A Perséfone se le notó encantada con la presencia de Alexander, en cuanto bajaron del auto el niño se sintió impresionado por la enorme estructura gótica que se alzaba hacia el cielo, el castillo era enorme y para él lucía como un cuento de hadas.
— Puedes elegir el cuarto que gustes, también puedes dormir con Philip, tenemos un perro grande llamado Cerbero pero no te hará nada —habló ella mientras lo guiaba a la entrada del castillo de la mano de Hades— te mostraré dónde quedan las cosas, tenemos comida para Philip también, en serio espero que te guste aquí.
Se notó como Perséfone intentaba que todo fuese lo más cómodo y acogedor posible para Alexander y en ningún momento dejó de estar a un lado de Hades mientras lo guiaba dentro del castillo por el recibidor, en el cual habían dos enormes escaleras que se alzaban hasta un segundo piso.
— Parece el castillo de la Bella y la Bestia —comentó Alexander viendo alrededor, habían cuadros de la pareja, esculturas griegas y obras de arte preciosas que decoraban los pasillos mientras Perséfone y Hades lo guiaban.
Alexander notó cómo una vez dentro del castillo, el semblante de Hades pareció cambiar completamente. Se le notó aún más imponente y atemorizante que antes, pero su expresión se veía más relajada, menos tensa y se movía con mucha más agilidad y simpleza, que no dejaba de sorprenderlo para su tamaño, que cuando estaba en su oficina.
Hades aunque no comentó nada, continuó acompañando el tour que Perséfone daba a Alexander por el castillo y soltó la mano de su esposa para pasar su brazo alrededor de la cintura de ella mientras caminaban sonriendo ligeramente, mucho más a gusto de por fin estar en su casa.
Llegaron a una habitación grande, cuando Perséfone abrió la puerta él no comprendió al principio, que aquella preciosa y acogedora habitación era para él.
— Aquí puedes dormir con Philip, al lado está nuestro cuarto, si quieres cambiarla por otra que te guste más…
— Es perfecta —negó Alexander pasando viéndolo todo con atención y leve asombro. Una cama matrimonial, decoración gótica y hasta un candelabro colgando en el techo, aquella habitación era imponente pero confortable, los tonos oscuros le daban una sensación de calidez y comodidad.
El comentario hizo sonreír a la señora de la casa y Cerbero en aquel momento entró en la habitación, moviendo la cola a Hades y a Perséfone saludandolos.
Hades sonrió al ver a Cerbero, y le acarició levemente la cabeza.
— Tenemos un par de invitados, te portas bien con ambos —ordenó mientras le acariciaba detrás de la oreja al gigantesco can. Sabía que no era necesario en ocasiones decirle que tenía que comportarse cuando había visitas, ya que Cerbero solo atacaba bajo orden o intromisión en el Inframundo directo. Pero en esa ocasión le pareció bueno asegurarse.
Alexander parpadeó con asombro al ver a Cerbero, y se preguntó porque todo en ese lugar era enorme. Philip, que se encontraba en brazos de Alex, tembló un poco al ver al gran e imponente perro. Sin embargo Cerbero, obedeciendo a su amo se acercó a olerlos bajando el semblante para no verse atemorizante ya que tenía ese mismo problema que su amo.
— Todos son muy altos —comentó el niño y Perséfone río entre dientes negando. Entre los dioses ella era de una altura promedio, pues era segunda generación, pero entre los humanos ella se veía bastante imponente con una altura destacable. Aún así era más pequeña que Hades, que era de la primera generación de dioses, el cual parecía un obelisco n***o que atrevesaba el ambiente a su paso.
— Somos extranjeros —se limitó a decir ella y rápidamente cambió de tema señalando con la cabeza una puerta—. Ahí tienes tu baño, el armario es la otra puerta dentro de este, puedes refrescarte mientras está lista la cena.
Alexander vió la puerta curioso, como todo niño quería explorar el lugar y aquello le causó ternura a Perséfone la cual sonrió apoyando la cabeza en el pecho de Hades mientras miraba al niño.
