Capítulo 19

4271 Palabras
El llamado "equipo Poseidón" aunque no sea el único de la primera generación en el grupo, pues Hestia también estaba e incluso era la primogénita de Cronos, caminó por el Inframundo hacia la salida de Egipto. Poseidón y Atenea iban a la cabeza, mientras que está, controlando sus impulsos con toda su fuerza de voluntad, se mantuvo solo un paso detrás de Poseidón, con tal de ahorrarse más discusiones. Hestia iba detrás de ellos, manteniéndose tranquila y pacífica como es típico de ella. A su lado iba Helios y los demás por detrás, aunque Hermes se removió con impaciencia. Cuando salieron del Inframundo, los siete miraron alrededor. Atenea sonrió mirando al cielo. Pues sabía que sería fácil encontrar al titán que estuviera ahí teniendo a Helios de su lado. Este dios como podrán imaginar contaba con una cabellera rubia brillante, como el oro, parecía incluso encandilar o brillar con luz propia, era ondulado y caía sobre sus hombros con gracia, su piel era oscura y suave, además de ser increíblemente alto y tan atractivo que era atrayente como la luz a las polillas. — No tardaré en encontrarlo —dijo el dios con tranquilidad, su voz era segura y a pesar de su gran tamaño era sumamente cálida y confortable, lo cual causó un leve relajó hasta para Poseidón quien había actuado durante todo el camino como si estuviera tranquilo por la situación cuando realmente estaba aterrorizado. Recordó con claridad cómo fue luchar contra los titanes y como eran con su máximo poder, así que estaba bastante nervioso. — Eso espero —comentó simplemente Poseidón y miró alrededor, no le agradaba Egipto y el desierto, hasta llegó a pensar que aquello fue una broma pesada de los otros dioses. Pero no podía denotar debilidad alguna. Mucho menos frente a su rival. Aunque él jamás lo admitiría en voz alta, Atenea era la más fuerte de la segunda generación, y debido a su nacimiento, podría decirse que está en una delgada línea entre la primera y la segunda generación, y que incluso, por su nivel de inteligencia en estrategia siempre le ganaría a él e incluso a Zeus. — ¿Y qué haremos cuándo lo encuentre? —preguntó Hermes, mirando a Atenea sin poder evitarlo, igual que el resto del equipo. Está sonrió con ligera sensación de superioridad, pues la reconocían más como líder que a Poseidón. Ella realmente no odiaba a su tío pero le molestaba que fuera tan mal perdedor, pues se resintió con ella desde que perdió el patronato de Atenas. Entonces se quedó pensando en cómo moverse, pero ante su tardanza en responder, Poseidón rodó los ojos. — Si está en plena ciudad no nos quedará otra que acercarnos a paso normal como mortales, siendo tan listo hay que al menos sacarle ventaja —dijo con prisa, Hestia lo vió por unos momentos. Sabía lo que pensaba su hermano, pues ella también estuvo en la lucha contra los titanes, por lo que se acercó a él colocando una mano en su hombro. — Los derrotaremos en un abrir y cerrar de ojos —aseguró y sonrió para terminar de relajarlo, pues sabía que siempre se piensa mejor cuando ni el miedo ni la ira toman el control. — Claro, antes fueron seis y un par de cíclopes y hecatónquiros contra todos los titanes y ahora somos siete contra uno solo —apoyó Hermes con una sonrisa de emoción, pues hace siglos que no hacían algo así de importante y mantuvo completa seguridad en que no había forma de que perdieran. Atenea asintió, tanto a Poseidón como a Hestia y Hermes, mirándolos con paciencia y seguridad. — Es una buena idea, ya tenemos ventaja, y eso nos dará un factor sorpresa… —aceptó, mientras volvían todos a caminar en dirección a la ciudad— Es cierto, les ganamos en número y en poder. Podemos con esto y no perderemos la calma. Luego de haber logrado calmar las aguas, casi literalmente hablando, pues de Poseidón era uno de los involucrados, se mejoró el ánimo del equipo y todos caminaron entrando en la ciudad. Poseidón finalmente miró