Nota de la autora: Ahí les va una maratón de capítulos, me olvidé programarlos xD pero ya los iré subiendo todos hasta ponernos al día
Luego de aquel suceso en el balcón, él finalmente tomó la decisión de dejarme encerrado en la habitación, lo que me ha tenido encerrado y aburrido durante 8 días.
Me arrepentía de no haber sacado un par de libros para entretenerme, ahora mi única entretención era mirar por la ventana y apreciar como los pájaros volaban de un lado a otro.
Mi segunda entretención es una chica de servicio que me trae de comer, ella también se lleva la ropa sucia y trae toallas limpias, así que durante ese pequeño periodo de tiempo me dedico a tratar de convencerla para que me traiga un libro.
El problema es que parece tenerle miedo al Coronel, siempre que le digo "Tráeme un libro, el que sea" ella suele responder "No creo que al Coronel le guste la idea" y cuando trato de convencerla, suele decir "No me quiero meter en problemas, el Coronel tiene un temperamento que a muchos nos aterra y perder mi trabajo, no es una opción"
El temperamento del Coronel no es realmente un problema, en realidad, sólo luce como alguien aterrador cuando está muy enfadado, algo que dudo que ocurra solo por un libro.
¡Ya estoy cansado de no hacer nada! Los días siguen pasando y no puedo dejar de pensar en mi muerte, es obvio que estoy aterrado, pero trato de pensar en todo lo bueno que he tenido en la vida.
Extraño el bar, allí podía hablar con alguien y salir con mis amigas durante el día, ¿ellas me extrañarán?
Seguramente están preocupadas, no creo que les hayan avisado que me movieron de sitio, así que imagino que se mantienen tristes al creerme muerto.
Me gustaría verlas antes de morir, ellas fueron buenas conmigo, no les importaba si me vestía de chica o no, sino que siempre decían "Ten cuidado" y me ayudaban a que luciera más femenina.
Todas me enseñaron a comportarme como una chica, lo que debo agradecer antes de morir.
Como estoy solo, he tenido mucho tiempo para pensar en mi muerte, lo que me aterra e inmediatamente deseo llorar, pues estoy aterrado.
No me quiero morir, aún tengo muchos deseos que cumplir, además jamás pude tener mi casa en el campo...
Aprendí a cocinar lo esencial para sobrevivir sólo porque deseaba vivir en el campo y a la señora Paulina le preocupaba que no supiera hacerme de comer, pero al ver mi desenlace actual, supongo que eso ya no tiene importancia.
Ag... no me gusta quedarme solo, mi cabeza se llena de imaginaciones absurdas y en cada una de ellas estoy muerto, de hecho, hay una en particular en donde me veo a mí mismo sin vida y los gusanos me están comiendo.
Me aterra pensar que eso ocurrirá, si bien ya estaré muerto y no lo notaré, sigue siendo un pensamiento que me desagrada.
Como ya estaba anocheciendo, decidí caminar hacia el baño para bañarme antes de ponerme el pijama, aprovechando de paso que la sirvienta vendría a recoger la bandeja que se supone debía dejar vacía.
No comí, mi corazón se sentía tan desolado que se me ha quitado el apetito, además sea por hambre o por la soga, moriré de igual modo, ¿para qué gastar esa comida? Ahora entiendo por qué en las celdas sólo nos daban un pan duro y agua.
Ahora comprendo que, si de igual modo vamos a morir, el gastar en nosotros es una pérdida de dinero para el reino y como no deseo que el Coronel gaste en mí, decidí que no comería.
Ya han pasado varios días, estoy seguro de que el rey ya ha ordenado ejecutar mi sentencia, así que sólo debo esperar y acabar con esta tristeza cuanto antes.
Yo deseaba aprovechar mis últimos días de vida de la mejor forma posible, la comida luego de pasar tantos días en una celda me resultaba deliciosa, estaba fascinado por los lujos que me han dado, pero ahora que llevo encerrado 8 días sin nada en lo que pensar aparte de mi muerte, me siento un estorbo.
Le estoy causando demasiados problemas al Coronel, debe estar aburrido de tener que mantenerme aquí, incluso que gaste sus lujos, unos que jamás pude haber imaginado que tendría a lo largo de mi vida, pero resulta que los milagros existen y supongo que mis ángeles guardianes desean darme unos últimos lujos antes de mi descenso.
Mientras estaba en la bañera, oí la puerta abrirse, debido al sonido de sus pasos sabía que se trataba de la sirvienta, quién se quedó de pie durante un instante antes de tomar la bandeja.
—Otra vez no comió nada— mencionó, levantando un poco la voz para que la escuchara.
—Te dije que no trajeras nada, es una perdida innecesaria de comida si de igual modo moriré— le recordé, sumergiendo mi cabeza en la tina.
—Bien...— dijo con desánimo, antes de retirarse.
Yo permanecí sumergido en la tina mientras observaba desde el fondo el techo, uno que debido al agua se distorsionaba un poco, pero de igual modo me relajaba.
¿Qué se sentirá morir ahogado? La bañera no me sirve para ese propósito, pues ya lo he intentado y llegado al punto de no tener más aire en los pulmones, mi cuerpo contra mi voluntad se levantó en busca de aire.
