Sus dedos comenzaron a tamborilearse esperando que por fin apareciera la figura de sus padres allí, en el hospital. Sin Zoe todo parecía, solo, frío y vacío. Veía pasar algunas enfermeras de acá para allá pero prefería quedarse allí hasta que Rita llegara a sacarlo de allí. Pero claro, la siguiente persona en aparecer fue esa que destruyó por completo las bajas temperaturas que sentía Ronny, ocasionando que su sangre comenzara a hervir.
–¿Podemos hablar? –Allí estaba. Esa voz en la que por más de un mes le había pedido indirectamente que confiara en él. La persona a quien Ron había querido como a un amigo cercano pero ahora solo era un extraño–. Ron, por favor.
–Si das un paso más te juro que llamaré a seguridad para que te saquen de aquí –Hans se detuvo. El dolor en su mirada era palpable–. Me humillaste, enviaste a los tuyos para que me golpearan y...
–¡Ese no fui yo! –Ronny tragó saliva sin dejar de mirarlo a los ojos; iracundo, decepcionado–. ¡Lo juro! Si algo debo admitir ha sido la chinche en tu asiento, sí, fui yo quien la dejó porque me acerqué a ti para hacerte daño... ya que deseaba tener a Zoe conmigo. Sin embargo mientras más te conocía me di cuenta de que estaba muy mal, y que eras un buen amigo. –Allí estaba esa brillante lágrima recorriendo lentamente la mejilla del rubio, esa que Ronny jamás se imaginó ver–. Decidí dejar de molestarte. Nada de lo que está pasando ha sido ideado o realizado por mí. ¡Ronny tienes que creerme!
–¿Cómo? Has sido un mentiroso. ¿Cómo diablos puedo pensar en creerte? –El pelinegro notó que su celular sonó. Su madre estaba estacionando el auto–. Lárgate, Hans, y no vuelvas a intentar nada más... porque te juro que si te acercas a mi nuevamente serás tú quien termine en un hospital. He decidido seguir tu consejo. No volverás a verme como un idiota.
¿Derrotado? ¿Destruido? Ah, incluso esas palabras no eran capaces de describir el estado de ánimo que tenía Hans justo ahora. Se sentía quebrado, perdido, enojado. En ese pequeño instante supo que debía hacer el cambio que una vez prometió al padre de Ronny, pero sería luego de que se asegurara de conseguir a esa persona que se encargó de destruir aquello que por primera vez había querido en diecisiete años.
Con puños apretados y ojos cristalizados salió de aquel lugar, quedando frente a frente con la madre de su amigo, porque si, Hans estaba seguro de que recuperaría la amistad que tenía con Ronny. A fin de cuentas era lo único que le había dado sentido a su vida en ese corto tiempo.
–¿Hans? ¿Has visto a Ronny? ¿Está bien? –Los ojos de Rita se abrieron al darse cuenta de que el rubio estaba a solo un paso de romper a llorar– ¿Qué ha pasado?
–Lo siento, Sra. Rita. Lo siento mucho. –La mayor estaba confundida con tales disculpas–. Solo quiero que sepa que no he sido yo y me aseguraré de probar mi inocencia.
Hans ya había roto en lágrimas, pero Rita no fue capaz ni siquiera de hablar antes de que este hubiese echado a correr, saliendo de su vista. ¿Cuantas preguntas habían quedado en la cabeza de la mujer? Quizá ponerlas en lista daría un sinfín de incógnitas diferentes. Sea como fuera, Rita entró a aquel hospital y tan pronto como vio a su hijo exclamó horrorizada.
–¡Dios mío, Ronny! ¿Qué te ha pasado? –Esta comenzó a estudiar al pelinegro tal y como un escáner analiza cada pequeño detalle de un papel–. ¿Tienes algún daño grave?
–El doctor ha dicho que no recibí fracturas ni nada por el estilo. Solo han sido golpes. Yo... tuve una pelea con Hans. Quise irme temprano de clases y un grupo de ladrones quisieron quitarme el celular –Era la segunda vez que le mentía a su madre, pero tampoco deseaba preocuparla–. Sin embargo estoy bien, mamá
–Es bueno saber que estés bien, tesoro –Rita abrazó a su hijo con ternura para luego separase de este y sujetarlo por los hombros–. Volvamos a casa
Su celular volvió a sonar por segunda vez en aquella tarde. La mayor organizaba algunas cosas en la habitación para asegurarse de dejar todo en perfecto orden. Ronny, en cambio, revisaba su celular sentado en el borde de aquella cama… y fue exactamente en ese lugar cuando su mundo fue empujando por el precipicio en el cual se encontraba.
Un nuevo álbum de fotos había sido publicado por “Anonymous06”. El pelinegro estaba pálido, con el corazón latiendo en su garganta y comprendiendo que su vida estaba hecha un completo desastre ahora. De no ser porque su madre arrancó el teléfono de sus manos este hubiese durando un par de horas en estado de shock, pero claro, tampoco era muy buena idea que Rita mirara un álbum de fotos de su hijo acostándose con una chica publicadas en la web.
