¿Traición?

1717 Palabras
            –¡No puedo creer que me olvidé del examen de historia! –Ojos llenos de desespero, terror en la voz y labios apretados. Ronny estaba preocupado–. Esto no suele pasarme.               –Pero estás conociendo el camino de la rebeldía, y es algo muy común en este lado de la vida. –¿Cuánto disfrutaba Hans al ver la transformación de su amigo? Mucho. Era imposible que de la misma manera en la que él cambiaba, este no lo hiciera. No puedes caminar por un pantano vestido de blanco y pretender cruzarlo sin siquiera una pinta de fango–. Te acostumbrarás pronto. Además, aún tienes un par de horas para prepararte.               –¡Demonios Hans! No juegues con eso.               –Como sea, iré por cualquier cosa de beber. ¿Te traigo algo? –Ronny ya estaba montando su portátil sobre la mesa y la encendía.               –Una Coca Cola, por favor.               Una vez que el rubio desapareció no tardó en sacar sus cuadernos. ¿Dónde estaba su lápiz? ¿¡Por qué no había un lápiz en su bolso!? Entre maldiciones sacaba todo lo que había dentro de esa mochila dándose cuenta de que efectivamente había dejado el pequeño cilindro de madera y grafito. Mordió su labio enfadado montando su mirada sobre el bolso de Hans. Luego se disculparía, pero tenía que estudiar. No tardó en tomar este y comenzar a buscar en su interior.               Había llegado allí buscando un lápiz, pero un segundo objeto captó si atención haciéndole fruncir el ceño: una memoria USB blanca con el nombre “Ronny” escrito en marcador. ¿Qué demonios era eso? ¿Por qué Hans tendría algo así en su bolso? Y más importante aún… ¿Por qué tenía su nombre en ella?               Tragó saliva sintiéndose ligeramente enfadado por eso. La tomó. Era de admitir que el pelinegro sentía temor por lo que fuera que se encontraría allí, pero sin importar aquello la conectó en su portátil, encontrándose con dos únicas carpetas que hacían cada vez más extraño todo: foto y video. ¿Cuál debía abrir primero? Decidió irse por los archivos de video. Dos de ellos que solo tenían por nombre los números representativos se encontraban dentro. Abrió el primero y fue al ver la miniatura inicial cuando Ronny sintió que su gigantesco castillo de cristal se venía abajo.               Su mandíbula falló y los dedos tardaron en responderle para cerrar aquel horrible video que se trataba nada más y nada menos que de una grabación de su noche apasionada con Zoe. ¿Por qué algo como eso estaba grabado? ¿Qué hacía Hans con eso? Sus puños se apretaron y rápidamente sintió las gotas de sudor comenzar a bajar por su rostro. Estaba en completo shock. ¿De nuevo había pasado?  ¿De verdad Hans simplemente iba tras él para destruir su vida de esta manera?               –Una Coca Cola ha llegado a su destino. –El rubio habló sacando a Ronny de sus pensamientos. Le miró con ojos cristalizados negando con la cabeza ligeramente–. ¿Qué pasa?               –¿Qué hiciste, Hans? ¿Para qué estás haciendo esto? –Voz quebrada y sentimientos extremos en la voz del chico–. ¿Tienes idea de lo mucho que confié en ti?               –¿De qué mierda estás hablando, Ronny? –Allí estaba ese mal presentimiento que Hans había tenido–. No entiendo nada.               –Supongo que la memoria que llevabas en tu mochila puede aclararte tus recuerdos. –De inmediato se levantó arrancado el pequeño objeto tecnológico, lo lanzó al suelo y de un pisotón se aseguró de partirlo en dos. Tomó sus cosas guardándolas en el bolso o, mejor dicho, lanzándolas dentro. Ronny estaba enfadado pero, sobre todas las cosas, estaba decepcionado. Un par de lágrimas de frustración se escaparon por sus mejillas. Se detuvo frente a Hans mirándole con rabia. Era la primera vez que el rubio percibía esa mirada en Ron–. El hecho de que seas un maldito niño abusado no te da derecho para grabar ese tipo de cosas. Eres un maldito pervertido. Al final no fuiste diferente al resto. Tomaste lo que necesitabas y luego de todo solo decidiste sacar tu verdadera forma de ser.               –Ron, espera. –Hans comenzaba a hiperventilarse. No podía negar que cada palabra que este soltaba era similar a puñaladas con veneno asestadas en puntos donde este era débil–. Primero explícame lo que está pasando.               –Me das asco, Hans. ¿Sabes qué? Vete al infierno, hijo de perra. –Tomó por fin sus cosas y salió de aquella aula.               El lugar quedó en completo silencio. Todos habían presenciado semejante acontecimiento y Hans estaba seguro de que se convertiría en la comidilla de todos. Pero ese era el menor problema que tenía ahora. Dolía, claro que dolía ver como su mejor y único amigo de verdad soltaba aquellas cosas como armas frente a él sin siquiera permitirle explicar algo. Aunque, a decir verdad… ¿cómo podía explicar algo que ni siquiera sabía? No entendía lo que estaba ocurriendo, solo comprendía que era algo tan grave como para sacar el monstruo que dormía dentro de Ronny.               –¿Qué diablos acaba de pasar, Hans? –Era esta vez Zoe quien se le acercaba mirándolo a los ojos–. Hans, explícame qué está pasando.               –Yo también desearía entenderlo. –Tomó sus cosas y cerró su mochila–. Adiós, Zoe. Dile a Ronny que agradezco los buenos momentos que pasamos juntos.               –¡Hans! ¡HANS! –Pero esta vez la morena no consiguió atención. Cerró los ojos con fuerza– Necesito encontrar a Ronny.               Zoe tomó rumbo, intentando localizar al escurridizo pelinegro. Desde los enormes ventanales del piso dos del instituto pudo divisar a Hans salir del edificio y tomar rumbo a su casa. Esta suspiró tomando por fin su celular para escribir un par de mensajes de texto, uno de los cuales iba dirigido a Ron.   “¿Dónde demonios te has metido, Ronny Quintero?”                                                                                                                           “No quiero hablar. Hasta mañana”   “Ronny… ¿qué está pasando?”               No hubo más respuesta. Algo estaba muy mal, ¿pero cómo podía intentar ayudar cuando él mismo la alejaba? No existía manera. Vio por fin su silueta abandonando el instituto.               ¿Cómo podía describirse el elevado nivel de traición que sentía Ronny por parte de Hans? Estaba acostumbrado a estas cosas, pero de nuevo se había permitido esperar algo de sus “amigos” y, como consecuencia, sus expectativas se resumían en una decepción incluso más grande que las anteriores. No podía creerlo todavía. ¿De verdad Hans le había hecho eso? ¿Qué ganaba a cambio de grabar toda esa información? ¿Le excitaba? ¿Tenía algún tipo de fetiche asqueroso? No lo sabía, pero lo cierto era que no existían razones para hacer algo como eso.               Era un poco más de mediodía y resultaba imposible que Leonard fuese por él a esa hora, razón por la cual debía caminar hasta la parada del bus. La voz de su padre diciéndole que evitara esos caminos se reproducía una y otra vez ya que el lugar solía estar solo a todas horas. ¿Ronny podía sentarse a esperar a su padre? Lo último que quería era estar en el instituto ahora. Solo quería encerrarse en su habitación y permitirse expulsar aquella enorme cantidad de lágrimas reprimidas en su interior.               –Vaya, vaya… pero mira a quién tenemos por acá. –Dos siluetas que se postraron lentamente frente al pelinegro mirándole de arriba a abajo–. Es la primera vez que te vemos recorrer este callejón, Ronny.               –¿Quiénes son ustedes? –Era una de las tantas preguntas que aparecían en su cabeza– ¿Cómo saben mi nombre?               –Oh, por lo visto Hans no te ha hablado de nosotros. Permíteme presentarme entonces. Soy Nick y él es Brandon. Somos los amigos de Hans y ¿a que no sabes la orden que nos ha dado? –La sonrisa de mofa en los labios de Nick hacía que al pelinegro se le erizara la piel–. ¿Ya descubriste que nos ordenó grabarte mientras tenías sexo por primera vez? Estoy seguro de que te sentiste muy enojado. Pobre pequeño tan inocente…               –Puedo asegurar que incluso llegó a pensar que Hans era un buen chico y realmente sería su amigo–. Brandon era de voz gruesa e incluso resultaba más intimidante que Nick–. Él es uno de nosotros. Nuestro jefe, para ser exactos… y la única razón por la que se acercó a ti fue para darte una lección por estar alrededor de quien le gustaba.               –Zoe… –Dedujo rápidamente el pelinegro.               –Eres más inteligente de lo que pareces. –Se burló Nick tronando sus nudillos–. Es una pena que no fueras lo suficientemente listo como para adivinar quien había dejado esa pequeña chinche en tu silla. Aún recuerdas el dolor, ¿verdad?               –Fue Hans. –Su rompecabezas cobraba sentido ahora. Por eso Hans no había conseguido a Patricia. Por ese motivo parecía tan extraño la noche anterior en la fiesta. Todo había sido una farsa para humillarle de esa manera. Sin embargo una pregunta seguía sin ser contestada: ¿Qué ganaba haciendo eso?–. Siempre fue él…               –Touché. –Nick se carcajeó–. Aunque lograste averiguarlo un poco tarde. Quiero que sepas que lo que estamos a punto de hacer no es nada personal. Simplemente estamos siguiendo órdenes, pequeño niño ingenuo.               Ronny dio un paso atrás al ver como se acercaban a zancadas. Echó a corres, más la resistencia física no era exactamente el fuerte del pelinegro, cosa en la que, al parecer, se destacaban sus oponentes. Sintió como uno de ellos lo tomó por el cuello de la camisa haciéndolo caer en el suelo. Sintió una patada en su costado que le obligó a doblarse. Dos, tres, cuatro… y al llegar a cinco el dolor no le permitió contar más. No tenía muchas maneras de defenderse cuando eran dos contra uno. Lo último que observó fue a Nick montado sobre él asestando un golpe a su rostro seguido de otro que le hizo perder la conciencia. 
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