a Helios. — ¿Qué necesitas para encontrarlo? —preguntó, pues lo que fuera que necesite para poder meterse nuevamente en la piel de sol, ellos lo conseguirían. Todos sabían la historia de Helios y que no había forma de hallarlo más rápido que a través de sus ojos de sol, los cuales, a propósito, si eran de ese color aunque para verse más normal se veían de un llamativo color ámbar más brillante que los de Hera, Apolo o Ares. — Solo quedarme quieto hasta encontrarlo —respondió con su calma característica, similar a la de Hades, pero él transmitía más calidez y confort que el dios del Inframundo. Pues la calma de Hades estaba basada en la seguridad de su poder y la calma de la muerte, y Helios en cambio tenía una calma por parsimonia, y un estado de equilibrio entre todos los sentimientos que pueden surgir. Atenea miró a Helios y luego a Poseidón, esperando a ver si decía algo, o algo inteligente. Por ahora su tío actuó con la decencia que esperaba y no pensó fastidiarlo si no era necesario. Pues si bien la estratega experta era ella, sabía perfectamente que ninguno los dioses en el equipo era tonto y al contrario, todos gozaban de una inteligencia desbordante. — Podemos ir a un parque, así puedes sentarte y nosotros nos mantenemos alerta igual y vigilando, ¿les parece bien? —sugirió Poseidón, y todos asintieron, Atenea satisfecha pues sabía que su tío mientras no se dejará guiar por su desesperación por ganar, era capaz de pensar bien y con la inteligencia que se espera de un gobernante. — Si, así podré hacerlo sin problemas —afirmó Helios y comenzaron a caminar en búsqueda de algún parque cercano. — Por favor, cerca de una fuente al menos o al Nilo, este lugar es muy seco, parece un chiste mandarme a mi aquí —comentó Poseidón mientras caminaba al frente de todos, pero miró a Atenea de reojo. Los otros dioses sonrieron divertidos, incluso Hermes había soltado una pequeña risa. Pues no había sido Atenea quien sugirió a dónde irían ellos y el otro grupo, sino su hermano mayor, a quién le pareció más apropiado que Hades vaya a Norteamérica puesto que vivía ahí desde hace cientos de años y conocía mejor el lugar. Pero les divertía el fastidio de Poseidón. — A mi no me veas, fue Hades quien lo decidió —se defendió de inmediato la diosa de la guerra estratégica pero igualmente algo entretenida por eso. Hestia, por otro lado, sonrió un poco agradada por la situación y la conversación, pues desde su punto de vista, sin entrar en detalle, por fuera parecía una conversación familiar más normal y amistosa, o algo así. — Miren el lado positivo, llevan media hora caminando a la par uno del otro y no se están matando —comentó Hefesto, uniéndose a la conversación queriendo encajar un poco, ya que por lo general era un poco marginado por los maltratos que sufrió de parte de Hera y su ex esposa, junto con el resto de algunos dioses. Incluyendo la misma Atenea, sin embargo con esta hicieron las paces. Era entretenido pues se estaban llevando considerablemente bien, además de que Poseidón incluso sonrió literalmente a Hefesto, lo cual era extraño de ver en aquel dios. — Solo porque no está Hera aquí —bromeó el hermano del medio y aquello causó más alivio en el ambiente, todos temían o desconfiaban de Hera pues era imprescindible así como fiel al lado que apoyaba, a sí misma. La mayoría de dioses habían enfrentado un conflicto con ella, en su mayoría los hijos de Zeus con otras mujeres, pero incluso los que no siempre estaban en peligro constante de levantar la ira de la diosa y terminar pagando por culpa de Zeus. Como el pobre de Hefesto, era únicamente hijo de Hera, engendrado por la envidia de esta al ver que Zeus tuvo a Atenea solo. — Eso es cierto, mejor dejarla en el grupo donde pueda vigilar a Zeus y todos los demás podamos estar tranquilos —asintió Hermes, quien en más de una ocasión, tuvo que ser un mensajero no muy bueno que digamos, a pedido de la