¿Reglas?

1520 Palabras
            –¿Has invitado a tus amigos? –Ronny comenzó a caminar a paso lento, siendo acompañado del rubio.               –No. Para ser sincero no te ven con buenos ojos. Supongo que no les agrada saber que me he alejado de ellos para relacionarme con un cerebrito. –Su audible carcajada se escuchó incluso por encima de la música. Ron rodó los ojos negando con la cabeza–. En fin… me siento más cómodo viniendo solo contigo.               De inmediato sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió. Deseaba ponerlo en su boca de no ser porque el pelinegro asestó un golpe en su mano logrando que el objeto cayera en un pequeño charco de agua.               –¡j***r, Ronny! –El menor guiñó un ojo triunfante–. Era el único que tenía. Te odio.               El olor a alcohol llegó rápidamente a la nariz del pelinegro, y es que el olfato de este era bastante agudo. Las personas allí presentes no parecían ser del todo estudiantes. ¿Zoe era amiga de tantos adultos? Una realidad curiosa que explicaba el porqué de lo que se consumía. Hans hacía lo mismo que su amigo: observar a todos lados y tratar de conseguir su lugar en la fiesta.               –¡Han llegado! –El irritante grito ni siquiera les permitió preguntarse de dónde provenía, ya que Zoe saltó sobre ellos por la espalda, colocándose en el centro de ambos–. ¡Los he estado esperando! ¿Les gusta todo?               No fue sino hasta ese momento que Ronny se permitió apreciar el lugar en donde estaban. Recorrió con su mirada aquella piscina repleta de luces tanto fuera como dentro de esta. Pudo contar un par de mesoneros repartiendo cocteles y diferentes tipos de bebidas que este desconocía. La cantidad de personas no parecía ser demasiada pero tan poco se veía un lugar vacío; era exacta. ¿Comida? No faltaba. Diferentes tipos de pasa palos se veían en las pequeñas mesas. No parecía exactamente algo preparado en poco tiempo, pero sería algo que Ronny no diría.             –¿De verdad preparaste esto ayer? –Ah, Ron quizá se reservaba muchas cosas, pero Hans soltaba lo que pensaba–. Comienzo a pensar que nos estás mintiendo.               –Lo hice. Es por eso que no hay tantas personas como quisiera.               Frente a ellos pasó uno de aquellos encorbatados con su bandeja repleta de copas. Hans no tardó en tomar una mientras que la chica sujetó dos. Extendió una hacia Ron dando ella un sorbo en la suya. El pelinegro de inmediato negó con la cabeza.               –¿Pretendes rechazar algo que te estoy obsequiando, Ronny?               –Es la única regla que pusieron mis padres. Nada de alcohol. –Tono firme. Hans sentía curiosidad por saber lo que pasaría a continuación.               –¡Venga, Ron! Solo será una copa. Te prometo que no te obligaré a nada más. –El chico negó con la cabeza por segunda vez–. A ver, ¿Sabes cuál es la mejor parte de ser adolescente? ¡Evidentemente es incumplir las reglas! Solo un trago, por favor.               –Deberías probarlo. Tampoco está tan fuerte. –Hans casi acababa su copa. El chico tenía buena resistencia cuando de alcohol se trataba–. Inténtalo.               Ah, maldita presión de grupo. ¿Cómo podía mantenerse firme cuando sus dos mejores amigos le insistían en lo contrario a sus pensamientos? Quizá era la primera vez que Ronny se sentía tan presionado a pasar por alto las normas de sus padres y era exactamente porque no solía asociarse con nadie y, quienes le rodeaban a unos cuantos metros de su confianza solían ser personas similares a él. Seres que se aprovecharían tarde o temprano de él, por lo que no era común que lo perdieran el tiempo en persuadirle a algo.               Por fin el chico accedió, consiguiendo que Zoe mostrara una sonrisa de oreja a oreja. Incluso Hans bufó negando con la cabeza antes de terminar con el líquido amarillento. Para el pelinegro no era común beber alcohol, pero tampoco sería correcto decir que nunca lo había probado. Algunos pocos de vez en cuando que su padre le permitía, sin embargo era la primera vez que tenía una copa llena en sus manos. No podía negarlo, era simplemente delicioso.               –¡Vamos, quiero presentarles a unos amigos!               La castaña rápidamente llevó a ambos chicos a un pequeño grupo donde se encontraban dos chicas y un peculiar sujeto que alzó una ceja al ver a quienes se acercaban. Ronny rápidamente se dio cuenta de que eran de la misma edad de Zyan. Unos veintitantos, probablemente.               –Parece ser que la hermana de Zyan tiene amigos muy apuestos, ¿no lo crees, Ali? –Morena, con cabellos ondulados que se regaban por su cabeza de forma casi perfecta, un par de ojos celestes que evidenciaban el uso de lentillas y finalmente labios gruesos, vinotintos y brillantes. Llevaba puesta un vestido blanco y ajustado que resaltaba su buena figura–. ¿Quieren presentarse ustedes primero o prefieren que lo hagamos nosotros?               –¿Dónde están tus modales, Cris? –Zoe entrecerró los ojos–. Preséntense.               –Bien, bien. –Tan pronto como la morena agitó el líquido en su copa Ronny notó las afiladas uñas que presumía, de un tono plateado con pedrería. Debía reconocerlo, la chica era preciosa–. Me llamo Cristina, pero pueden decirme Cris.               –Yo soy Alicia. –La segunda mujer comenzó a hablar, captando la atención del resto. A diferencia de Cristina, Alicia era de piel pálida y cabello rubio. Irradiaba un aura más pesada que la primera–. Zoe ha mencionado que ambos conocen a Zyan, pues soy su novia.               Los ojos de Ronny se abrieron rápidamente al escuchar aquello. ¿No se suponía que la fiesta era un secreto para el moreno? ¿Cómo era posible que su pareja se encontrara en aquel lugar como si nada? ¿Zoe se había vuelto loca?               –Supongo que mi pequeña cuñada dijo que Zyan estaría de viaje. No pasa nada, el secreto muere aquí. –Se cruzó de piernas, atrapando la atención de ambos chicos en su ajustado pantalón de cuero.               –Creo que es mi turno. –Ah, el tercer sujeto no podía negar que se encontraba en el team de las primeras dos. Parecía que la belleza de la ciudad había decidido reunirse en ese pequeño espacio. Cabello castaño, piel pálida y ojos cafés que miraban a los dos recién llegados con exceso de curiosidad–. Mi nombre es Ángel. Es un placer para ustedes conocerme.               Parecían estar bajo un hechizo. Completamente paralizados escuchando como cada uno de ellos hablaba. No obstante, entre los dos, uno era más astuto que el otro y fue exactamente él quien rompió la aparente brujería aplicada.               –Hans, pero pueden llamarme Hans. –El rubio ya tenía en sus manos una copa más, por lo que, luego de sentarse junto a estos sujetos, continuó bebiendo–. Y puedo asegurarles que no tendrán el placer de conocer a alguien como yo en el resto de sus vidas ricachonas. –Las carcajadas se hicieron audibles.               –Yo soy Ronny. –Y tal como hace un ratón asustadizo, Ron se sentó junto a Hans intentando protegerse.             La charla comenzó. Risas y anécdotas fueron apareciendo entre los seis chicos que poco a poco rompían el hielo. Incluso Ronny lentamente comenzaba a sentirse en confianza… y un poco mareado por la tercera copa que se engullía. Zoe había cumplido su promesa de no obligarle a beber nada más, pero extenderle alguna y que este la aceptara voluntariamente no contaba como obligar a nadie.               Aquel momento cada vez comenzó a tocar temas mucho más íntimos como la cantidad de parejas que cada uno había tenido e incluso la virginidad de estos… momento en el cual los cinco quedaron perplejos al saber que Ronny era virgen, porque si, lo había dicho como si nada en un estado de ligera ebriedad. Fue entonces cuando Ángel tuvo una idea luego de terminar la cerveza que tenía en manos.               –¿Jugamos a la botellita?              ¿Qué había pasado con las reglas que su papá mencionó a Ronny momentos antes de irse? Ah, sí, se habían ido por el caño tan pronto como el pelinegro probó cuan adictivo podía ser el alcohol. La primera ronda señaló a Hans y Cristina. ¿Problemas? No hubo ninguno y desde donde estaba Ron consiguió observar como iniciaba aquel juego de lenguas sin dificultades. La segunda ronda apuntó a Zoe y Ángel. Al igual que la primera vez, estos hicieron su trabajo de forma tranquila. Sin embargo, para el turno número tres las cosas se volvieron un poco más complicadas para el rarito de la fiesta: Ronny y Zoe.               Tragó saliva al mirar que era la castaña quien se acercaba sin dudarlo. Nunca antes había besado a alguien, por lo que estaba a punto de probar algo nuevo. ¿Nervioso? ¿Realmente nos hacemos esa pregunta? Las palmas de sus manos comenzaron a sudar y estaba seguro de que también temblaban. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR