Llego a la dirección que me dió Eugenio. Está en un lugar bastante alejado de la ciudad. La fachada es una casa común y corriente, lo cual me sorprende. Me imaginaba algo mucho más grande y seguro. Doy la clave que me piden al entrar y después de revisar que no traiga ningún arma, me hacen seguir mi camino. Un chico me recibe en la siguiente puerta. – Buenas tardes, señor Salvatore, sígame por favor. – Me saluda amablemente, y me lleva a un ascensor. Pone alguna clase de código en el teclado del ascensor, este cierra las puertas y comienza a bajar. Observo al chico a mi lado, el cual no dice nada, su rostro no muestra emoción alguna, es de mi estatura, un poco más delgado pero se nota que hace ejercicio. Me pregunto cómo consigue estos hombres Eugenio, después recuerdo lo que dijo cua