diosa. Hestia sonrió cada vez más, mientras el ambiente mejoraba, el rojo de su cabello se volvía más intenso por ello. Todos lo notaron, pero no les pareció desagradable o intimidante siquiera, incluso cuando el calor había aumentado un poco alrededor, a todos los relajó ver a la mayor de todos los hermanos así. Revitalizada incluso por su propia familia. — Ponerla en el mismo grupo que a Heracles fue algo arriesgado, Atenea —comentó Helios mientras caminaban, volteando a ver a la diosa. Poseidón soltó incluso una carcajada. — Si, es impredecible, en vez de lanzarle un rayo destructor a Cronos, no me sorprendería que "sin querer" se lo lance a Heracles —comentó con diversión, pues Hera le había hecho imposible la vida a Heracles hasta su muerte, donde tuvo que perdonarlo pues Zeus le había concedido la inmortalidad. — Ya lo perdonó, ahora está casado con Hebe —comentó Atenea, encogiendo sus hombros restando importancia—. Zeus iba a quererlo en su equipo, es su hijo bastardo pródigo, le da seguridad. Aquello era realmente cierto, pues Heracles era el protector del Olimpo desde su inmortalidad. Su matrimonio con Hebe desde entonces era meramente encantador, pues Hebe era una diosa adorable, agradable y encantadora. Antes de su unión a Heracles, era algo así como la asistente de los dioses. Cumplía los encargos de Hera, fue la copera de los dioses hasta la llegada de Ganímedes y tenía que atender las heridas de Ares cada que este venía llorando ante Zeus porque algún protegido de Atenea lo hirió. Entonces para Hebe eso significó libertad, Heracles después de todo lo que había pasado, fue bueno con ella y se tomaron su tiempo para adaptarse el uno al otro. Todos estaban sorprendidos de lo bien que estaba sucediendo todo, y que se mantuvo así hasta que llegaron al parque. Aunque bien sabían que la energía de Hestia era posiblemente lo que favoreció a que eso pase. — Bueno, llegamos al parque —comentó Atenea mientras observaba todo el interior, a ver si se encontraba allí aunque lo dudara. — Solo falta la fuente —aclaró Poseidón, levantando un poco su puño al aire y lo agitó, todos rodaron los ojos pero sin embargo continuaron caminando en cuanto Hestia dió un paso adelante, pues sabían porque lo que eso significó: El ambiente era agradable y amigable, por lo que Hestia no pensó arriesgarse a perderlo por un capricho de su hermano menor. Todos los demás se lo tomaron así, como cumplir el capricho de un niño para que no hiciera una rabieta. La última en seguir el paso fue Atenea, incluso después de Eris, la diosa de la discordia, quien no pensó tampoco contradecir a Hestia. — Bien, vamos por tu bendita fuente —comentó con burla mientras caminaban. Continuaron la caminata, charlando entre ellos por separado. Hestia y Atenea mantenían una amigable charla con Hefesto. Y Poseidón hablaba con Hermes, Helios y Eris, mientras los dioses más grandes le explicaban a Hermes como eran los titanes. Cuando finalmente llegaron a la fuente, Poseidón se acercó a meter la mano en el agua, se lo notó increíblemente más relajado por eso. Pues sintió desde el agua de las tuberías bajo la tierra así como la bomba moviendo constantemente el agua, aquello lo tranquilizaba, no era el poderoso mar pero al menos no estaban sin una fuente de agua accesible cercana. — Ahora que el niño tiene su dulce, Helios, ¿nos haces el favor? —preguntó Atenea, mientras los demás fueron a sentarse en la banca o alrededor de la misma fuente. Helios se sentó en una de las bancas y Atenea y Hestia junto a él, observando sus acciones. Incluso Poseidón levantó la vista del agua de la fuente para ver con enorme curiosidad al dios sol. Pues todos eran testigos del poder de Helios, pero ninguno lo había presenciado en persona del dios cuando hacía aquello. Y segundos más tarde entendieron por qué, la piel de Helios había comenzado a tornarse amarilla primero y luego empezó a resplandecer. Atenea y