Hades sonrió con diversión y buscó besar los labios de su esposa mientras la abrazaba de costado, Perséfone correspondió de inmediato besándolo cortamente quedándose mirando sus labios unos segundos más, pensando en que deseaba más besos.
— Te llamaremos cuando esté listo todo —aseguró Hades, y vió al niño pensando que también tendrá más hambre—. Si tarda mucho traeremos unos bocadillos también.
Al hablar, el dios acarició suavemente la cintura de su esposa con el pulgar y sonrió de lado mientras ésta disfrutaba de las caricias conteniendose de cerrar los ojos y simplemente dejarse caer ante el encanto de la misma muerte. Las caricias de Hades eran delicadas y precisas, aquello la hizo sentir flotando y se le dificultó prestar atención a las demás cosas.
Alexander al oírlo sonrió más agradecido. Si tenía mucha hambre ese día y suspiró nuevamente sonrojado por la pena.
— Muchas gracias, señor —dijo, bajando un poco la cabeza.
Después de eso Hades y Perséfone salieron, en cuanto entraron a su habitación ella fue directo a la cama dejándose caer boca arriba, estaba agotada por todo el estrés durante el día. Vió a Hades cerrar la puerta con tranquilidad mientras caminaba hacia la cama quitándose la corbata, ella suspiró sin poder contenerse.
— Odio que seas tan atractivo — claramente bromeó, miró los rizos negros de Hades moverse levemente cuando esté caminaba —. Ven conmigo, mi amor.
Y después de pronunciar aquellas palabras abrió los brazos hacia él, quería un momento a solas con su esposo, también buscaba que Hades descansara un momento, había sido un día largo para él y ambos se merecían un tiempo de tranquilidad.
Hades sonrió al ver la acción de su esposa y con cuidado se inclinó sobre ella para recostarse abrazándola. Cerró los ojos ante la cercanía y soltó un suspiro al fin buscando relajarse.
— No tienes idea cuanto necesitaba esto — murmuró, sonriendo con tranquilidad ahora y viéndose realmente pacifico en sus brazos, todavía tenía los ojos cerrados y solo se concentraba en disfrutar del abrazo y el momento. Sonrió cuando sintió la frase solo llegar—. Te amo demasiado, querida.
Quería decirlo desde hace rato por todo el momento tenso por el que había pasado, pero era alguien reservado y sus palabras suaves, bonitas junto con sus sentimientos los tenía únicamente reservados para Perséfone. Por esa razón había esperado hasta entonces para soltar lo que tenía en su mente.
Sintió el movimiento del pecho de ella mientras reía, no podía evitar sonreír ante aquellas palabras y con cuidado lo besó despacio, disfrutando del momento también.
— Yo también te amo, muchísimo —respondió Perséfone de inmediato, ella entendía el miedo que otros podían tenerle, pero para ella Hades era un enorme gatito, era tierno y considerado, por lo que nuevamente volvió a besarlo con suavidad.
Se mantuvieron así unos minutos, ella guiaba el beso lento, sosteniendo el rostro de su esposo con ambas manos, con delicadeza mordió su labio inferior y luego volvió a besarlo, estaba totalmente perdida en él cuando recordó la situación.
— Quiero quedarme con el niño — declaró con voz suave sobre sus labios y cuando habló estos se rozaban con los de Hades por la cercanía, que aún no abría los ojos.
Hades sonrió con diversión. Le parecía entretenido que ella se lo mencionara después de que sus acciones hablaran por sí solas, además del comentario al respecto que había soltado hace un rato. Acarició su cabello con cuidado, mientras la besaba con suavidad unos momentos antes de volver a hablar.
— Lo sé, querida, lo sé muy bien —murmuró contra sus labios todavía manteniendo los ojos cerrados para poder seguir disfrutando del momento.
Ella suspiró con alivio y volvió al beso pensando con tranquilidad las palabras que le diría para explicar cómo se sentía al respecto, finalmente volvió a parar el beso con lentitud y habló sin separarse.
— Tal vez no está en nuestro destino tener hijos biológicos… —comenzó, ciertamente durante todo ese tiempo jamás había siquiera experimentado síntomas de embarazo, ellos no usaban ninguna clase de método anticonceptivo y realmente eso no le interesaba o afectaba a ella, quedar embarazada era algo que no le llamaba la atención— Pero sí tenerlos de otra forma, Alexander es distinto y hay algo en él que simplemente no puedo dejar pasar, tampoco me perdonaría dejarlo en un lugar donde le hicieran daño… Sin embargo no quiero hacer algo que te haga sentir incómodo.
Sabía la postura de Hades con respecto a los hijos, para ella era una forma indirecta de decirle que no quería tenerlos. Ella entendía su postura y hasta cierto punto la compartía, un nuevo dios sería demasiado para el mundo. Sin embargo Alexander no era ningún dios, ella aún no quería tener hijos biológicos, aquella idea simplemente no le gustaba ni le atraía, pero adoptar a Alexander era diferente y quizás Hades lo tomaría como un capricho de diosa, pero era la primera vez que se sentía así, maternal y protectora.
Así que esperó la respuesta de Hades en silencio, dejando pequeños besos en sus labios, estaba tranquila, sabía que podía llegar a un consenso con su esposo, porque él jamás haría algo para lastimarla y ella siempre cuidaría el bienestar de él, de aquella forma ambos funcionaban tan bien.
Hades suspiró mientras continuaba los besos de ella, pensando en una respuesta sin abrir los ojos todavía. Sinceramente tenía pensado continuar esa decisión al día siguiente cuando estuviera más descansado y con comida en el estómago. Jugó con un mechón de su cabello mientras analizaba la situación e intentaba descifrar cómo se sentía él al respecto con esa idea. Él mismo se creía capaz de acceder a casi cualquier cosa para estar en buenos términos con su esposa. Pero sabía que estas cosas, delicadas, entraban en ese “casi” que debía pensar bien antes de aceptarlo.
Finalmente habló después de unos minutos:
— No me siento incómodo al respecto —finalizó, mientras aún se veía concentrado en sus pensamientos puesto que no quería equivocarse a la hora de expresarse verbalmente. Paró un momento los besos para abrir finalmente los ojos y verla con atención —. Sin embargo me genera preocupación. Por nosotros y por tí, y en cierto punto hasta por él.
Aunque ya hubiera dicho esas palabras, aún se veía pensativo. Pues el cuidado al hablar no era por esas, sino por las que continuaban después. Sin duda prefería pensar cientos de veces las cosas antes de tomar una decisión de cualquier nivel. Siempre se aseguraba que sus movimientos y palabras fueran escrupulosas y disminuyendo todo lo posible el margen de error. Y el futuro con algo así era completamente impredecible el transcurso, y finalmente predecible el final.
Su esposa lo miró con atención, analizando lo que acababa de decir, con cuidado acarició el cabello de Hades peinando con los dedos sus rizos los cuales fluían como pequeños remolinos en sus dedos, finalmente lo besó con cuidado apenas unos segundos antes de hablar.
— ¿Qué es lo que te genera preocupación? Podemos resolver la adopción, contrataremos a un trabajador social, puede ser a Hestia misma… Podemos hablar con Alexander a ver qué desea… Hades, claramente algo malo ocurre en su casa, algo muy malo como para no querer regresar y quedarse a dormir en el hogar de unos extraños — comenzó ella defendiendo su punto, Perséfone era persistente y difícil de hacer cambiar de parecer y en eso se parecían mucho ambos —. Y ni mencionar el animal muerto, tenía el cuello y otros huesos rotos, no parecía una muerte natural o por un accidente sencillo.
Al finalizar sujetó el rostro de su esposo, meditando unos momentos las palabras que iba a decir.
— Sé que la idea de ser padre da miedo, hemos sido nosotros dos y Cerbero durante mucho tiempo, pero yo sé que serás un excelente padre o mentor, como lo quieras ver, puedes enseñarle muchas cosas —cuando habló con él sus ojos brillaron con la imagen de Hades enseñando al niño historia, geografía, matemáticas, mientras ella esperaba su turno para impartir las clases de idiomas, botánica y química— y se que le darías tanto amor y cuidado como lo merece, sería nuestro hijo… ¿No te gusta ni un poco como suena eso? Nuestro hijo.
Hades escuchó atento sus palabras y bajó un poco su mirada casi cerrando los ojos nuevamente para luego volver a verla. La mano que acariciaba el cabello de ella despacio pasó a su mejilla, acariciando con suavidad el pómulo de ella mientras pensaba cómo explicarse. Tenía una visión un poco más fría de la situación, y no quería contagiar a ella con eso. Había muchas cosas en su mente y una más se había agregado al oírla.
Había pensado en que quizás las cosas podían resultar mal para, y entre ellos dos con el gran cambio tan súbitamente. Hacerse una idea tan rápido no era el fuerte de Hades, tampoco lo eran los grandes cambios, ya le había costado tener su casa fuera del Inframundo. Ya le costaba con la reducción del tiempo con ella por el trabajo de ambos y le preocupaba cómo podría afectarlos eso. Pero no era eso lo que temía hablar con ella, era la menor de sus preocupaciones, pues creía que su esposa estaba olvidando un detalle importante que tenía el niño… era mortal. Si ella no lo tenía en mente, no quería ser él quien se lo hiciera ver de una mala manera. Levantó la vista para verla, sus ojos estaban ahora un poco menos oscuros mientras la veía, pasando suavemente los dedos por sus mejillas y sonrió de lado. No quería ser el malo al explotar su burbuja de ilusión, sin dudas tampoco quería verla mal cuando pasara lo inevitable, así que solo decidió dejar que ella misma en algún momento lo viera y ahí podrían hablarlo bien.
Sonrió y la sonrisa le tembló un poco dudosa antes de dejar un beso suave en sus labios otra vez, para dedicarse a la duda que ella había implantado, que era la que menos le molestaba.
— No estoy negando tu petición, sin embargo no comprendo cómo estás segura de eso último, eres el único ser en el universo que tiene mi amor y cuidado, y la verdad no creo que haya para más —dijo con suavidad, al fin logrando que su voz no sonara intimidante como solo pasaba con ella, y solo con ella—. Digas lo que digas sobre como me ves, soy Hades.
Perséfone negó de inmediato, siempre luchaba con la mala imagen de sí mismo que tenía su esposo. No comprendía cómo alguien tan magnífico podía verse de una forma tan oscura y triste. Apoyó la cabeza en la mano de Hades, viéndolo a los ojos manteniéndose tranquila, pues ella sabía la verdad del dios que ni él mismo conocía o se negaba a ver.
— Cuando nos conocimos, tu llegaste ante mí con respeto y devoción, pude haber temido de ti, como los demás pero no fue así porque desde el primer momento te mostraste como realmente eres y lastimosamente nadie te ha permitido ser, un hombre cariñoso e inteligente, alguien que debería ser admirado pero la historia tachó como malo solo por su aspecto rudo —ella vió a su esposo a los ojos mientras hablaba—. Las personas y otros dioses crearon falsos rumores sobre ti, jamás creí nada de lo que decían porque confiaba plenamente en el hombre que de forma desinteresada llegó ante mí a pedir mi mano, no tenías ninguna razón para actuar como lo hiciste, yo no tenía nada que ofrecer, sin embargo lo hiciste, yo siempre recordaré eso.
Siguió mirándolo a los ojos haciendo una pequeña pausa para besarlo con cuidado.
— Y sé que puedes darle amor a alguien más, si te permites a ti mismo salir de esa coraza que construiste para defenderte, sé que no te convenceré de lo contrario, pero así como te abriste a mi puedes abrirte a… Un hijo —finalizó suspirando, lo último que quería era que él aceptará que se quedarán con Alexander solo por complacerla y nunca se abriera a la posibilidad de quererlo también—. Sé que tienes mucho más para dar.
Perséfone bajó la vista al pensar en eso, ella no tenía pensado descuidar a su esposo por un hijo. Sabía que en algún momento el niño crecería y se iría a formar su propia familia y solo serían ella y Hades de nuevo, ocasionalmente algún nieto o visitas de Alexander. El caso era que ella podía visualizar claramente una vida feliz todos juntos, pero Hades siempre parecía enfocado según ella, en el aspecto negativo de todo.
Al verla bajar la vista, Hades suspiró profundamente, deslizando con suavidad la mano que acariciaba su mejilla hacia la barbilla de ella y hacerla volver a alzar el rostro mientras la miraba. Siempre insistió en que ella jamás debía bajar la vista.
— Me aventuraré a recordarte, querida, que no estoy viendo el lado negativo solamente —dijo con cuidado, ya que conocía muy bien las palabras de su esposa, que más de una vez se las había repetido—. Solo me preocupa lo que pueda pasar después, no estoy diciendo de no intentarlo.
— Quiero que te sientas a gusto con la decisión, no entiendo que puede pasar después —murmuró juntando sus cejas al mirarlo, se veía confundida— ¿Los otros dioses? Podemos protegerlo de ellos, no tiene porqué interactuar, tampoco tiene porqué saber que somos dioses…
Claramente Perséfone se veía más tranquila, se acurrucó con Hades y suspiró pensando todavía en su idea.
— Sé que es mortal, no soy estúpida —dijo mirándolo finalmente, era el elefante en la habitación y sabía que eso le preocuparía a Hades—. Pero también que lo salvaríamos de Mephisto y podremos darle un descanso en paz en el Inframundo, tendría familia, podrían ir para allá también, quiero intentarlo, quiero correr el riesgo.
Cuando finalizó de hablar, Perséfone cerró los ojos esperando el veredicto final de su esposo. Ya no tenía más argumentos porque no podía colocar en palabras lo pesado que se sentía su estómago y su corazón cuando pensaba en dejar a Alexander por su cuenta, sabía que aquello le causaría una enorme tristeza y culpa, como cuando sabes que puedes hacer algo bueno pero no lo haces.
Hades suspiró y solo recostó su cabeza junto a ella cerrando de nuevo los ojos. La preocupación no se iría, se conocía bien, era similar al tipo de preocupación que tenía cuando salían del castillo, o cuando su hermano decidía venir a visitarlos. Porque eran situaciones sobre las que él no tenía el control y con la sensación de que tarde o temprano alguno acabaría sintiéndose mal.
— Está bien, querida. Solo quiero asegurarme de que las cosas salgan lo mejor posible para… todos —se había quedado pensando en decir “para ti”, pero era del tipo de cosas que no admitiría en voz alta así sea frente a ella. Dejó otro beso en la mejilla de ella y se acomodó ahora a su lado manteniendo los ojos cerrados.
Cuando Hades hizo aquello, ella se sentó a su lado viéndolo más preocupada, finalmente suspiró rendida y negó levantándose.
— No haré nada que no te deje tranquilo dentro de tu propio hogar, no nos quedaremos con Alexander —dijo lo último obligándose a sí misma a hablar y se levantó de la cama—. Iré a cocinar.
Y salió rápidamente de la habitación sin esperar respuesta, sus ojos reflejaban una profunda tristeza pero no derramó ninguna lágrima. Después de pronunciar aquellas palabras se formó un nudo en su estómago y el dolor en su pecho casi le quemaba. Otras personas liberaban la tristeza por medio del llanto pero ella podía pasar mucho tiempo resistiéndose y la única pista que tendrías sobre lo mal que la estaba pasando eran sus ojos, puesto que al mirarla cualquiera podría saber que internamente se encontraba lastimada.
Perséfone huyó a la cocina para que nadie la viera en aquel estado, prefería hacer un sacrificio ella a quitarle el último lugar de paz a su esposo. Él siempre hacía lo que ella quería, lo conocía perfectamente como para saber que lo hacía por ella así eso le quitará la posibilidad de poder relajarse en su propia casa.
Hades suspiró con cansancio todavía en la habitación en cuanto se quedó solo. Eso era precisamente lo que quería evitar. Se levantó sin problemas y antes de que siquiera pudiera darse cuenta, se encontraba caminando a dos pasos de la cocina dejando un pequeño rastro de denso humo n***o detrás de él.
— Perséfone, no te vayas cuando estamos hablando —reprendió al entrar en la cocina y caminó hasta ella con lentitud, viendo como ya había comenzado a cocinar. Con cuidado la abrazó por detrás—. Eso y que no me dejes solo después de una conversación tan delicada.
Dejó un par de besos cortos en su cuello y en su hombro.
— Y escúchame al menos, para algo hablamos las cosas y es precisamente para no tomar uno solo la decisión e irse sin dejar al otro responder —comentó arqueando una ceja—. Tú lo dijiste, no te perdonarías el dejarlo en un lugar donde le hicieran daño… pero ahora si lo haces sería mi culpa, no tuya. Y sinceramente no quiero ser realmente el malo en la relación. Nos metiste en esto a ambos cuando lo trajiste conmigo para revivir al perro. Quieres tomar el riesgo, pues tendremos que hacerlo ambos.
Se tomó unos segundos para terminar de decir el punto al que quería llegar, finalmente apoyando la cabeza en su hombro y mirando hacia el suelo.
— No te lo perdonarías a ti, pero si le llegara a pasar algo… no quiero arriesgarme a que no me lo perdones a mi.
No quiso verlo, ella no apartó la vista de los vegetales que picaba despacio con el cuchillo, al escuchar las palabras «nos metiste en esto a ambos cuando lo trajiste» se encogió un poco y bajó más la vista, para finalmente negar y seguir cocinando.
— No hay nada que discutir, no se quedará, no quiero problemas contigo —murmuró simplemente, su voz se tornó apagada y monótona, en aquel momento no estaba de humor para dar o recibir cariño, se sentía abatida—. Pasaré la noche en mi invernadero, puedes llevarlo tú con sus padres de regreso, no quiero despedirme de él, no quiero saber qué posiblemente esté regresando a un infierno por… —no sabía si decir "mi culpa" o "nuestra culpa" de ambas formas se sentía terrible para ella, así que decidió callar y seguir cocinando.
No estaba molesta con Hades, ni siquiera lo culpaba, solo se sintió frustrada ¿Qué hubiera pasado si en vez de un niño adoptado era un embarazo? ¿Era porque no sería biológico? No consideraba a Hades tan superficial para rechazarlo por no haber sido engendrado por ellos, pero de igual forma aquel pensamiento la apagó aún más, tenía la vista perdida en lo que hacía y se sentía decaída, quiso huir a esconderse entre sus plantas como cuando era pequeña y algo la asustaba, incluso por un momento sintió la necesidad de llamar a su madre.
Hades solo negó de nuevo y con cuidado la hizo soltar el cuchillo y que volteara a verlo.
— Perséfone… ¿qué crees que es no pasar la noche juntos? Eso es lo que considero un problema entre nosotros y es lo que te causa la idea de devolverlo —suspiró, viéndose pálido ante esas palabras de su esposa y bajó sus manos con cuidado de su cintura dejando que caigan sin más a sus costados—. Yo no lo devolveré, entonces se quedará.
Sus ojos bajaron un par de tonos y casi parecían de un gris oscuro en vez de tan negros como sus pupilas. No quería continuar la discusión, pues ya lo había decidido. No quería arriesgarse a más y ella pareció ignorar el último de sus comentarios de antes, tomó el cuchillo comenzando a cortar él mismo. Viéndose considerablemente tranquilo como para demostrar siquiera lo que había causado la idea de no pasar con ella la noche después de todos los complicados sentimientos por los que había pasado en todo el día.
— Puedes encargar la pizza, querida, yo cocino esto —dijo simplemente sonando como siempre.
Ella lo miró finalmente, ahora confusa y frunció el ceño en señal de frustración. A veces ella no lograba comprender a su esposo y él no parecía querer ayudarla a hacerlo, no quería discutir más, estaba cansada, y terminó por negar con la cabeza.
— Quiero que me digas que está pasando por tu mente ahora, que es lo que haremos, o sino en serio me voy a enfadar —dijo totalmente sincera, detestaba sentir que no comprendía las cosas o que la trataban con condescendencia— No quiero que dejes de estar en paz en tu casa, ya para mí es horrible sentir que cuando salimos de la casa es por mi culpa, me siento todo el tiempo como si te presionará, estoy… Oh por el dios cristiano, me siento terrible.
