Perséfone salió de inmediato de la oficina con el ceño fruncido y como se había adelantado a Hades lo esperaba cruzada de brazos. Estaba totalmente furiosa viendo el jarrón de flores que había en la pequeña sala de espera, estás de inmediato se secaron y los pétalos cayeron al suelo.
Por su parte Hades había entendido qué era aquello distinto que escuchaba en la voz de Perséfone por la llamada, ahora viéndola en persona junto al niño lo comprendía, aquello distinto en su esposa era el instinto maternal que jamás había presenciado en ella, lo más cercano era cuando estaba con Cerbero pero admitía que ahora no sabía cómo lidiar con eso, ni cómo lo afectaría a él. Solo la miró con confusión.
— ¿Podrías explicarme por qué esa reacción? No te he dicho nada malo, ni pedido nada extraordinario para cumplir lo que me pides, solo que expliques por qué razón debo hacerlo, ¿y lo primero que haces es enojarte conmigo? —cuestionó, intentando mantener el tono tranquilo de siempre aunque no pudiera evitar el tono de preocupación al notar esas reacciones.
Sin duda que Perséfone se enojara con él no le gustase y le generaba demasiada frustración cuando sucedía, puesto que constantemente intentaba esforzarse por generar el efecto contrario. Había accedido a estar con él, y aceptarlo como esposo, era lo mínimo que podía hacer para corresponderle.
Ante las palabras de él, ella de inmediato se relajó, rápidamente fue a abrazarlo ocultando el rostro en su pecho suspirando profundo y lo apretó con más fuerza mientras pensaba en cómo contestar.
— Odio sentir que me tratas como si fuera una persona más… Traje a Alexander porque hay algo distinto en él… Me agrada y quiero ayudarlo… Murió su mascota, y tú no lo viste, se veía destrozado llorando en el suelo —ella hablaba suave, de nuevo como la Perséfone que estaba acostumbrado— me… me recuerda a ti.
Lo último era totalmente cierto, veía en el niño mucha soledad y tristeza, combinado con el cabello n***o como el de Hades era simplemente imposible para ella no encontrar un parentesco.
— Por favor… Lo siento, tienes razón en que no debería de haber reaccionado así pero no me gusta que parezca que cuestionas mis decisiones.
Al finalizar no se separó ni un poco de él, por el contrario se aferró más, buscaba cariño y apoyo en Hades.
Hades la abrazó de vuelta tomando un respiro profundo. La había extrañado horrores ese día, se había preocupado en exceso por la llamada sorpresiva y el recibimiento después de todo eso no le había caído muy bien que digamos. Por lo que continuó el abrazo por unos segundos sin responder ni separarse.
— No cuestiono tu decisión, pregunté porque querías que yo tomara semejante acción —comentó sin separarse tampoco, respondiendo a eso primero pues en su orden de prioridades, la relación con su esposa era el primer lugar —. Puedo hacerlo… solo… no me vuelvas a dar un susto así, por favor.
Ella sonrió de lado levemente y asintió sin separarse, le gustaba estar así con él, la cercanía la hacía sentir mejor y finalmente levantó el rostro para besarlo despacio sin abrir los ojos, se concentró en el tacto de los labios de Hades y finalmente juntó la frente con la de él colocándose de puntillas para lograrlo.
— Perdón por asustarte y por recibirte de esa forma. Ya puedo argumentar porque quiero que hagas esto, creo que ya lo entendí —Hades percibió de inmediato el leve sonrojo en las mejillas de Perséfone y muy despacio dejó un beso en su pómulo lo que provocó un suspiro por parte de ella.
Aunque él lo hubiera entendido minutos antes, aún sin separarse del abrazo asintió apenas para dejar que ella se exprese y de paso podría seguir abrazado a ella unos momentos más.
— Adelante, querida, cuéntame —pidió con calma, mientras acariciaba su cabello sin romper el abrazo.
— Cuando entré en urgencias estaba sentado en medio de la sala, lloraba y gritaba pidiendo ayuda y nadie lo hacía, hay algo extraño Hades… No vino con sus padres y tampoco los mencionó en ningún momento durante el camino, cuando una enfermera mencionó llevarlo se vió… Aterrado —mientras habló jamás apartó la vista de los ojos de Hades, le parecían sumamente tranquilizadores y le gustaba perderse en estos— Quiero devolverle algo de felicidad, es solo un perro no representa problema para ti y logré llevar siete almas hoy al Inframundo…
Hades vió en los ojos de su esposa auténtica preocupación, acarició despacio su mejilla con los dedos tomándose su tiempo para detallarla y finalmente se agachó un poco para facilitarle juntar sus frentes.
— Querida, está bien entonces. Tú lo dijiste, no es problema para mi un perro —dijo despacio asintiendo viéndose pensativo y besó sus labios con suavidad por unos segundos, queriendo disfrutar un poco más de la sensación de sus labios y su cercanía antes de salir—. Solo no vuelvas a darme un susto así, por favor… te extrañé demasiado hoy —murmuró sobre sus labios y continuó el beso.
Acarició su cabello con suavidad mientras la besaba, abrazándola con el cuidado que tenía solamente con ella. Perséfone cerró los ojos y continuó besándolo despacio, sus manos se dirigieron a los costados de Hades, acariciando despacio sin separarse, también lo había extrañado, y disfrutaba de sentir su piel, su aroma y sus cabellos que caían ocasionalmente hacia el rostro de ella ocasionándole leves cosquillas.
El beso siguió unos minutos más, los amantes se veían tranquilos por finalmente estar juntos, hasta que Perséfone empezó a dejar besos cortos y finalmente se separó despacio.
— Vamos con el niño… Tendremos más tiempo en la noche para continuar —ronroneó ella sobre los labios de Hades, en otras circunstancias terminarían en la oficina de él haciendo el amor, pero en aquel momento tenían una responsabilidad y la oficina también estaba ocupada.
Así que tomo la mano de Hades y entrelazo sus dedos con los de él sin dejar de observar a su esposo, ella lo miraba con adoración, amor y respeto, mientras pensaba que en ningún momento durante toda la vida juntos había dudado siquiera de que había tomado la decisión correcta al aceptar ser su esposa.
Hades suspiró entrelazando sus dedos de vuelta y dando un ligero apretón antes de que entraran a la oficina de nuevo.
Alexander seguía ahí, esperando con su pequeño cachorro en brazos, todavía pensando en lo extraño que era para él no escuchar gritos, que eran las disputas, por así llamarlas, a las que estaba acostumbrado. Cuando escuchó la puerta abrirse nuevamente, se giró un poco dónde estaba sentado para verlos entrar tomados de las manos. Nunca algo le había parecido tan extraño o fuera de lo común para él.
Volvió a girarse rápidamente a como estaba antes, bajando la vista a Philip que yacía todavía sin vida sobre sus piernas. Hades lo miró con atención a él y cada movimiento que Alexander hacía, intentando ver la diferencia que veía Perséfone. Hasta el momento solo demostró tenerle el temor que todos tenían.
— Creo que no los presenté formalmente, Hades él es Alexander, Alexander él es mi esposo Hades —los presentó tranquila caminando a un lado de Hades hacia Alexander.
Este último subió la vista apenas para mirarlos, Hades se parecía realmente a su padre con el cabello n***o y al ser tan alto se veía imponente, no entendía como alguien así podía efectuar movimientos tan delicados hacia su esposa, como los que observaba desde que había llegado.
— Hola… —murmuró apenas levantando la vista para ver a Hades a los ojos, eran totalmente negros y por el contrario, Hades se encontró con los ojos verdes de un niño que le recordaban a los de Perséfone.
— Un gusto, Alexander —dijo mientras caminaba lentamente hacia el sofá donde estaba sentado antes, sin soltar la mano de Perséfone en ningún momento mientras observaba al niño meditando la situación —. ¿Quieres contarnos qué le pasó a tu cachorro? ¿O solo lo ayudo? —preguntó con calma, sabía que Perséfone tenía curiosidad en saber y a decir verdad, si era algo interesante y anormal que un niño se paseara solo con su perro muerto. No le daba muy buena espina y las respuestas que se le ocurrían para responder a eso no eran muy buenas tampoco.
Mientras le hablaba, le extendió a Perséfone el brazo que no tomaba su mano, para que ella se sentara en sus piernas como solía hacer normalmente. No había exagerado en esta ocasión en lo que se refería a cuánto la había extrañado el día de hoy y sentirla cerca lo hacía sentir mejor y más seguro.
Ella de inmediato se sentó en sus piernas pero hizo algo que Hades no vió venir, palmeó el lugar junto a ellos para que Alexander se acercara.
— Ven, no somos tus profesores para hablarte frente a frente, puedes explicarnos si quieres, aquí estás a salvo, no dejaré que nada te pase —Hades la miró un momento pensando, aquello era nuevo, Perséfone ofreciendo protección y además ofreciéndole a un mortal estar al mismo nivel que ellos sentado a su lado, le parecía bastante extraño y eso solo le dio más curiosidad acerca del niño.
Hades alzó ambas cejas, sin embargo no dijo nada al respecto. Era confuso para él y prefirió terminar de entenderlo antes que cualquier otra cosa.
Alexander por otro lado los vió con no tanta confianza y se mordió el labio. No quería realmente contarlo, porque no quería meterse luego en más problemas con sus padres así que solo negó y vió a Hades con ansias.
— ¿Si puede salvarlo entonces? — preguntó levantando la vista, todavía le recordaba a su padre y eso le inspiraba temor, pero si podía ayudarlo y de hecho quería, no veía razones para temer. Hades parpadeó y se quedó unos segundos en silencio para sonreír un poco con diversión.
— Si, si puedo — asintió con calma mientras abrazaba a Perséfone, pasando sus brazos alrededor de la cintura de ella y dejaba con suavidad un beso en su hombro.
Alexander sonrió sin poder evitarlo y se levantó para ahora sí acercarse a ellos viendo a Hades con curiosidad.
— ¿Cómo? Yo… se golpeó muy fuerte — murmuró y bajó la vista apenado hacia su cachorro. Sus ojos se cristalizaron de nuevo recordando el evento y negó varias veces para despejar las lágrimas.
— No te preocupes por eso, podemos hacerlo — le respondió Perséfone con delicadeza, llevando una mano a la mejilla del niño para acariciarla suave con el pulgar — eres un pequeño muy valiente y decidido para hacer tanto por tu amigo, eso es admirable.
De inmediato Alexander la vió confuso. ¿Admirable él? Después de una larga vida siendo considerado inútil y un estorbo para sus padres aquello era extraño, no sabía que responder ante aquello y Perséfone sonrió de lado entendiéndolo, al fin y al cabo vivía con alguien que de igual manera no sabía cómo contestar los halagos por tantos años de menosprecio.
— No es tan complicado —negó Hades y miró al perro en el regazo del chico, y luego de dudarlo unos segundos por fin separó un brazo de la cintura de Perséfone para extenderlo hacia el cachorro.
Alexander tuvo que contener el instinto de apartarse y cerró los ojos para contenerse hasta que solo sintió un peso extra sobre su regazo. Abrió nuevamente los ojos para ver como la mano de Hades estaba colocada sobre la cabeza del cachorro. Levantó más la vista y pudo ver como los ojos del intimidante Hades se volvían aún más oscuros mientras no dejaba de ver a Philip.
Una extraña y sorpresiva sensación de temor lo abordó entonces y se puso tan pálido como una de las muchas que había sobre el escritorio a unos metros de ellos, temblando ligeramente. Hades arqueó una ceja notando eso.
— No te haré daño, solo recuperaré a tu mascota. No te asustes —dijo Hades. No podía evitar la sensación que sus poderes, visibles o no, causaban en los mortales. Aunque lo que hiciera fuera lo contrario, no daba esa impresión. No era algo nuevo, pero se fastidiaba un poco de eso cuando pasaba. E incluso cuando hablaba entonces para intentar calmar el ambiente, sonaba igual de intimidante empeorando las cosas.
Perséfone, mientras tanto, vió a Alexander con expresión pensativa, intentando unir las piezas del rompecabezas para entender el misterio detrás del niño y dejó un beso en la mejilla de Hades cuando notó el miedo de Alexander. Había vivido las suficientes ocasiones en las que su esposo atemorizaba a las personas sin quererlo, o incluso queriendo hacer lo contrario, por lo que con el tiempo, empezó a saber que aunque él no lo dijera, le frustraba aquello.
— Se que se ve aterrador, pero Hades es muy bueno y justo, Philip está en buenas manos —dijo para tranquilizarlo, a ella le pareció entretenido que el niño no sabía lo afortunado que era por obtener un favor de Hades sin tener que darle algo a cambio y también entendía que su esposo podía resultar aterrador para los demás.
Entonces Alexander, algo pensativo, negó despacio.
— Es que me recuerda a alguien —se limitó a decir, Perséfone alzó ambas cejas curiosa al escucharlo y vió de reojo a su esposo.
— Debe ser bastante atractivo entonces —intentó bromear para aliviar el ambiente.
Hades escuchó todo pero prefirió mantenerse solo en silencio y concentrarse en traer de vuelta al cachorro. Notando la ignorancia del dios ante cualquier conversación, ambos se quedaron observando a Hades.
Alexander por su parte lo miró con un poco de temor y admiración. Tenía las facciones marcadas y era sin duda enorme. Sin duda parecía el tipo de hombre con el que peleaba su padre los días que llegaba ebrio con un moretón en el ojo. Pero lo que le causaba ese temor, para su extrañeza, eran sus ojos negros. Parecía como ver la mismísima profundidad del infierno y él prefería no querer meterse ahí.
Perséfone miraba lo que hacía su esposo con atención, dejando un beso en su mejilla y luego en su mandíbula esperando paciente, hasta que sintió aquel escalofrío que le recorrió la espalda. A diferencia de los demás aquella sensación le agradaba y por ello se pegó más a su esposo cerrando los ojos en calma, por su parte Alexander tembló y miró a Hades asustado.
Unos segundos después se escuchó un pequeño quejido por parte del cachorro.
Hades apartó con cuidado la mano del cachorro, volviendo a abrazar a Perséfone, apretando un poco más su cuerpo contra el de él al sentirla. Solo sonrió un poco de lado.
— Como nuevo —comentó con calma y dejó un beso suave en el hombro de su esposa.
Alexander, al haber escuchado el quejido de Philip, abrió los ojos en completa sorpresa y sus ojos volvieron a inundarse, abrazando otra vez al cachorro en sus brazos que soltaba otro quejido abriendo sus ojitos para ver a su dueño, el cual emitió un sonido de alegría comenzando a llorar de felicidad. Levantó la vista para ver a las personas que lo habían ayudado.
— Gracias, gracias… yo… —no supo qué más decir, por lo que dejó a Philip en el asiento donde estaba antes y abrazó cortamente a Hades y Perséfone para volver por su perro de inmediato— Me alegra tanto tenerlo de vuelta…
Ante el abrazo Perséfone parpadeo sorprendida, luego sus ojos brillaron con alegría y sonrió ampliamente, se veía feliz contemplando al niño con su ahora animado perro, el cual batía la cola a Alexander como si nada hubiera ocurrido.
— No te preocupes pequeño, me alegra que hayamos sido de ayuda —respondió finalmente Perséfone sin dejar de acurrucarse entre los brazos de Hades, luego volteo a ver su reacción por el abrazo.
Este se había tensado, puesto que literalmente la única persona por la que se dejaba abrazar, y abrazaba de vuelta era Perséfone. Juntó un poco las cejas, entre la sorpresa y un poco de incomodidad, sin embargo terminó aflojando su tensión. Solo era un niño después de todo. Sonrió de lado recobrando su compostura y tranquilidad habitual aunque notándose contrariado.
Había antes accedido a devolver almas, había accedido a liberar a Eurídice si solo Orfeo no volteaba la vista. Fue considerablemente justo con quienes les pedían acciones sobre su reino, aunque estas fueran guiadas por sus caprichos de negación a la inevitable muerte. Pero jamás nadie se había mostrado siquiera un poco agradecido por su benevolencia, mucho menos un abrazo. Por lo que la confusión era totalmente comprensible desde su punto de vista.
— De nada —fue lo máximo que atinó a decir.
Alexander se encontraba sonriendo, las lágrimas de felicidad ya habían cesado y ahora el pequeño perro movía la cola buscando jugar con el niño. Perséfone se dió cuenta de la hora al ver por la ventana, el sol estaba empezando a ponerse y la luz que entraba era rojiza.
— Pequeño, debemos llevarte con tus padres —dijo suave, era mejor ahorrarse problemas con los padres del chico, y de cierta manera quería enterarse de quiénes eran y porque le permitían salir solo hasta el punto de poder llegar a la sala de urgencias.
Ante las palabras de Perséfone, Alexander se tensó notablemente, parecía asustado y negó varias veces con la cabeza mientras se abrazaba a Philip.
— No por favor, yo puedo irme solo —comentó intentando mantener la calma. No quería volver allá, sabía que su padre repetiría lo mismo y que incluso puede que fuera él quien terminará siendo arrojado contra una pared, pero no tenía idea de a dónde ir.
La idea de vivir en un callejón por sí solo o en algún lugar abandonado le cruzó la mente, pero no sabía que haría para conseguir comida y agua, además de que Philip también dependía de él. Mientras pensaba todas estas cosas su mirada se apagó, Perséfone y Hades podían ver el auténtico miedo y preocupación del pequeño.
Hades se quedó viéndolo un momento, no sabía exactamente qué era lo que en realidad pasaba en casa del niño pero estaba seguro de que algo malo era. Miró de reojo a Perséfone, que se notó terriblemente preocupada, por lo que finalmente soltó un suspiro.
— ¿Tienes donde quedarte, niño? —preguntó, intentó que su tono no fuera tan intimidante, cosa que normalmente no podía evitar.
Alexander meditó su respuesta mientras jugaba con Philip ya no tan animado y ante no saber qué respuesta dar, se mantuvo en silencio bajando la vista. Eso ya guiaba un poco más a Hades sobre lo que pasaba aunque no fuera una respuesta, si lo fue para él y solo asintió.
Por su parte Perséfone vió a Hades inquisitiva y al mismo tiempo suplicante, quería llevar al niño con ella, despacio empezó a dejar besos cortos en el cuello de su esposo.
— ¿Podemos traerlo a casa? —preguntó bajo para que solo él escuchará. No quería dejar al niño solo y tampoco quería obligarlo a volver a un lugar donde éste no se sintiera a salvo. Lo había visto unos momentos realmente feliz con su perro y algo en ella realmente quiso que siempre fuera así.
Hades la vió por unos segundos, sabía perfectamente que ella le pediría eso. Pero no estaba totalmente seguro de la respuesta. Había muchas cosas en cuestión, la identidad de ambos como dioses era una de ellas y ya en bastante exposición la dejaron con solo revivir al perro.
— Querida, ¿llevar a un niño al Inframundo? —preguntó mirándola, no quería decirle que no a su esposa. Pero era realmente delicado lo que estaba pidiendo y no quería cometer errores que los metieran en problemas o a su hogar. Porque sabía que si lo despojan de sus obligaciones en el Inframundo, ningún otro dios podría manejarlo y cuidarlo como solo él lo hace.
Perséfone lo miró un momento más, sus ojos reflejaban tristeza y bajó la vista asintiendo despacio. Comprendía el punto de su esposo, luego miró a Alexander quien abrazaba a Philip y sintió verdadera culpa de no poder protegerlo, sabía que lo que fuese que sucediera en su casa no era algo bueno y ella no sabía si podía vivir con su consciencia si lo devolvía allá o si el niño quedaba solo en las calles a la merced de cualquier peligro.
— No tiene que ser al Inframundo… Puede solo ser al castillo —murmuró bajo sin mirarlo, intentaba convencerlo aunque sabía que eso sería difícil, así que no tenía muchas esperanzas de que accediera, y aquello la desanimaba.
Hades se quedó pensando mientras miraba a Alexander quien ahora jugaba con Philip en el suelo de la oficina, intentando encontrar una resolución aceptable. Él pasaba mucho tiempo en el Inframundo, era su hogar y su trabajo después de todo. Y apostaba lo que fuera a que Perséfone querría pasar tiempo con el niño.
— Puede ser, hasta que veamos cómo… acomodarnos mejor —murmuró, aunque no sonaba del todo convencido. Solo quería solucionar de una vez el problema, volver a casa y comer algo que no había comido en todo el día desde el desayuno.
— Esta noche… Y mañana lo discutimos los dos con calma —pidió ella viéndolo, en los ojos expresaba todo lo que sentía en aquel momento pero sobre todo añoranza de que Alexander se quedará con ellos, podían cuidar de él y tanto ella como Hades serían unos profesores increíbles para el niño.
Alexander siguió jugando con Philip en el suelo y su estómago rugió con hambre, apenas había podido cenar y ahora que se encontró más tranquilo el hambre se sentía mucho más intensa. Perséfone lo escuchó y de inmediato vió a Hades ahora con súplica.
— Por favor… ¿Debo suplicarte para llevarlo hoy con nosotros? —preguntó viéndolo atenta a los ojos, se veía ligeramente desesperada.
— Acabo de acceder, claro que no hace falta —murmuró, apoyando la frente en su hombro mientras la abrazaba con firmeza, cerrando los ojos un momento para disfrutar la sensación de tenerla cerca sin pensar en otra cosa, para finalmente volver a abrirlos y levantar la cabeza —. ¿Cómo lo llevaremos sin que…?
Alexander volteó a verlos poco después de que su estómago sonase. Parpadeó cuando se percató de que los dos adultos lo observaban y se apenó un poco. Sus mejillas se enrojecieron muy ligeramente, pero en su piel algo pálida era bastante notable.
— Alex… ¿Puedo llamarte así? —comentó Perséfone, Hades la observó prestando atención a su voz, le gustaba lo suave que era cuando tenía que tratar tonos delicados.
Alexander la miró y asintió despacio, era una amigable y bonita manera de decir su nombre y era la primera vez que se referían a él de esa forma, familiar y tibia.
— Está bien… ¿Alex, quieres venir a dormir en nuestra casa hoy? Mañana cuando todos hayamos comido y descansado podremos tomar una decisión —le dijo suave Perséfone viéndolo y este se quedó viéndola pensativo.
Hades miró a Perséfone con atención y se mantuvo en silencio el tiempo que habló con Alex, esperando con ella que este respondiera.
El joven pareció pensarlo más de la cuenta, tenía hambre y se sentía extremadamente cansado, además apostaba que Philip también tendría hambre. Juntó las cejas, ellos habían sido buenos con él y habían salvado a su único amigo. No le habían dado hasta ahora razones para desconfiar. Así que volvió a mover la cabeza asintiendo.
— Está bien… muchas gracias —dijo en voz baja, se sentía apenado por recibir ayuda de extraños ahora.
La respuesta del niño la hizo sonreír ampliamente y soltó una pequeña risita, era totalmente genuina y luego negó con la cabeza, entretenida.
— No tienes que agradecer, vamos, trae a Philip, iremos en el auto de Hades, yo preparé la cena ¿Tienes alguna comida favorita? ¿Cuál es tu postre favorito? —preguntó curiosa viéndolo, quería atenderlo bien, amaba las visitas y aquel niño tenía algo especial así que quería hacerlo sentir como en casa.
Alexander se sonrojó más, no pudo evitar pensar que aquella pareja parecía idílica. La clase que sale en las películas y son padres amorosos, eran las personas con los que él siempre soñaba despierto, imaginando que ya no estaba en su casa y que estaba en una con padres normales que lo amaran. Sintió vergüenza por aquello y bajó la vista un momento, se aburrirían de él tarde o temprano, además de que probablemente se cansarían de ser amables, debía concentrarse en qué hacer al día siguiente pues no planeaba regresar a su casa, él solo pensamiento lo aterraba, sabía que su padre lo golpearía.
Hades se levantó con cuidado, sosteniendo a Perséfone por la cintura puesto que ella seguía sentada en sus piernas. Los levantó a ambos entonces, suspirando un poco y se aclaró la garganta.
— Bueno, vamos ya. Es demasiado tarde y tengo trabajo que hacer en casa —dijo recordando las almas, aunque pocas, que había conseguido Perséfone para el Inframundo. Besó la mejilla de esta y volvió nuevamente a tomar su mano.
Ella se notó incómoda cuando Hades dejó de sostenerla por la cintura, le gustaba cómo se sentían las manos de él sobre su cuerpo hasta el punto que de no ser por Alexander se hubiera quejado en voz alta pero en aquel momento guardó silencio y tomando la mano de su esposo se inclinó hacia este buscando más cercanía.
Mientras tanto Alexander cargó a Philip y los siguió afuera de la oficina aún pensando en las preguntas de Perséfone.
— Me gusta la pizza y el helado de chocolate —comentó el niño despacio, hacía mucho tiempo que no comía helado.
La contestación hizo sonreír a Perséfone que apretó la mano de Hades emocionada.
— En ese caso, esa será la cena, pediré todo por teléfono… Y a ti te haré algo casero —agregó lo último a Hades, a ella se le daba muy bien la cocina y le gustaba preparar platillos típicos de Grecia, más aún cuando ella cosechaba todo en su huerto.
Hades, que estuvo a punto de quejarse respecto de cuál sería el menú de la cena, no había comido en todo el día para evitar la cocina humana y la tendría en su casa, pero sonrió al escuchar la última parte sin poder contener el suspiro de alivio. Porque no pensaba malgastar comida o decirle a Perséfone que le preparase comida para él, primero porque no le molestaba cocinarse él mismo si era para evitar alguna discusión con su esposa y de hecho le gustaba más cuando ambos cocinaban juntos. Pero temía que eso aconteciera otra discusión y ya tuvo suficiente con todo lo de hoy, por lo que hubiera accedido solo para poder descansar.
— ¿Te mencioné que eres la mejor esposa? —preguntó, dejando un beso suave en su cuello. Repentinamente había olvidado el trabajo con las almas que tenía y sonrió— ¿Quieres ayuda en la cocina?
— Siempre voy a querer tu ayuda en la cocina, querido —comentó ella entretenida y suspiró por el beso que su esposo dejó en su cuello, la hizo temblar un poco puesto que la piel de Hades estaba fría— no me gusta lavar los platos.
Alexander quien iba a un lado de ellos los miraba pensando, estaba algo asombrado de la relación que tenían. Su padre solo pisaba la cocina para buscar cerveza, decía que era de mujeres cocinar y que su madre debía servirle a él.
— No quiero ser un estorbo —comentó el niño, algo tímido, no quería interrumpirlos, pero en cambio Perséfone pasó el brazo libre que tenía alrededor de los hombros de él.
— No eres un estorbo, estoy feliz de que vengas a casa con nosotros, no me perdonaría si te dejo por tu cuenta, eres inteligente pero las calles son peligrosas, más que nada para un niño —le respondió de inmediato y sin ninguna señal de dudas, le sonreía tiernamente. El comentario de Perséfone no era solo para Alexander, sino que también iba dirigido hacia Hades, ella realmente quería al niño bajo su protección.
Hades suspiró viéndose pensativo mientras caminaban al ascensor y prefirió solo mantener silencio, obviamente había notado la intención de ese comentario. De repente los pensamientos que había tenido ese día más temprano volvieron a su mente. Por eso todavía se sintió extraño con respecto al tema, porque aunque ella misma creyera que no era así, también sentía que eso no se había cerrado. Y ahora, bueno, desde que entró en su oficina con un niño desconocido comprobó que sus sospechas eran ciertas. Claramente se lo notaba sumido en sus pensamientos como era algo común que pasara, pues no es la primera vez.
Cuando el ascensor se abrió, pasó junto a Perséfone y los tres esperaron a que bajara por el edificio. Subieron al auto y él condujo hasta llevarlos al castillo.