Hestia, que se habían sentado a los lados del dios, se levantaron de inmediato sobresaltadas, pues no sabían si aquello podía herirlas y tomaron su distancia. Pronto todos tuvieron que apartar la vista pues el brillo que emanaba de su piel era intenso y caluroso, Poseidón intentó verlo en el reflejo del agua de la fuente y apenas alcanzó a ver una forma humanoide brillante. — Helios, si esto es peligroso debes decirnos —dijo Poseidón y Hermes asintió tapándose los ojos con el brazo. — Ya entendí porque Ícaro y tú tuvieron tantos problemas —comentó este último. — Yo no tuve problemas con él, fue Ícaro quien se acercó, yo no me iba a alejar por un hombre, soy el sol —comentó entretenido Helios pero sonando calmado. Aquello le había resultado entretenido y aún hoy lo recordaba como algo gracioso, pues Ícaro parecía culparlo a él antes de asumir la responsabilidad de sus actos y las consecuencias de su ambición. — Pudiste al menos avisar, Hestia estaba sentada a tu lado —regañó Atenea, rodando los ojos mientras también se los cubría. Sin embargo, Hestia permaneció en calma y sacó de su bolsillo unos lentes de sol. Hestia si bien pasaba gran parte de su tiempo en su mansión y evitaba salir, gracias a Hermes y al oráculo de Delfos, siempre se mantuvo al tanto de todo lo que ocurría en tierra. Por lo que siempre estaba preparada para cualquier contingencia, no por nada era la mayor de los hermanos. Por lo que se colocó sus lentes manteniendo la calma. — No se alteren, ¿qué esperaban del dios sol? Si querían oscuridad vuelvan con Hades —comentó Eris con fastidio, rodando los ojos mientras mantenía la vista opuesta a Helios. Vieron como Helios continuó resplandeciendo y de un momento a otro se había elevado hasta el cielo y de la nada el sol arriba de ellos comenzó a brillar con un poco más de intensidad. Los otros seis dioses observaron aquello con interés y añoranza, pues Helios haciendo aquello les recordaba los viejos tiempos en los que ellos se encontraban en la cúspide de su veneración y poder. — Parece que fue ayer cuando los humanos clamaban por nosotros por ayuda —comentó en un suspiro Hermes, casi sin pensarlo y aquello causó que los ojos de los demás dioses brillaran levemente. Pero Eris rodó los ojos, ella al igual que Hades había sido muy malinterpretada. Si, le gustaba causar uno que otro problemilla por el Olimpo y sus miembros, pero no hacía más que sacar a luz asuntos que ya existían, como la competitividad de la diosas queriendo ser mejores que las otras o la sed de poder que había entre humanos y dioses. Ella solo exponía la verdad y luego se la culpaba por causar discordia, pero mostrar a los dioses como realmente eran le divertía. — Hablen por ustedes, no son recordados sólo por una manzana dorada —dijo negando la mujer, la competitividad entre las mujeres entre quién es la más hermosa siempre había existido y aquello le causaba curiosidad, aquel asunto había sido una lección que quería darle a los demás pero nadie pareció captarlo— mis métodos no son valorados. — Eres una terapeuta demasiado agresiva, Eris, es eso —bromeó Poseidón. Sin embargo, Atenea frunció el ceño mirando a Eris recordando aquella ocasión y todo lo que aconteció por eso. — Tu método causó desastres entre todos y muchas muertes —comentó la diosa guerrera, pero Hestia alzó ambas cejas. — Porque ustedes se involucraron, Hades y yo no tuvimos problema alguno —comentó la mayor, mirando a todos con desaprobación incluyendo a Eris—. Pero si, eso metió en problemas a humanos que no tenían nada que ver, fue irresponsable. Eris iba a comentar algo para defenderse, pero en ese momento el sol brilló con tanta fuerza que los encandiló a todos menos a Hestia pues estaba protegida. — Lo tengo —comentó Helios volviendo poco a poco de dejar de brillar, lo último que dejó de resplandecer fue su cabello dorado, lo cual lo hizo verse hermoso y poderoso, como lo que los humanos hubieran