Capítulo 8

4083 Palabras
En ese momento, Cerbero que entraba a la cocina se dirigió a los pies de Hades en la espera de que su amo le diera algo de comer de lo que preparaba, pero miro con ojos de cachorro a Perséfone, ella era una víctima más fácil y no tardó en arrojarle un poco de carne, la cual el perro comió a gusto. — Tenemos suerte de tener helado —comentó tranquila mientras marcaba el número que decía la guía en el teléfono, la tecnología le parecía fascinante— y que inventaron estos útiles aparatos. Hades alzó ambas cejas escuchando y tuvo que contener un suspiro cuando ella se separó de él. — Sí, por supuesto —asintió a su pedido y estaba por usar sus poderes sobre el Inframundo para invocar a uno de sus sirvientes, sorprendiéndose un poco al sentir que le costó más de la cuenta poder hacerlo. Juntó las cejas frunciendo el ceño un poco— Querida… —llamó en voz baja— ¿Puedes continuar un momento con la comida? Necesito revisar el Inframundo solo unos minutos. Aquello hizo que de inmediato Perséfone volteara a verlo preocupada, juntó las cejas dejando el teléfono y se acercó a su esposo sin apartar los ojos de los de él, buscando alguna señal de malestar por parte de él. — ¿Qué sucede? ¿Pasa algo malo? Puedo ayudarte —comenzó a preguntar viéndose claramente asustada, el Inframundo era importante para ella también, más aún si tenía que ver con el bienestar de su esposo. Así que tomó sus manos antes de que él se marchara. No tenía sentido aquello, había logrado llevar más almas de lo normal aquel día, Hades debía de sentirse más fuerte. Hades por su parte suspiró manteniendo la calma pensando en cómo explicarle. — Solo me costó un poco más de lo normal contactarme con los sirvientes del Inframundo… Daré un vistazo rápido, quizás un alma fuera de lugar alteró las cosas —explicó mirándola atento y besó con cuidado su frente. No comprendía bien que había sucedido, quizás solo estaba distraído pero no quería dar nada por sentado sin asegurarse. Perséfone asintió, quería acompañarlo pero debía terminar la cena, así que dejó otro beso en sus labios y tomó de nuevo el teléfono en donde el número estaba marcado a la espera de que presionara el botón de llamar. — Está bien, por favor llámame si necesitas mi ayuda, terminaré de hacer todo por aquí… Suerte —terminó de decir sonriendo levemente de lado, pero una sombra de preocupación se notaba en sus ojos. Debían encontrar una forma de que Hades obtuviera las almas necesarias para mantener sus poderes a su máxima capacidad, el método de ella era algo rudimentario y apenas suplían la necesidad de almas. Hades de un momento a otro ya no se encontró en la cocina del castillo, si no en la barca de Caronte. Se relajó un poco al notar que su aparición en el Inframundo la sintió igual que siempre. Caronte al ver a su amo se enderezó, afirmando su agarre al remo y comenzó a navegar. Sabía que cuando Hades aparecía súbitamente dentro de la barca era porque algo no estaba bien y requería una revisión rápida. — ¿Tuviste algún problema con las almas de hoy? —preguntó Hades a su sirviente, su tono de voz era nuevamente serio, alto e imponente como siempre que no era dirigido a su esposa o a Cerbero. Buscó no verse preocupado aunque no era necesario, solo la acción recién mencionada era suficiente. Caronte negó. — No señor, todas llegaron en perfectas condiciones a su morada correspondiente —respondió, orgulloso de su trabajo y Hades asintió. Manteniéndose de pie dentro de la barca para poder observar todo perfectamente. Sus ojos se tornaron más negros y su cabello casi se mezclaba con el denso humo n***o y gris que emanaba del río. — ¿No viste nada raro tampoco? ¿O fuera de lugar? —siguió cuestionando sin dejar de ver todo con atención y miró a Caronte un poco más frustrado— Podrías ir más rápido, ¿no, anciano? El tour por el Inframundo en barca continuó, mientras Hades se relajaba cada vez más notando que todo estaba en orden como debía ser. Y cuando finalmente volvieron a la entrada del castillo subterráneo, que se encontraba en medio de todo, Hades volteó a ver a Caronte y asintió a modo de explicar que todo estaba en su respectivo orden y volvió a aparecer en la cocina, su cabello aún mezclándose con la humareda debido al uso de su poder. Perséfone, quien ya había terminado de cocinar, levantó la vista y apresurada se acercó a él abrazándolo por el cuello sin importarle el humo y lo beso con cuidado para darle la bienvenida. Miró sus ojos y no pudo contenerse de besarlo de nuevo. — ¿Cómo te fue? ¿Había algo malo? ¿Hice algo mal hoy enviando las almas? —preguntó apresurada mientras lo miraba preocupada y colocaba las manos en el pecho de Hades. Hades sonrió y la besó de vuelta, abrazándola y colocando ambas manos en su espalda baja, moviendo los pulgares para acariciarla con suavidad. — Bien, estaba todo en orden como siempre y Caronte dijo que todas las almas llegaron bien a sus lugares —respondió a sus preguntas y volvió a besarla cerrando los ojos un momento para disfrutar del beso plenamente y los volvió a abrir —. Quizás solo estaba distraído, no tuve problemas con la aparición. — Tenemos que encontrar otra forma para que adquieras almas, siento que lo que hago no es suficiente —dijo mirándolo directo a los ojos, los labios de Perséfone se veían bastante rosados bajo aquella luz y el aroma a flores que emanaba se hacía más fuerte en el ambiente por las caricias que le agradaban. El sirviente que Hades había invocado se mostraba delante de los humanos como un camarero cualquiera, pero los dioses y semidioses lo veían por lo que realmente era, un esqueleto lleno de telarañas y moho. Cargaba una armadura antigua, de aquellas que se utilizaban en Grecia, al volver de entregar los bocadillos a Alexander empezó a ayudar a Perséfone a llevar todo al comedor, en aquel momento entró a buscar el último platillo para llevar a la mesa. — Alexander ya comió unos bocadillos, le envié unas dolmadakia, un par nada más para que no se llene —explicó Perséfone viendo a Hades y juntó las cejas esperando la contestación de su esposo, aquello lo había dicho para relajar un tanto el ambiente. Hades asintió al sirviente mientras todavía abrazaba a Perséfone. — Puedes retirarte de nuevo, estamos bien —ordenó con calma mientras continuaba las caricias a Perséfone percibiendo con gusto cómo se intensificó aquel aroma. Le fascinaba cuando sentía la intensidad del aroma a flores, le hacían saber que las cosas iban bien y que a ella le gustaba lo que hacía. El sirviente asintió y se retiró caminando hacia el sótano, donde se encontraba la entrada al Inframundo. Mientras tanto Perséfone apoyó cabeza en el pecho de Hades, poco a poco metió las manos dentro de la camisa de este, acariciando su espalda, le gustaba lo suave de su piel y lo firme que se sentían sus músculos. — Vamos a comer —terminó ella por decir, el aroma era intenso, como si pasearas por un claro de flores en primavera, dejó un beso delicado en sus labios teniendo que utilizar su fuerza de voluntad para separarse—. Vamos a llamar a Alexander. Hades sonrió y tomó rápidamente su mano para jalarla a él y volver a besarla con más intensidad solo por unos segundos colocando la otra mano en su mejilla y de a poco volvió a separarse. — Ahora si vamos —murmuró y la abrazó de costado para guiarla con cuidado fuera de la cocina. La risa de la mujer no se hizo esperar, su esposo sabía cómo hacerla reír y sonrojar como si todavía fuera una adolescente. Recordaba los primeros seis meses que había pasado a su lado y sonrió ampliamente, no se separaban el uno del otro y apenas salían de la habitación, Hades trabajaba en la cama mientras ella lo abrazaba e incluso llegaba a recordar cómo su esposo la miraba dormir, ya que al despertar estaba Hades viéndola como si fuera una pieza de arte. — ¿Aún me ves dormir? —preguntó divertida, puesto a que Hades en ese tiempo parecía un adolescente enamorado. Ahora actuaba como un hombre casado con el amor de su vida, más serio y responsable pero el amor seguía siendo el mismo. — Cuando estoy despierto, por supuesto, ¿porque no lo haría? Si estás tan hermosa como el día que te conocí y más —respondió sin problemas mientras caminaba a su lado, rodeándola con una mano por la cintura. Ahora solo estaba despierto menos tiempo que antes desde que Perséfone se duerme, pero siempre la observa hasta el último momento antes de que su sueño lo venza y caiga dormido. Era algo que jamás dejaría de disfrutar, lo relajaba bastante saber que ella se sentía en completa seguridad y calma para poder dormir en la misma cama con él. Una vez llegaron a la puerta de Alexander tocaron un par de veces, el niño adentro dió un respingo tomado por sorpresa y vió la puerta sorprendido, en su casa nunca tocaban su puerta. Philip corrió ladrando a esta emocionado por las visitas y finalmente Alexander se aclaró la garganta. — Adelante —dijo algo alto para ser escuchado, se puso de pie porque todo ese rato estuvo comiendo los bocadillos con Philip en el suelo mientras jugaban. Entonces la pareja entró en la habitación, primero la dama de la casa, alta, de contextura fuerte y cabello rojos, luego el señor de la casa que se alzaba como una muralla oscura tras ella, parecía arropar a su esposa con un brazo alrededor de la cintura. A diferencia de como lo había visto antes, ahora Hades, aún imponente e inspirador de temor, se veía más relajado y gustoso. Había aflojado su ceño que Alexander creyó que siempre se encontraba fruncido y tenía una pequeña y casi imperceptible sonrisa en el rostro. Esa sonrisa solo la podía causar el pasar tiempo agradable con su esposa y poder disfrutar de ella. — La cena ya está lista, Alexander —habló Hades con tranquilidad y usando todo su esfuerzo para acercarse más al tono que usaba con Perséfone, mientras acariciaba un poco la cintura de esta. La mujer suspiraba cada tanto por las caricias, estaba relajada y Alexander lo percibía así que asintió y caminó con ellos fuera de la habitación, Philip los seguía olisqueando el suelo, mientras tanto el niño admiraba la decoración de los pasillos, fijándose en una escultura grande de un hombre y una mujer semidesnudos, el hombre la cargaba y está parecía intentar soltarse. — ¿Qué es eso? —preguntó Alex a la pareja, Perséfone miró la escultura y sonrió con diversión, los humanos se creían cualquier chisme, pero aquella escultura le gustaba porque físicamente si se parecía a ellos. — Es una imitación de una escultura muy famosa, llamada El Rapto de Perséfone… Es de una antigua historia —comentó con tranquilidad y Alexander parpadea confuso. — Pero tú te llamas Perséfone. — Así es, me pusieron el nombre por la diosa —comentó tranquila y el niño se quedó viendo la estatua confuso, curioso y bastante maravillado. Aquella escultura era una imitación bastante costosa puesto que era casi idéntica a la original. A Perséfone le gustaba decorar el castillo con objetos que le recordarán el pasado, cuadros, objetos históricos que habían comprado en subastas o simplemente sus propias posesiones las cuales eran valiosas en aquella época, sin embargo el lugar no dejaba de inspirar un ambiente gótico por los gustos en decoración de Hades. — ¿Y el hombre quien es? —preguntó Alexander interrumpiendo los pensamientos de Perséfone. Hades parpadeó al oír la pregunta, se quedó unos momentos pensando. No sabía exactamente cómo responder a eso. Y temía que decir su nombre levantara sospechas indebidas en el niño. Finalmente pensó que tarde o temprano leería cualquier libro de mitología y lo sabría. Así que suspiró rendido. — Hades, el Dios de los muertos —respondió simplemente mientras caminaba sin despegarse de Perséfone y tampoco tenía intención de hacerlo en un futuro. Alexander los vió con desconfianza en aquel momento, pensaba que le estaban jugando una broma, pues los nombres de ellos eran iguales a los de los dioses que protagonizaba la escultura, los miró juntando las cejas y Perséfone lo vió también. — Es por eso que Hades y yo decimos que es nuestro destino estar juntos, es una preciosa coincidencia —mintió tranquila, pensaba que era mejor mantenerlo lejos de esos asuntos, siempre habían problemas cuando los humanos se involucran con dioses. Luego miró a su esposo y besó su mejilla, ella no se preocupaba tanto pero sabía que era un niño inteligente, lo veía en sus ojos, sabía que entendería tarde o temprano la verdad, era fácil atar los cabos entre el nombre Hades y la resurrección de un cachorro, el cual al ver a Cerbero bajo la cola asustado, cuando el enorme perro se acercó a olerlo mejor. Hades prefirió no continuar respondiendo y caminó a su silla para sentarse, abriendo los brazos a Perséfone sonriendo un poco de lado. — Espero disfrutes tu estadía aquí, realmente estás a salvo y no debes preocuparte por nada —dijo Hades con tranquilidad a Alexander mientras esperaba pacientemente a que Perséfone fuera con él—. Un sirviente le traerá la comida a tu cachorro, no te preocupes. Su esposa de inmediato fue a sentarse en sus piernas, siempre comían así, ella era su única compañía en el castillo además de Cerbero y al revés era igual, ella solo contaba con Hades y la cercanía de la pareja era evidente. Por su parte, Alexander asintió al comentario de Hades. Le parecía bastante extraño el cambio que había tenido para con él y ahora se veía bastante calmo con Perséfone, luego se fijó en la mesa y fue imposible contener su expresión de sorpresa dada a la cantidad de comida, parecía un festín, aquello era la comida típica de la pareja, solo que ahora había pizza y helado. — Es bastante comida… —comentó el niño sentándose junto a Hades y Perséfone, esta última río por lo bajo y asintió. — Solemos comer bastante, pero la comida griega es muy saludable, puedes servirte de lo que quieras cuanto quieras, claro que también tienes pizza y helado —señaló tranquila y luego empezó a servirse comida, tomo un poco de yemistá, mousakás y finalmente de la famosa ensalada joriátiki, conocida como ensalada griega mundialmente. Perséfone cocinaba muy bien, y Alexander se sentía tentado de probar de todos los platillos pero miraba algo tímido a Hades. Este sonrió un poco entretenido notando la mirada y se sirvió un poco de todo lo que había, obviando la pizza claramente y asintió hacia Alexander. — Puedes servirte lo que gustes, preparamos de sobra —aprobó Hades, y dejó un par de besos lentos en el cuello de Perséfone como siempre hacía, colocando una mano en su muslo mientras tomaba el cubierto con la mano restante esperando a que ella coma primero. Ante el visto bueno de Hades, Alexander se servicio de todo un poco, incluyendo la pizza. Perséfone finalmente también tomó un trozo para empezar a comerlo tranquila, estaba totalmente relajada y miraba a Alex pensando en dejarlo descansar por hoy, ya mañana hablarían claramente de lo que sucedía en su casa y si él quería quedarse con ellos. — Buen provecho —le dijo sonriendo a ambos y siguió comiendo tranquila. El resto de la cena fue tranquila y en silencio. Los tres estaban demasiado cansados emocionalmente para seguir con el tema y querían ir a sus habitaciones a recobrar energías y descansar para el día siguiente poder tomar mejores decisiones sin que el cansancio nuble su juicio y sus acciones. Al día siguiente, Perséfone pidió un día libre en el trabajo y Hades solo decidió no ir, después de todo, él era el dueño. Alexander por otra parte, avisaría al colegio cuando se presentara al otro día y buscaría alguna forma de justificar su falta, aunque la idea de no ir un día lo ponía bastante nervioso. Se juntaron en el desayuno los tres, nuevamente en las posiciones de la cena del día anterior y finalmente. Hades y Perséfone le pidieron a Alexander que les explicara que pasaba en su hogar para así poder ayudarlo. Hades tenía pensado llamar a su hermana mayor Hestia, después de todo, ella era tan neutral como él en cuestiones de los pleitos entre dioses y se llevaban considerablemente bien por ello. Alexander dudó un poco si contarles o no, mientras los observaba pensando. Él era un niño después de todo y no podía hacer mucho para cambiar su situación una vez ellos lo dejaran, y atemorizante o no, Hades parecía poder con su padre si este llegaba a molestarlo. Así que decidió contarles, ellos podrían hacer más cosas que él para modificar su situación, eran adultos y tenían dinero, mucho dinero al parecer. Dos cosas que eran completamente carentes en Alexander. Hades al escuchar el relato del niño, frunció el ceño cada vez más conforme continuaba explicando. Tenía esa sospecha desde el principio, pero confirmarlo solo lo fastidiaba más. Sus ojos se oscurecieron pensando que esa clase de almas pertenecían sin duda al Tártaro, junto con la peor de las escorias. Abrazó más a Perséfone contra él, pensando que ahora sí, definitivamente llamaría a Hestia para que los asista. Aunque él mismo pensaba ir a reclamar el alma del padre de Alexander aún con vida, y la situaría a un lado del infeliz que quiso secuestrar a su esposa hace años. Terminó suspirando en rendición, ya no podía hacer eso. Pero mandaría un sirviente para mantenerlo vigilado y así asegurarse cuando muera de que no escape de su ahora decidido destino. — Nos ocuparemos, no volverás ahí, no te preocupes. Estarás a salvo con nosotros. Por su parte Perséfone se abrazaba a Hades, ya confirmaba que había tomado la decisión correcta al querer quedarse con Alexander y la calmaba el hecho de que este también parecía querer quedarse con ellos, durante la historia miraba a Hades ocasionalmente para asegurarse de que éste estuviera bien. Si alguien sabía de malos padres era él, cuando escuchó las últimas palabras de Hades suspiró aliviada y agradecida con su esposo, lo besó cortamente en señal de que aprobaba aquella decisión y más aún, que la complacía totalmente. — También si lo deseas podemos cambiarte de escuela por una más cercana a nosotros, de esa forma puedo llevarte y pasarte a buscar cuando salga del trabajo —ofreció ella, estaba feliz de que Alexander estuviera ahí— también podemos ir de compras a conseguirte un nuevo guardarropa, y juguetes ¿Te gusta alguna actividad en específica? Porque puedo inscribirte en lo que desees, quiero que seas feliz. Las palabras de Perséfone removieron algo dentro de Alexander, no solo porque parecía un sueño para cualquiera, sino por la última frase que dijo Perséfone asegurando que deseaba su felicidad, lo hicieron bajar la vista. Parecía a punto de llorar cuando sintió unos cálidos brazos alrededor de él y un magnífico olor a flores, ella lo estaba abrazando con suma delicadeza y lo acurrucaba haciéndolo sentir seguro. — Bienvenido a la familia, Alex —dijo tranquila, no necesitaba que él dijera más, era buena leyendo a las personas y sabía que aquel niño y Hades se parecían en más de una cosa, sin embargo las más notables eran que ambos necesitaban mucho cariño, alguien que no los juzgará y que los apoyará. Hades permaneció en su silla, esperando con calma y pensando en hacer ahora la llamada a Hestia, sabía que ella no tendría problemas en ayudarlos y menos en un tema como este. Y así fue, Hestia había tocado su puerta esa misma tarde después del llamado de Hades y los ayudó con todo lo necesario, mencionando a propósito lo “orgullosa” que estaba de su hermano por ser el más decente de los dioses varones olímpicos. Hades rodó los ojos mascullando que eso en realidad no era un gran logro y continuó con sus cosas para poder adoptar a Alexander. Quien seguía sorprendido de que todo lo relacionado a sus ahora padres adoptivos fuera tan… grande. Hestia era una bonita y muy alta mujer pelirroja, pero diferente al tono de Perséfone que tiraba más bien a rojo y su cuñada más bien era de un color cobrizo, sus cabellos, así como sus ojos parecían querer confundirse con el fuego mismo, destellaban y resaltan en su rostro que era tan bello como el de Perséfone e incluso más, pero con otro tipo de facciones. Alexander no encontraba mucho parecido con Hades, salvo que ella era tan alta como él, pero asumió que cada uno se parecería a un padre diferente, cosa que así era. Solo un par de días después ya estaba todo el asunto cerrado y Hestia se marchó agradeciendo a Hades y Perséfone por la estadía ese par de días, en cuanto a esta última parecía haber ganado la lotería, se veía totalmente feliz y cantaba por la casa mientras hacía sus oficios cotidianos cómo cocinar o hacer jardinería, incluso había llevado a Alexander con ella a enseñarle un poco sobre esta práctica, Hades recibía más besos y atenciones de parte de ella, aún más de lo normal, puesto a que el buen humor de su esposa se demostraba por medio de muestras físicas de afecto y deliciosos aromas florales por todo el castillo. Así pasaron un par de años desde aquel momento, Alexander ahora de diez años se encontraba sentado en las piernas de Perséfone mientras ésta le peinaba el cabello. Le habían permitido dejarse crecer el cabello y él "secretamente" lo hacía porque el cabello de Hades le parecía hermoso y quería que el suyo se pareciera, aunque la realidad era que la pareja sabía que lo hacía por admiración a Hades. Eran una familia bastante feliz y todos se habían adaptado bien a la idea de ser padres o hijo respectivamente, para Perséfone era como si siempre hubiera estado Alexander en sus vidas y lo amaba como si ella lo hubiera tenido. Alexander por su parte amaba y adoraba a sus padres adoptivos, habían logrado durante ese tiempo borrar los años de maltrato y ahora se encontraba feliz, se sentía seguro y amado. Aunque aún conservaba algunas cicatrices de aquella época, que se mostraban cuando alguien gritaba o debía conocer personas nuevas, el niño bajaba la vista o se escondía detrás de Hades puesto que, para Alexander, no había otro más fuerte y grande que su padre, además de que este era totalmente imponente y nadie parecía quererse meter con él. Si no estaba Hades se escondía detrás de Perséfone, ya que su madre no solo era grande y fuerte sino que también, después del susto siempre le compraba helado. Hades se mantenía tranquilo todo ese tiempo, solo de vez en cuando parecía reclamar indirectamente más de las atenciones de Perséfone. Le agradaba la presencia del niño en el castillo puesto que hacía aún más feliz a su esposa, solo ocasionalmente, cuando pensaba que él solo no podía hacerla así de feliz era cuando se acercaba lentamente a su esposa apoyando con cuidado la cabeza en el hombro de ella. Pareciendo reducir un par de centímetros a su tamaño y su imponente porte también desaparecía por esos minutos hasta que se deshacía de esos pensamientos por el momento y solo se dedicaba a consentir a su esposa. Ahora se encontraba en su estudio, haciendo un recuento de almas viéndose bastante serio y concentrado en ese trabajo como para prestar atención a más cosas. No olvidaba el incidente del día que llegó Alexander y prefería no arriesgarse a que vuelva a pasar. No parecía haber un problema real más que los pocos ingresos. Soltó un suspiro de resignación y se levantó de su asiento para salir del estudio, era más seguro verlo por sí mismo de nuevo. Así que salió caminando por los pasillos hacía el sótano.
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