Narra: Emma.
Era viernes, y eso solo significaba una cosa... ¡El día del baile!
Estaba en mi habitación junto a mi madre la cual me me ayudaba con el maquillaje.
— Te verás hermosa, Emma. Lo que no entiendo, es porque compraste una corona en lugar de un antifaz— comentó mi madre.
— Soy la presidenta, además, me gusto la corona.
— Si, pero ¿no ibas a llevar una por la reina del baile?
— no mamá, ese puesto lo ha ganado Arianna.
Y era verdad, mi popularidad había disminuido un 5% en las últimas semanas, pero no me importaba.
— Pues de igual forma, te vas a ver hermosa.
— Gracias mamá.
Terminó de maquillarme y me rizo el cabello, pequeñas ondas se realizaban en mi cabello, era hora de probar el vestido, he de admitir que en cuanto lo vi quedé perdidamente enamorada de él.
Era color n***o, me quedaba un poco más arriba del tobillo, con los hombros caídos, un escote en V con un trozo de tela haciendo que no se viera algo demás, en el final de este tenía espirales color dorado haciendo que se viera elegante.

Utilicé unos tacones de infarto, negros con el contorno dorado, ¿cómo iba a caminar con eso? Ya sabré cómo.

Las uñas eran perfectas, el dedo anular de cada mano tenía brillos dorados en toda la uña, mientras que las otras eran negras con pequeños brillos dorados, pero estas solo tenían al inicio de la uña.

¿Qué se me escapaba?... ¡Claro! El maquillaje era precioso, mis cejas muy bien delineadas, una línea negra no muy gruesa, en el párpado brillos dorados y un pequeño difuminado que comenzaba en café oscuro y terminaba en mi color de piel.
Lamentablemente, mis pestañas no son bastante largas, "F" por mi, así que tuve que usar pestañas postizas, un poco de rímel y estaba lista.

— Por dios, eres un Ángel hija— dijo mi madre muy orgullosa.
— No me vería así si no fuera por ti— contesté abrazandola.
En ese instante, la puerta se abrió dejando ver a mi padre con una sonrisa en el rostro.
— Cualquier chica que sea tu novio, al cual voy a mantener vigilado como halcón, será el más afortunado del mundo— me dijo mientras me abrazaba.
Yo no hice otra cosa más que sonrojarme.
— Además, no te hagas esperar, Roger está en al sala esperando por ti.
— ¿Ya ha llegado?— pregunté.
Asintió— Así es, me sorprende su puntualidad.
— Dile que en cinco minutos bajo— respondí, y mi padre dio media vuelta y se retiró.
— Te dejaré sola para que termines de alistarte— dijo mi madre.
Estaba nerviosa, iría al baile con el chico que me gusta, y no solo eso, bailaria con el, se que ya lo hemos hecho una vez, pero ahora lo haríamos frente a un público, y no lo decía porque me diera pena o algo, sino porque a Roger si le da pena que toda la atención esté puesta en el.
Sin darle mas vueltas al asunto, tomé mi bolso de mano el cual contenía mi teléfono y una que otra cosa para damas.
Cuando iba bajando las escaleras divise a Roger de espaldas, presiento que sintió mi mirada porque volteó hacia mi... ¡Santa virgen de los Abdominales! Diría Rachel, Roger se veía como un dios del olimpo, llevaba consigo un antifaz dorado, y el traje le quedaba como anillo al dedo, no era musculoso, pero tampoco era demasiado delgado, y el cabello, ¡Dios! Estaba perfectamente peinado, se lo había cortado, eso era seguro, este chico podría tener fácilmente a cualquier chica.


— Wow... que bien te ves cuando te bañas, Roger— me burle, aunque se veía hermoso.
— En cambio tu, en cada momento te ves perfecta— dijo, mirándome a los ojos.
No hice otra cosa más que sonrojarme. Esto se está haciendo costumbre.
— Gracias— respondí.
— He traído un chófer para llevarnos al baile— me informó mientras se acercaba a mi y tomaba mi mano para terminar de bajar las escaleras.
— Tienes todo planeado.
— Así es— respondió con una sonrisa.
Salimos de la casa y como lo había dicho, frente al portón había una camioneta dorada con rosas negras en las puertas y en el parachoques.
Que me casé con el, dice.
— ¡Esto es hermoso, Roger!— dije, abrazandolo.
— Tu aquí eres la que más hermosa te ves, Emma— me respondió.
— No digas eso que me chibeo— contesté, tapandome la cara con las manos.
— Emma, es la verdad, eres hermosa, y quien diga lo contrario, es porque necesita lentes— dijo, al momento en que quitaba las manos de mi cara.
— Eres un chico increíble, Roger, no entiendo porqué no tienes a alguien a tu lado.
— Tengo a muchas, mis padres, Kevin, tu.
— No, o sea, a lo que me refiero es que no tienes novia.
— Será porque estoy esperando a la indicada— comentó, guiñendo un ojo.
— Tal vez.
Roger tomó mi mano entrelazandola con la suya y subimos a la camioneta, en ningún momento soltó mi mano, y eso lo agradecía, estábamos en silencio, el observaba la ventana mientras yo veía mis pies.
— Se que ya lo he dicho demasiadas veces, pero nunca serán suficientes— habló de repente, al momento en que volteaba a verme— te ves jodidamente hermosa.
— Gracias Roger, gracias por invitarme al baile.
— La verdad tenía planeado invitarte desde antes, pero pensé que ya tenías con quien ir, así que callé.
No digimos nada más en el transcurso del camino, me acerqué más a el y le di un beso en la mejilla, después recoste mi cabeza en su hombro en lo que llegábamos a nuestro destino.
Esta sería una noche inolvidable y larga.