llamado un ángel—. Dejen de discutir, vamos ya. Eris pareció un poco molesta por las órdenes pero Helios era sumamente respetado entre ellos. Para ese momento hubo un ambiente más tenso por parte de los dioses, que al recordar conflictos pasados también recordaron lo irracionales o impulsivos que actuaban algunos de ellos bajo algunas situaciones, lo que trajo a la memoria las rivalidades. Hestia se quitó los lentes y los guardó nuevamente en el bolsillo. Por más tenso que fuera el ambiente ahora, tanto Poseidón como Atenea no dijeron nada cuando Helios tomó la delantera del grupo. — ¿Cómo debemos ir? En nuestras formas sería más rápido —preguntó Hermes mirando alrededor con interés, pues le gustaba correr a su modo. Atenea negó varias veces. — Evidenciariamos nuestra divinidad a los humanos mortales, y saben bien que no podemos hacerlo —respondió rotundamente antes de que cualquiera hablara. Poseidón rodó los ojos, pero sin embargo asintió dándole la razón. Los dioses se veían de formas muy distintas cuando dejaban de lado el disfraz humano que traían en aquel momento, eran incluso más altos y hermosos pero con rasgos imposibles de parecer normales en humanos, sus alturas rondaban los dos metros. Sus cabellos eran una mezcla de materia y de luz, nubes, agua, remolinos de aire o distintos tipos de flora, su piel cambiaba de tonos hasta algunas, y sus ojos eran de tonos varios y brillantes muy alejados de los ojos humanos. Por ello no era conveniente que optarán por sus formas normales, si bien eran más poderosos así y podían usar sus poderes libremente no era lo adecuado si lo que querían era mantener el anonimato. Entonces todos empezaron a caminar, dejando que Helios los guíe a dónde había logrado ubicar al titán en fuga. Hestia ya no estaba tan tranquila como una hora atrás pues el ambiente "familiar" ya no era tan ameno como antes. Y Hermes volteó a verla cuando la escuchó suspirar con nostalgia. — ¿Cómo creen que estén los otros grupos? —preguntó mientras continuaban su camino. Era obvio que aquello lo dijo para mejorar un poco el ambiente y animar un poco a su tía Hestia. Los demás lo vieron y luego de reojo a la diosa del hogar para asentir, Poseidón se vió algo pensativo pero entretenido. — Hades y Perséfone deben estar pegados como dos perros en celo mientras lo buscan, Deméter echando chispas por eso —rió y luego miró a Helios— ¿Podrías también darnos alguna pista de dónde está? Siento que solo te estoy siguiendo a ciegas y me perturba. — En los límites de la ciudad, casi a la salida que da al desierto —respondió de inmediato Helios para no estresar más. Hermes sin embargo prefirió seguir el hilo de conversación de los otros. — Eso seguro, se aman mucho —asintió y aquello hizo a Hestia animarse un poco, pues no dudaba de aquello. Atenea sonrió con diversión mientras caminaban en esa dirección. — Zeus y Hera deben estar matándose con la mirada, y no lo digo de forma romántica —comentó divertida y Poseidón no logró contener la risa burlona. — ¿Zeus y Hera? El pobre Heracles debe estar escondiéndose detrás de su papi para que Hera no lo vea demasiado feo —bromeó y todos sonrieron con diversión por aquello, haciendo a Hestia suspirar con alivio. Incluso Eris empezó a reírse con diversión lo cual relajó claramente el ambiente pues si la diosa de la discordia estaba tranquila aquello era mejor de lo que creían. Mientras los dioses caminaban al encuentro con Japeto, los minutos iban pasando y comenzaba a oscurecer, causando que Helios no pudiera seguir sus pasos. — Se nos acaba el tiempo, nos hemos tardado demasiado en llegar, y él podría moverse de noche tranquilamente sin que Helios se entere —se quejó Poseidón mientras vió el ocaso de aquel lugar. Atenea arrugó un poco la nariz. — Aún podemos contactar a Selene —mencionó la diosa, causando que Poseidón vuelva a relajarse, pero esto no duró mucho. Los dioses normalmente no pedían ayuda