto —respondió, apretando su mano con firmeza. Él sonrió, inclinado hacia adelante para besarla suavemente en los labios. —Lo hará. Y si no, enfrentaremos lo que venga juntos. Isabella asintió, sintiendo que con él podía superar cualquier cosa. Pero justo cuando pensaba que la conversación estaba cerrada, una idea cruzó por su mente. —Nicolás, ¿crees que Lucía querría intentar algo para…? —Ella no terminó la frase, pero sus ojos estaban llenos de preocupación. —¿Hacer daño? —completó él, frunciendo el ceño. —No lo creo. No es su estilo. Pero eso no significa que no esté preparada para usar sus propias armas emocionales. La respuesta de Nicolás tranquilizó a Isabella, pero también la dejó con un sabor agridulce. Sabía que su amor era fuerte, pero no podía evitar preocuparse por las pruebas que aún podían surgir. Más tarde, en la noche Mientras Neythan dormía profundamente en su cuna, Nicolás e Isabella se encontraron en la sala de estar, un refugio cálido y silencioso. Él encendió una vela, su luz tenue creando una atmósfera íntima que parecía perfecta para ellos. —Ven aquí —dijo Nicolás, tendiéndole una mano. Ella se acercó, dejándose caer en sus brazos. La calidez de su cuerpo y el ritmo constante de su respiración le daban una sensación de seguridad que pocas cosas en el mundo podían igualar. —Te amo, Isabella —murmuró él, su voz ronca y llena de emoción. —Y yo a ti, Nicolás —respondió, mirando sus ojos oscuros, profundos y llenos de promesas. Pero antes de que pudiera decir algo más, Nicolás la sorprendió con un movimiento que le robó el aliento. La levantó en brazos, llevándola hacia su habitación con una sonrisa traviesa en los labios. —Esta noche es solo nuestra —dijo, su tono bajo y cargado de intención. Isabella no necesitaba más palabras. Sabía que en los brazos de Nicolás no solo encontraría pasión, sino también el amor incondicional que tanto había anhelado. Y mientras la noche avanzaba, se dieron cuenta de que juntos podían enfrentar cualquier cosa, porque su amor era más fuerte que cualquier tormenta que pudiera surgir. Nicolás cerró la puerta de la habitación con suavidad, como si el mundo exterior quedara atrás, confinado a otra realidad que no les pertenecía. Las luces tenues bañaban el espacio con una calidez íntima, y el suave murmullo del viento contra las ventanas era la única música que acompañaba el momento. Isabella, de pie en el centro de la habitación, observaba a Nicolás mientras él se acercaba lentamente, con una mirada que la desnudaba más allá de lo físico. Su respiración se aceleró, y no porque sintiera deseo —que lo hacía, profundamente— sino porque en esos ojos encontró un hogar. —Estás hermosa —murmuró él, su voz ronca por la emoción contenida. Ella bajó la mirada, sus mejillas encendiéndose como si fuera la primera vez que alguien le decía algo así. Nicolás acarició su rostro con delicadeza, sus dedos trazando el contorno de su mandíbula antes de inclinarse para besarla. El beso comenzó suave, pero rápidamente se transformó en algo más profundo, más urgente. Isabella se aferró a él, sintiendo cómo la pasión de Nicolás encendía cada fibra de su ser. Sus manos, fuertes y decididas, la rodearon,
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR