La historia había hecho a Hans traer lágrimas a sus ojos. Ronny incluso había podido notar su voz quebrarse en ocasiones. Decir que estaba asombrado nunca describiría la cantidad de emociones que pasaban por la cabeza del pelinegro; era inesperado.
–¿Dónde demonios estás viviendo? –Se atrevió a preguntar el menor mirándole al rostro.
–He vuelto a casa. Tampoco es como si me estuvieran buscando. –Hans alzó los hombros restando importancia–. Bastó con quitar una de las ventanas para tener acceso nuevamente a esta. A fin de cuentas pasará a mi nombre cuando sea mayor.
–Hans... –La mirada de enfado del mayor se montó de inmediato sobre Ronny.
–Te pedí que no me tuvieras lástima, Ronny. –Entrecerró los ojos–. Odio sentir lástima y detesto más aún que sientan lástima por mí. Así que duérmete, mañana tenemos clases.
En absoluto, el pelinegro no había conseguido pegar un ojo. No dejaba de preguntarse una y otra vez si había algo que pudiera hacer por su amigo.
***
Varias clases habían pasado y Ronny seguía sin poder concentrarse. Esperaba que el examen hubiese salido bien. Su cabeza no dejaba de dar vueltas pensando que él no era el único en el mundo que había pasado por desgracias y, luego de escuchar la historia de Hans comprendía que sus problemas eran pequeños comparados a los de otros. Necesitaba cambiar de actitud, mejorar su forma de ver las cosas y, como una vez le explicó el mismo rubio, dejar de pensar en sí mismo como una víctima de la vida.
–¿Todo bien en el examen? –Sacudido nuevamente de sus pensamientos por el rubio, quien mostraba un rostro extrañamente radiante luego de semejante evaluación. Ronny bufó–. Creo que he respondido las preguntas bien gracias a ti.
–Sí, todo bien. Debe haberte ido genial a ti. Tus ojos hablan por sí solos. –Se sentía bien ayudar a otra persona a mejorar sus calificaciones–. Me alegro por ti.
–A todas estas… ¿has hablado con tus padres sobre la fiesta de Zoe? Creo que solo iré si vienes. No suelo llevarme bien con muchos aquí. –Siendo el temido de la clase eran pocos los que se relacionaban con él. Algunos con el interés de ser protegidos y otros para no ser molestados. Ronny parecía ser el único sincero de todos los que le rodeaban.
–Han dicho que sí, pero no puedo pasar de medianoche. Papá irá a recogerme. –Ron alzó los hombros con impotencia–. Era eso o nada. Complazco a Zoe y también a mis padres. ¿Vendrás entonces?
–¿Acompañado de la Cenicienta? –Hans no pudo evitar dejar salir una risilla negando con la cabeza–. Iré… solo si puedo regresar contigo a casa. –El pelinegro dejó escapar una carcajada–. ¿Qué? Ir a casa a esa hora puede ser peligroso.
–Creería eso de cualquier persona… pero no de ti, Hans. Asustas hasta a los reclusos. –Suspiró negando con la cabeza sin dejar de reír–. Pero no hay problema. Puedes volver a mi casa.
El aula se encontraba en calma, algunos pequeños grupitos hablando entre sí de forma tranquila… o así era hasta que la castaña cruzó la puerta con su peculiar algarabía que incluso hacía a Ronny cuestionarse si debería o no ignorarla. Se sentía avergonzado.
–¿Dónde están mis dos chicos favoritos? –Con un abrazo envolvió a los dos mirándoles simultáneamente–. Les extrañé. ¿Ustedes a mí no?
Ambos bufaron. ¿Cómo podían extrañar a alguien que habían visto hace tan solo un día? Ninguno de los dos lo entendía. Zoe, ofendida, se sentó sobre la mesa de Hans cruzando las piernas con el ceño fruncido.
–¿Por qué los hombre son tan insensibles? –Se preguntó rodando los ojos antes de volver a sonreír con exageración–. ¿A qué hora vendrán hoy? La fiesta comienza a las 7.
***
Ron se miró al espejo acomodando su cabello. Llevaba puesta una sudadera negra con su usual camisa a cuadros encima de esta. Como de costumbre, los pantalones rotos y ajustados se ceñían a su cintura. Un par de pulseras se divisaban en su muñeca, al igual que el anillo que su madre le había obsequiado estaba presumido en el dedo anular derecho. No tenía mucho más que buscar y, al ver las 7 PM en el reloj de su habitación supo que era hora de salir.
