¿Fiesta?

1691 Palabras
            –Solo relájate y déjate llevar, rarito. –La voz de Hans susurrada en su oído simplemente le confundió aún más, pero decidió asentir ligeramente.               Suspiró tan pronto como Zoe estuvo frente a él y, luego de un suspiro, sus labios estuvieron juntos. Un contacto fugaz que permitió a Ronny comprender lo que significaba un beso. Los labios de ambos se abrieron suavemente dando paso a un frenesí de sensaciones que experimentaba por primera vez. El húmedo contacto y aquel sabor a licor impregnado en la saliva de Zoe que simplemente era delicioso… ¿Así que eso era un beso? De ser el caso Ron deseaba hacerlo más a menudo.               El juego continuó durante algún tiempo más, momentos en los cuales varios besos tuvieron lugar. Tan solo eran las 9:30 y Ronny incuso había sido obligado a besar a Ángel. Ninguno fue de mal gusto, por supuesto, pero era simplemente extraño para él. Sin embargo su cabeza comenzaba a doler y estaba mareado.               –Creo que debería llamar a papá. –Musitó. Hans solo hizo un gesto con los hombros. Si Ron deseaba irse él no se opondría.               –No pareces estar en buenas condiciones. –Zoe fue quien intervino esta vez–. Vayamos a una habitación para que puedas descansar mientras tu padre viene por ti. Le enviaré un mensaje de texto.               Ambos se retiraron. La castaña guio al chico hasta una de las habitaciones de la casa y, luego de dejarlo acostado, fue en busca de una pastilla para el dolor de cabeza. Por supuesto que se aseguró de notificar de su ausencia, porque sí que se tardaría un poco más de lo planeado. Entró al lugar y encendió la luz apreciando el rostro del pelinegro hacer una mueca. Ah, sí, Zoe siempre se había permitido divisar a Ronny desde muchos ángulos y diversas maneras. Se perdía rápidamente en sus ojos tan oscuros como el mismo cielo nocturno. ¿Cuántas veces se detuvo a contar las pecas en su rostro? Era digno de mención que Zoe amaba el perfil del chico: su nariz tan respingada y todo en donde debería ir… era perfecto. Estorbaban los anteojos, pero al retirarlos el chico era ideal. Le gustaba; Ronny le gustaba mucho desde el primer momento en el que le había visto.               –Ten, bebé esto. –Extendió hacia él la pequeña cápsula junto a un vaso con agua. El chico rápidamente se sentó en la cama e ingirió lo que le daban–. Te sentirás mejor luego de descansar un poco–. Entonces actuó. Se permitió levantar su mano rodear la mejilla de Ron, lugar que tan pronto fue tocado se tornó completamente rojo.               Observar aquel rostro hecho por los dioses resultaba muy diferente a tocarlo. Era suave, delicado, hermoso. Acariciaba la mejilla del chico perdida nuevamente en aquellos ojos azabaches que la miraban con temor y nervios. Su otra mano envolvió el rostro del pecoso. Este tragó saliva. Decir que algo pasaba por su cabeza era una completa falacia. Estaba en completo shock y simplemente no comprendía lo que debía hacer ahora. Ronny se encontraba en blanco.                –Eres hermoso, Ron. –Zoe dejó de dudar y juntó sus labios con los ajenos por segunda vez en aquella noche. Lento, suave y con miles de emociones transmitidas en cada segundo de aquel juego de lenguas que más bien parecía ser un tutorial para Ronny de cómo debía besar. Ella no tenía problemas en enseñarle, pero siempre y cuando fuesen sus labios con los que practicara.               Aquel beso comenzó a bajar por hasta la garganta del chico deteniéndose en su pronunciada manzana de Adán para luego continuar hasta la clavícula de este. Zoe le miró desde abajo y lentamente comenzó a tumbar la camisa de este con mucho cuidado, asegurándose de que nada de lo que hiciera fuese forzado. Ronny le miraba mordiendo su labio como clara señal de nervios, pero tampoco parecía querer ser quien detuviera aquel momento que poco a poco se abría paso.               Las manos del pelinegro por fin se movieron hacia la nuca de Zoe acariciando suavemente los pequeños cabellos que se enrollaban en este lugar. La chica no tardó en retirar la sudadera de este… apreciando por fin su torso desnudo. Era delgado pero perfectamente marcado en cada músculo. Incluso podía usar su dedo para delinearlo de forma adecuada. Las pecas en sus hombros eran similares a las estrellas del firmamento. A su ojo Ronny era hermoso.               Un nuevo beso selló aquel momento pecaminoso de los dos adolescentes, donde la tenue luz del cuarto les acompañó en su momento íntimo en el cual Ronny descubrió sensaciones que nunca antes había tenido y Zoe, por su parte, se permitió disfrutar de forma egoísta de aquello que había deseado por meses. Un instante que quedaría en sus memorias para siempre, y el cual las estrellas grabarían por la eternidad en su infinito brillo.                                                                                 ***             Ronny se había ido, Ángel parecía tener un crush muy peculiar en aquella fiesta y, luego de despedirse, mencionó que buscaría algo de “diversión” para el momento. Hans estaba solo con las dos chicas bebiendo y comentando algunas cosas puntuales. A su punto de vista ambas eran demasiado superficiales para su gusto. No obstante hubiese decidido quedarse con ellas de no ser porque algo captó su atención o, mejor dicho, alguien lo hizo. Conocía aquel rostro y eso le hizo retirarse de la mesa sin siquiera decir una palabra, caminando a zancadas hasta el sujeto de cabellos teñidos de naranja.               –¡Nick! –Gritó con fuerza corriendo hasta colocarse frente a este–. ¿Qué estás haciendo aquí? No te he invitado.               –Solo estoy cumpliendo con lo que me pediste, jefecito. –La sonrisa del chico hizo que el interior de Hans se revolviera pero antes de que dijera algo más ya Nick se había retirado. Si tan solo no supiera lo peligroso que este podía resultar estaría tranquilo, pero conocía de todo lo que eran capaces sus ex amigos.               –¿Hans? ¿Está todo bien? –Era Cristina quien caminaba hacia él–. Pareces haber visto un fantasma. ¡Estás muy pálido!               –¿Dónde está Ronny? –Su mirada recorrió el lugar para luego estacionarse en aquellos ojos celestes–. Estoy seguro de que conoces esta casa mejor que yo. Dime dónde puede estar mi amigo.               La música poco a poco comenzaba a oírse cada vez más lejos mientras su mente presentía que algo muy malo estaba ocurriendo por detrás de las cuerdas, algo donde los protagonistas podían ser esos miembros de su pandilla. Sintió como los largos dedos de la morena le sujetaron por los hombros mirándolo fijamente a los hombros, como si intentara encontrarlo en el fondo de esas esferas azules.               –Hans, debes calmarte un poco. Primero que nada… ¿qué está pasando? –La chica deslizó sus manos por los brazos de Hans como un intento de caricia para confortarlo. Finalmente dejó sus dedos en las trabillas del pantalón de este–. ¿Qué ocurre?               –Si de verdad quieres ayudarme solo dime dónde está Ronny.               –Aquí estoy. –Hans no tardó en darse vuelta mirando a su amigo aparecer y de inmediato se lanzó sobre este con ojos bien abiertos asegurándose de que estuviera bien–. Hans, ¿Qué te ocurre?               –No es nada. –Suspiró por fin dejando caer su cabeza en el hombro de Ronny. Tanto Zoe como Cris parecían muy confundidas frente lo ocurrido, y el pelinegro no era la excepción–. De verdad, no es nada.               –Vale… debemos irnos. Papá está en la entrada. –Hans tragó saliva. Rodeó a su amigo con un brazo mostrando por fin una sonrisa como las que solían aparecer en sus labios.               –Bien, vámonos entonces, rarito.               –Has dejado tu bolso sobre la mesa, Hans. –Alicia se acercaba con elegancia sosteniendo el bolso del chico–. He alcanzado a ver tus preservativos. Deberías darles un mejor escondite.               Todos echaron a reír consiguiendo que el rubio se tornara un poco incómodo. Luego de despedirse –y de que Ronny le guiñara un ojo a Zoe– ambos tomaron rumbo al auto de su padre. Gracias a lo que sea que la anfitriona le hubiese dado a Ron, el chico no mostraba ningún indicio de haber bebido. Incluso su aliento era limpio.               El viaje de regreso a casa había transcurrido en silencio luego de que Ron respondiera las preguntas de su padre. Ambos estaban cansados, pero el pelinegro tenía un montón de cosas en las cuales pensar. Su primera noche de rebeldía se llevó a cabo de una manera satisfactoria. No podía dejar de pensar en el momento anterior donde su piel consiguió conectarse con la de Zoe. Posiblemente era algo que podría sentir a partir de ahora cada vez que se permitiera realizar aquella acción, pero la primera vez siempre era especial y esa no era la excepción.               Hans podía observarle a través del retrovisor, sonriendo como idiota con la cabeza reposada en el cristal del auto. ¿Cómo podía estar tranquilo cuando Nick estuvo en la fiesta de Zoe? Por otro lado, ¿qué significaba exactamente “cumplir con lo que había pedido”? No recordaba haber solicitado nada a aquellos chicos. De hecho estaba a punto de romper lazos con ellos. No deseaba seguir intimidando a jóvenes inocentes. Hans, por primera vez en años, se sentía motivado a marcar un cambio… ¿pero por qué se sentía todo tan turbio? ¿Estaba pensando demás? Posiblemente y fue por esa razón que volvió su vista al paisaje que se movía a través de la ventana del vehículo.               Ninguno intercambió muchas palabras durante esa noche. Hans quería respetar esa pequeña y frágil burbuja en la que se encontraba su amigo. A fin de cuentas le hacía feliz verlo feliz. Se dieron sus respectivas buenas noches y Ron apagó la luz. Ya llegaría el momento en el que hablarían sobre todo lo que había ocurrido en esa noche. Tan poco tiempo y a la vez tantos sucesos juntos. 
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