Supongo que, si tuviese un lago, podría hundirme en el fondo o quizás, amarrándome contra una roca muy pesada pueda permanecer bajo el agua hasta finalmente ahogarme.
Siento que es mejor morir de ese modo, es igual de trágico, pero la soga es algo que me da muchísimo miedo, ya que sé lo tardío que es morir de ese modo y seguramente será doloroso...
...Centrado en el Coronel...
—Ya hemos finalizado con el asunto de los terroristas, por lo que las muertes pendientes de los otros criminales se llevarán a cabo mañana— le anunciaba el rey a su Coronel, creyendo que el deshacerse de ellos lo haría feliz.
El rey había estado apresurando este proceso para que su Coronel no tuviese que seguir lidiando con esos criminales, sin imaginar que él deseaba alargarlo un poco más...
Sabía que era lo mejor, deshacerse del problema que había causado en él aquellos confusos sentimientos era sin duda lo más prudente, ¡tenía un futuro brillante! Él deseaba continuar con sus planes como hasta ahora, sin preocupaciones innecesarias.
Su muerte le daría un final a todo, sin Charlie en medio sus enemigos no podrían enterarse de que estuvo con él, de hecho, para evitar que el rumor se propagara, acabó con la vida de los guardias que lo llevaron a la celda y según sus investigaciones, también debía deshacerse de aquella mujer que los había enviado a su habitación aquella noche.
Era lo mejor, borrar la evidencia que podría perjudicarlo era algo que cualquiera en su posición haría, el único inconveniente es que no podía dejar de pensar en los días que compartió con Charlie.
—Ahora bien— añadió el rey— ¿ya le avisaste a tu enamorada sobre el baile? Mi esposa está muy emocionada por este evento, llevamos muchos meses sin dar una fiesta y el conocerla ha sido la excusa perfecta para contratar bailarines, músicos y pedir deliciosa comida.
—Bueno...— murmuró nervioso, ya que nuevamente había olvidado el baile— lo cierto es que ella y yo estamos distanciados.
—¿Qué? —preguntó con sorpresa y curiosidad el rey— ahora comprendo por qué has estado tan distraído últimamente, los problemas del corazón son sin duda peligrosos y no deseo que mi Coronel más leal se vea envuelto en esa clase de problemas.
—Sí, por eso...— titubeó.
—Soluciona tus diferencias con ella— le ordenó— me habías dicho que ella era especial, perderla por una tontería sería absurdo, además son jóvenes, ustedes suelen ahogarse en un vaso de agua cuando en realidad, la solución está frente a sus narices.
—No creo que sea tan sencillo— comentó con nerviosismo.
—Deberías hacer lo que yo— le proponía— antes de dejarte llevar por el enfado, piensa en lo que sentirías si ella no está.
—¿Lo que sentiría...? —repitió pensativo, imaginando una vida sin aquella persona de ojos tiernos— supongo que...— titubeó— estaría solo y triste...
—¿Ves? Si lo que me contabas es cierto, entonces su bella flor será regada por otro y no creo que regrese. El sentimiento de soledad es algo que no desaparecerá con unos cuantos días, ni siquiera buscando otra flor va a reemplazar a la más bonita del jardín.
—Tiene razón— murmuró pensativo— su majestad, debo irme— le avisó antes de salir corriendo de regreso a su palacio.
—¡Querida! —habló el rey, dejando su trono para buscar a su esposa— ¡querida, ven aquí! —seguía pidiendo, hasta que la reina con preocupación salió del salón donde se encontraba bordando, queriendo saber qué era tan urgente como para hacer correr a su esposo— ¡hay que organizar una boda!
—¿Qué? ¿Quién se casará?—preguntó confundida.
—El Coronel— le respondió con entusiasmo.
—No nos había dicho nada...— murmuró.
—Sí, es que aún no lo sabe, pero el día del baile, ellos se casarán, ayúdame a organizar todos, los invitados deben saberlo, pero asegúrate de que el Coronel no lo sepa, ¡será una gran sorpresa! —decía lleno de emoción.
—¿No crees que deberías preguntarles a ellos primero? —preguntó dudosa la reina.
—No, ya conozco la respuesta, así que, ¿me ayudarás?
—Bien, ¿Quién soy yo para detener tus locuras? —le preguntó con una sonrisa, dejando su bordado de lado para avisarle a todos los invitados del baile que en realidad vendrían a una boda.
Había tanto por hacer, pero muy poco tiempo como para organizar todo aquello que el rey tenía en mente.
Esta boda tenía que ser magnífica...
Mientras tanto, el Coronel regresaba a su hogar, perdiendo la valentía que había reunido y los nervios le jugaban en contra, al no saber cómo arreglar lo de Samantha y Charlie.
—Señor— lo interrumpió la sirvienta, trayendo una bandeja en sus manos que por un instante, él pensó que era para que comiera.
—Comí en el castillo— le avisó.
—No señor, este es del joven.
—¿Sigue sin querer comer? —preguntó preocupado.
—Ya van 4 días, sólo se bebe el jugo y lo demás lo deja intacto— le respondió con preocupación.
—Calienta su comida, esta vez lo llevaré yo— le ordenó.
—Sí señor...