–¡Ronny!
Todo estaba oscuro. Dolía. Se sentía como el mismísimo infierno. Costados, rostro, brazos, piernas… todo su cuerpo parecía haber caído de un sexto piso. Sus ojos se abrían ligeramente en una fina línea observando una borrosa silueta sobre él a quien no hacía más que oír a lo lejos. ¿Quién estaba allí? ¿Era su guía espiritual para el siguiente mundo o lo que sea que hubiera después de la muerte? Lo cierto era que le costaba demasiado mantener sus ojos abiertos. La oscuridad volvió a arroparle.
–¡Ronny!
Ah, ¿Quién le molestaba cuando la deliciosa estadía con Morfeo parecía ser el mejor camino para no sentir dolor? De nuevo parecía ser esa persona. ¿Sonaba desesperada? Ron solo deseaba seguir durmiendo sin pensar en un mañana. Esta vez parecía estarse moviendo. ¿Por qué no le dejaban descansar sin interrupciones? Las luces blancas golpeaban su rostro y nuevamente estaba aquella persona, pero en esta ocasión parecía hablar por su celular. El pelinegro no podía entender nada, simplemente el mundo estaba borroso para él… hasta que nuevamente sus ojos se cerraron.
–Ron… por favor despierta…
Un molesto pitido era esta vez quien le fastidiaba. No solo eso, incluso en aquella enorme oscuridad podía observar los rubios cabellos de la persona que le había ocasionado todo ese daño. Hans definitivamente era el peor ser con el cual se había cruzado en toda su vida. ¿No había bastado con golpear su dignidad? ¿De verdad tenía que dañar su integridad física?
Nuevamente sus ojos se abrieron intentando enfocar por tercera vez. Una sala blanca en la cual hacía demasiado frío, tanto que le hizo tiritar un par de veces. Alguien permanecía a su lado, conocía aquellos cabellos castaños. ¿Zoe? ¿Zoe estaba allí con él? Sentía su rostro hinchado; ni siquiera podía abrir los ojos en su totalidad debido a la golpiza recibida. Por lo menos estaba vivo y eso era un avance, ¿no? Sea como fuera el chico miró a su alrededor intentando localizar su móvil. Tomó este de la pequeña mesita junto a su cama y al encender la luz su poca estabilidad emocional se vino abajo nuevamente.
“No sé qué ha pasado, Ron, pero no he sido yo. Lo juro. Nunca sería capaz de hacerte daño. Eres mi mejor amigo”
“Ron, por favor, no me ignores y hablemos”
“Este será el último mensaje, lo prometo. Solo quiero que sepas que estaré para ti siempre que necesites a alguien. Esperaré por ti. Cuídate mucho, ¿vale? Te quiero”
Sí, era cierto que su cuerpo dolía demasiado, pero el dolor de su corazón era incluso peor. Una herida abierta que no dejaba de sangrar y luego de leer aquello parecía ser como sal echada en semejante abertura. ¿Qué pretendía Hans? Era cierto que se había permitido confiar en él, ¿pero de verdad era necesario todo esto? Parecía ser el momento de rendirse. Ronny no deseaba seguir pasando por este tipo de sufrimientos donde parecía que la vida se empeñaba en colocarle obstáculos para que se saliera del camino.
–¿Ron? ¿Estás despierto? –Zoe hablaba medio dormida abriendo los ojos lentamente para luego dar un salto al darse cuenta de que el chico que le gustaba se había levantado–. ¡Estás despierto!
Rápidamente se incorporó asegurándose de que su amigo se encontrara realmente bien, o al menos sin algo grave. Era cierto que los médicos habían dicho que solo tenía golpes en su cuerpo, pero de igual manera la morena estaba preocupada. Conseguir a Ron tirado en un callejón y lleno de sangre no era exactamente un bonito panorama, más aún cuando ni siquiera conseguía comunicarse con sus padres.
–Eso parece, aunque me duelen hasta las uñas. –Bromeó dejando a un lado su celular. De momento preferiría ser el único consciente de que algo no encajaba en todo lo que estaba pasando–. ¿Dónde están mis padres? ¿Saben que estoy aquí?
–Intenté llamarles, pero no respondieron al celular. –Ron miró la hora… eran más de las dos de la tarde–. Quizá están demasiado ocupados.
–No. –El pelinegro negó con la cabeza mientras tomaba nuevamente el móvil–. Mamá y papá siempre tienen tiempo cuando se trata de mí.
Dos únicos repiques y la voz de Leonard estaba al teléfono. Bastó con explicarles la situación para que tanto él como su esposa dijeran que estarían en el hospital de inmediato. Así eran ambos, tan dedicados y sobreprotectores con su único hijo que estarían dispuestos a sacrificar su propia vida a cambio del bienestar de Ronny. Para el menor no era algo que se sintiera mal, pero tras cada acontecimiento se convencía más de que era el momento de dejar de ser “idiota”.
–Zoe… respecto a lo de ayer… –La chica no tardó en sonreír con dulzura y colocar su dedo índice en los labios contrarios.
–No sigas, Ron. Recordar lo ocurrido me hace sentir muchas cosas, pero nunca arrepentimiento. –Ronny tragó saliva. Eso no era lo que iba a decir–. Me siento orgullosa y feliz de haber sido tu primera vez y daría lo que fuera por ser las siguientes. ¿Sabes por qué? Porque me gustas. –Sí, el pecoso ahora estaba nervioso. Mordió su labio intentando comprender aquella situación. A fin de cuentas era la primera vez que alguien se fijaba en él–. Me gustaste desde el primer momento en que te vi, pero tu personalidad me hizo querer seguir a tu lado. Eres fabuloso, Ron, nunca olvides eso.
Entonces se acercó a este lentamente, dispuesta a obtener otra probada de aquellos deliciosos labios que habían resultado tan adictivos como la misma droga. Se juntaron con delicadeza, con cariño, con un nuevo sentimiento en el interior de Ronny: amor. El chico colocó su mano en el hombro de Zoe, acariciando este sin despegarse de aquel dulce contacto, disfrutando cada milésima de segundo dentro de aquella deleitable burbuja. Era la persona que había estado con él desde el primer momento e incluso hasta una situación tan difícil como esta. ¿No hacía eso que Zoe fuese la chica ideal para un “rarito” como Ronny?
A decir verdad Zoe era una chica que podía generar envidia en otras de su edad con sus curvas perfectamente definidas y esa figura delgada que muchas anhelaban pero pocas conseguían. Incluso su manera de arreglarse le mostraba como una morena preciosísima. Hacía que Ron incluso se cuestionara si realmente se había fijado en él o simplemente se trataba de un sueño del cual nunca deseaba despertar.
Fue él quien tomó la siguiente motivación para colocar su mano sobre la de esta luego de separarse de aquel beso, pero manteniendo la cercanía en sus rostros. Dudas recorrían las mentes de ambos, pero era cierto que se había creado un fuerte lazo entre ambos, tan fuerte como para lanzar a un lado todas las inquietudes que tenían y aceptar a quien tenían a centímetros de distancia. Ronny entrelazó sus dedos con los de la chica sonriendo con dulzura.
–Tú también me gustas, Zoe. –Soltó por fin de forma natural–. Pero… antes de todo deberíamos al menos salir a tomar un café, ¿no crees?
Las risas se escucharon mientras esta negaba con la cabeza. Ronny podía ser tan extrañamente anticuado que parecía ser un anciano de la época de su abuela.
–Vale, vayamos por un café cuando salgas de aquí.
–Gracias, Zoe. Gracias por quedarte a mi lado. –Y se atrevió a envolver a la morena entre sus brazos.
Pero no estaban solos. Incluso mientras ambos parecían disfrutar en aquel lugar especial que solo ellos creaban, un tercer sujeto les miraba desde el pequeño cristal de la puerta, apreciando cada detalle de lo que ocurría allí dentro. El chico arrastró sus cabellos hasta atrás, sujetándolos en una cola y dejando salir un suspiro antes de tocar la puerta y par de veces y, sin esperar a que alguno respondiera, entró.
–Parece ser que interrumpo un momento bastante emotivo. –Ambos se sobresaltaron al oír aquella voz que Zoe reconoció de inmediato–. ¿Te sientes bien, Ronny?
–Zyan… –Musitó la chica al mirarle, aunque este no parecía estar con el mejor de los humores.
–Duele, pero estoy bien. –Respondió el pecoso tragando saliva.
No tardó en entrar la rubia que había conocido la noche anterior. Alicia entrelazó su brazo con el de su novio mirando al menor en cama. Esta decidió no hablar, a fin de cuentas ya Zyan se había asegurado de preguntar por el bienestar del chico. ¿Qué más podía ser de su interés?
–Sé que puede no ser el momento, pero debemos irnos, Zoe. La directora del instituto desea verte. –Ah… ¿qué estaba pasando y por qué de repente Ron tenía el presentimiento de que algo iba muy mal?–. Ahora.
–¿Qué está pasando? –Inquirió Ron sin poder detener su avalancha de pensamientos.
–Estoy seguro de que tus padres te lo harán saber cuando lleguen. –Firme, serio y con rostro duro. Zyan daba un poco de miedo–. Nos vamos, Zoe.
La chica se despidió de quien le gustaba dejando un suave y rápido beso en sus labios antes de retirarse con su hermano y la novia de este. Ron parecía estar alucinando, pero durante un leve momento le pareció ver a Alicia sonreír antes de darse vuelta. Estaba loco, ¿verdad? Sea lo sea que hubiese visto no tenía nada que ver con lo que ocurría realmente. ¿Para qué quería ver la directora Rosa a Zoe? Algo ocurría y el pelinegro temía que fuese muy malo.