–Papá, es hora de irnos. –Llamó mientras bajaba las escaleras.
El timbre no tardó en sonar; Hans estaba allí. Iba vestido de forma similar a Ronny, solo que los pantalones de este eran más sueltos y su camisa mostraba un color verde desteñido. Además, ningún accesorio se veía en él. Tan diferentes pero tan cercanos.
–¿Has ido a una fiesta en tu vida? –La pregunta de Hans al subir al auto hizo que tanto el pelinegro como su padre soltaran una carcajada.
–¿Por quién me tomas? A propósito, ¿dormiste con papá anoche?
–Lo siento. Buenas noches, Sr Leonard. –El cambio en su voz se hizo bastante palpable.
–Es bueno verte de nuevo, Hans. Y no le hagas caso a Ronny, no soy dogmático. –Quizá Hans deseaba mantener una buena relación con los padres de su amigo porque eran una figura de lo que nunca tuvo, o quizá simplemente tenía envidia–. ¿Cuándo irás de nuevo a casa?
–¡Ah, papá! Olvidé decirles que Hans se quedaría hoy a dormir...
–¡Pero si eso resulta en problema puedo volver a casa! –Intervino de inmediato el rubio captando la mirada de los otros dos a través del retrovisor.
–¿Problema? No eres un problema, Hans. –La inusual respuesta de Leonard tomó al chico por sorpresa haciendo que abriera los ojos con asombro–. Siempre serás bienvenido en casa. A fin de cuentas Ronny parece tenerte mucho aprecio.
–¿De verdad no creen que puedo ser una mala influencia para su hijo? –La pregunta salió sin pensar, sola, como si su boca actuara por sí misma.
El auto se quedó en silencio por algunos segundos, tiempo que pareció ser eterno para Hans. Incluso Ronny dejó caer su cabeza apretando con fuerza los labios. Había creado un momento muy incómodo por hablar sin pensar y ahora era tarde para recoger aquella pregunta sin sentido.
–Hans, ¿estás orgulloso de tu pasado? –Leonard volvía a mirarle a través del espejo y fue suficiente con que Hans negara con la cabeza para que este continuara–. No eres una mala influencia porque sabes que has hecho cosas malas y estás aquí esforzándote por corregirlas. Has logrado que Ron sea más expresivo y eso significa que estás siendo bueno para él. Yo creo en ti y sé que puedes ser un gran chico.
¿Por qué aquellas palabras le hacían sentir su corazón arrugarse? ¿Conmoción? ¿Tristeza? ¿Qué sentía exactamente? Se encontraba en una lucha entre la felicidad por saber que los padres de su amigo le querían, y la tristeza por entender que ese comentario tan paterno no lo escucharía nuevamente. Creían en él y eso servía para que este se motivara incluso más a cambiar parte de su estilo de vida.
–Gracias. –Fue todo lo que el rubio musitó jugueteando con sus pulgares.
Habían llegado a su destino y ambos quedaron perplejos al observar la enorme casa en la cual vivía Zoe. Ninguno de los dos pudo imaginar que llegarían a un lugar como este. La música se escuchaba incluso desde el interior del auto. Parecía que la castaña estaba montando una gran fiesta. Curioso, teniendo en cuenta que la había preparado en tan solo un par de días. Si simplemente Zyan observara el gran prisma en el cual se había convertido la casa estaría muy enfadado, porque si, las luces se veían a cuadras de distancia.
–Bien, disfruten de su noche. –Les despidió Leonard–. Hijo, si deseas regresar antes de medianoche solo debes llamarme. Ah, y recuerda la regla: Nada de alcohol.
–Sí, papá, ya lo sé. –Lo siguiente que llegó a sus oídos fue el bufido de Hans desde fuera del auto.
El mayor se retiró por fin, dejando a los dos jóvenes en la entrada de aquel lugar. Para Hans una fiesta era algo normal, pero solía frecuentar algunas de menos categoría. La primera casa de lujo que había visitado era la de Ronny… por lo que le generaba cierto nivel de nervios saber que estaría en una celebración de tal categoría. Para el pelinegro era diferente, ya que recordaba haber ido a un par de fiestas en su vida, así que también se sentía ligeramente tenso. Por lo menos la música era buena.