–¡Mamá espera! –Tarde. Muy tarde. Los ojos de la mujer mayor ya estaban abiertos como platos al ver semejante barbaridad. ¿Qué podía hacer ahora el adolescente? ¿Por qué Hans seguía empeñado en destruirlo? ¿Acaso era porque le pidió que se alejara? Todo iba de mal en peor–. Demonios…
–¿Qué es esto, Ronny? –Inquirió Rita con cuidado, intentando comprender lo que estaba pasando, aunque a decir verdad aquella situación estaba muy lejos de tener una explicación lógica y coherente, a no ser que estuviera dispuesta a entender que su único hijo estaba a punto de caerse del santo pedestal en el cual tanto ella como Leonard le tenían–. No eres tú… ¿verdad?
–Lo siento, mamá… pero sí soy yo. Durante la fiesta de Zoe bebí alcohol. No se suponía que esto debía pasar, nunca pensé que las cosas terminarían de esa manera… pero acabamos acostándonos. –¿Cómo podríamos imaginar el rostro de la madre de Ronny al recibir semejantes noticias? ¿Acaso el pelinegro nunca les contaría la verdad si esta situación no surgía? Quizá la palabra decepción era muy pequeña para lo que Rita sentía en ese preciso instante–. Hoy descubrí que Hans tenía una memoria USB con fotos y videos filmados de esa noche. La rompí… pero por lo visto existían más copias.
–¿Quién es “Anonymous06”? –Preguntó con firmeza la mujer mayor–. Iremos a la escuela antes de volver a casa. –Ronny lo sabía perfectamente: su madre estaba muy enfadada–. Y estás castigado. No quiero volver a ver en casa a Zoe o a Hans.
Fue en ese pequeño momento cuando, al igual que un flash mental, la mujer recordó las palabras que Hans había dejado para ella antes de retirarse. ¿Tenía algo que ver con todo esto? Estaba claro que las lágrimas del rubio parecían ser sincera, pero el nivel de confusión en la cabeza de Rita no tenía precedentes.
–Mamá, Zoe no tiene la culpa, además ella…
–Ronny, cierra la boca mientras intento ser amable con esta situación. –El pelinegro tragó saliva dejando salir un suspiro–. Ahora date prisa en cambiarte. Llamaré a tu padre.
¿Qué podía ser peor para Ronny que decepcionar a sus padres? Todo era culpa de Hans. Desde sus estúpidos consejos hasta las acciones en su contra. ¿Por qué había decidido confiar en él? ¿Por qué no lo había rechazado al igual que a muchos? El pelinegro comenzaba a arrepentirse de muchas acciones del pasado. Se arrepentía de haber ido a aquella fiesta, de haberse permitido beber alcohol incluso en contra de las órdenes de sus padres… e incluso de permitirse la libertad de disfrutar un momento de placer con Zoe. ¿Por qué? ¿Por qué?
Sujetó nuevamente su celular que sonó por tercera vez, evidenciando que un mensaje de texto había llegado. Ron miró con mirada dolida y simplemente bufó negando con la cabeza.
“j***r, Ronny, no he sido yo. ¡Lo juro!”
¿Creerle a Hans? Era lo último en lo que había pensado, a decir verdad. Fue el chico en problemas quien abrió un nuevo mensaje esta vez destinado a la chica que le gustaba.
“¿Estás bien? ¿Has visto las fotos?”
“Lo estoy. Zyan las ha visto, pero no se aprecia mi rostro,
por lo que fue sencillo de manejar. ¿Qué pasa con tus padres?
¿Lo han visto?”
“Mamá está furiosa. No quiero imaginarme lo que dirá papá.
Por ahora estoy castigado. Quiero desaparecer…”
“Demonios, Ron… ¿Quieres que vaya para allá?”
“¡No! Mamá no quiere verte”
La charla muy bien pudo continuar de no ser porque un número desconocido envió un texto a Ronny. ¿Quién era y por qué le escribían? Al abrirlo simplemente alzó una ceja. Un número desconocido que enviaba una dirección, fecha y hora. ¿Lo estaban citando? ¿Quién organizaba una cita a las ocho de la noche? Más importante aún… ¿quién citaba en el instituto?
–Creo que lo primero es averiguar de quien está detrás de la etiqueta. –Tan pronto como la voz de Leonard fue traída por el eco de los pasillos Ronny se estremeció. Ya se había colocado el pantalón y justo acomodaba la camiseta para ponerla nuevamente cuando el mayor le miró desde la puerta–. Supongo que verte en ese estado me hace pensar que la misma vida te ha dado los golpes que sembraste. Hablaremos en casa. Por ahora vayamos al instituto. Tu madre ya ha llamado a la Directora Rosa.
El viaje hacia el instituto había sido silencioso, tenso e incluso incómodo para Ronny. Rita y Leonard intercambiaban algunas palabras puntuales mientras el hombre iba al volante; todo relacionado a Ronny y el peculiar "Anonymous06". Quizá preguntaban al joven algo específico y, tan pronto como este respondía, los mayores volvían al silencio