Al terminar de hablar tuvo que ir a sentarse, se sintió mareada y aturdida, todo ese tiempo mientras discutía sus poderes habían estado haciendo crecer todo el bosque, había gastado bastante energía y ahora estaba pagando el precio de aquello.
— Odio cuando finges que todo está bien y no es así.
Cuando finalizó dejó caer la cabeza entre las manos, cerró los ojos y tomó aire despacio, no estaba acostumbrada a alterarse.
Hades suspiró negando, intentando mantener la calma mientras cocinaba, y aún más difícil, intentó no culparse automáticamente por como acababa de decir que se sentía Perséfone aunque para él si lo fuera.
— Me gustaría, que no pareciera que soy lo que pienso ahora —empezó mientras cocinaba más tranquilo —. Te dije que lo adoptaremos, no solo por ti, sino por eso también, por nosotros. No finjo que todo está bien, quiero que lo esté y tú pareces completamente decidida a llevarme la contraria, ¿puedes dejar de dudar cuando acepto lo que me pides? No soy tan malo, o tan tonto como para no pensar en nuestro bienestar. Preocuparme es mi forma de poder estar tranquilo.
Tomó aire como si estuviera a punto de quebrarse aunque eso era imposible y frunció el ceño.
— Solo quiero que estemos bien, y escojo la opción que está más cerca de eso, ¿podrías solo verlo así? Solo me voy a cobrar todo hoy en la noche y si quieres dormir sola no podré —agregó lo último sonriendo apenas, probando alivianar las cosas y que ella acepte su posición.
Lo último que dijo su esposo la hizo reír levemente, pensando en definitiva que era completamente diferente a sus hermanos, quienes sí querían algo solo… lo tomaban.
Se quedó pensando en un momento en todo lo que él dijo y se levantó para ir a abrazarlo, escabulléndose entre sus brazos mientras él cocinaba, para su suerte él tenía la fuerza de un dios, ya que ella apoyó todo su peso en él debido al malestar que sentía.
— No eres malo, jamás te he visto como el malo y jamás lo haré —murmuró con el rostro escondido en el pecho de Hades—. Deja de pensar en mí como si fuera cualquier persona, soy tu esposa y no lo sería si creyera lo que los demás en su ignorancia creen. Hemos vivido muchísimos años juntos y tengo todas las pruebas necesarias para refutar ese pensamiento de que eres el malo.
Antes de que él contestara lo besó con cuidado, cortamente, muy suave. Luego lo miró un momento pensativa y metió las manos bajo su camisa, acariciando su abdomen y costados lentamente.
— Además puedes cobrarte lo que quieras, pero me gustaría que lo hicieras en mi invernadero, podemos dormir juntos allá por esta noche —sugirió viéndolo, ella iba allá cuando se sentía mal, estar rodeada de sus plantas la hacía sentir segura, espero la respuesta de Hades con tranquilidad, ya habían dormido juntos varias veces ahí, de alguna forma también la hacía sentir… Repotenciada, para esa clase de asuntos que no se podían hablar delante de menores de edad.
Hades suspiró relajándose por fin, cosa que se notó en el abrazo. Sonrió sinceramente y besó con cuidado los labios de su esposa.
— Gracias… —susurró, y continuó cocinando, mucho más tranquilo. Soltó un suspiro al sentir las caricias de Perséfone — Puede ser donde gustes, mientras sea a tu lado yo estaré dispuesto —murmuró dejando pequeños besos en sus labios de vez en cuando—. Yo puedo disfrutar gustosamente tu compañía en donde más quieras sin dificultad.
— Lo se, mi amado esposo —río la mujer levemente y luego se separó para buscar el teléfono y la guía telefónica para pedir una pizza, se sentía feliz de que ya estuviera todo en calma— te ayudaré a cocinar después de llamar ¿Puedes decirle a algún sirviente que le lleve unos bocadillos a Alexander?