entre ellos, si alguno apoyaba la misma causa que otro, simplemente se sumaban a las luchas, ninguno pedía nada. Pero hubo una ocasión, en la que incluso a los cíclopes se les pidió ayuda y a otros titanes que igualmente estaban en contra del régimen de Cronos. Entonces la idea de tener que contactar con más dioses, o similar no le agradó tanto. — Realmente no sé si es necesario, ¿qué tan lejos puede ir? —la intervención de Poseidón tenía un tono de desagrado, pues creía que ya eran bastantes dioses juntos. — Y tarde o temprano amanecerá —agregó Helios mirando al cielo con nostalgia, ya extrañaba ver la luz del día, con la que se siente más cómodo y más poderoso con el sol brillando en todo su esplendor. Posterior a eso, mientras caminaban en la misma dirección, manteniendo el paso, debatían sobre si llamar a Selene o no, pues ella podría buscarlo en la noche. Atenea y Hestia, que eran las más razonables, insistían que era mejor buscar a la contraparte de Helios, así ahorrarían tiempo; además, Atenea agregaba que hacer eso sentaría un factor sorpresa que Japeto desconoce. Pues este sabía que Helios estaba aliado a los dioses, pero no de Selene. Eris por su parte se mostraba a favor de las otras diosas, dado que como diosa de la discordia, el hecho de que sean uno más colaboraba a su entretenimiento. Poseidón, por el contrario, quería evitarlo aunque supiera que Atenea tuviera razón en que ese factor sorpresa sería beneficioso. Finalmente, y luego de un largo suspiro de Helios, acordaron ubicar a la diosa lunar, que cruzaba los cielos por la noche. — Bien, traeré a mi hermana —resopló Helios mirando como los demás lo observaban. No era algo que al dios le agradara, pero si no tenían más opción para encontrarlo rápido lo haría. Los demás lo observaron con atención, esperando a ver qué hacía, cuando un resplandeciente rayo de luz cruzó el aire impactando, o eso pareció, en el dios que desapareció en cuanto la luz tocó a Helios y esta volvió a los cielos como si retrocediera en el tiempo. El resto del grupo divino, observó aquello con ligera sorpresa. No porque les sorprenda un rayo impactando en alguien, pues era común para ellos, solo que aquello fue bastante repentino y no esperaban que lo hiciera tan rápido. Hestia, Hermes, Hefesto y Eris miraron a los líderes del grupo, a la espera de una directiva para llevar a cabo hasta que Helios vuelva con Selene. — Sigamos avanzando —negó Poseidón mientras volvió a caminar y tras él Atenea junto con los demás dioses, acostumbrado a que el menor de los hermanos devorados quisiera llevar la batuta—. Hay que ahorrar tiempo. Continuaron avanzando y esporádicamente veían hacia el cielo, esperando alguna señal de Helios y/o Selene. El frío de la noche comenzó a hacerse presente aunque los dioses no lo sintieran. El viento comenzó a soplar un poco más fuerte mientras el grupo llegaba a las afueras de la ciudad donde Helios lo había visto por última vez. Se quedaron allí, a la espera. Todavía mirando de reojo hacia la luna, que se encontraba un poco más resplandeciente y la aurora la rodeaba. Sin embargo, comenzaron a notar como poco a poco esta cambiaba su color, tornándose roja… un eclipse lunar. Poseidón miró aquello y rió con ganas, era la clase de cosas que solo pasaban en su edad dorada. — A ver si pueden prevenir eso, astrólogos —se mofó el dios, pero sus ojos resplandecían de orgullo, no en realidad por Helios directamente, sino por el panteón griego. Por ellos. De aquella resplandeciente luna roja una extraña iluminación se situó en algún punto fijo más adelante fuera de la ciudad, aunque no tan lejano. — Allá es —señaló Poseidón y de inmediato comenzó a caminar en esa misma dirección, seguido del resto. Habían comenzado con una caminata de paso rápido, pues no quisieron perder más tiempo después de haber tenido que recurrir a la ayuda de la diosa lunar, luego la caminata evolucionó a un ligero trote y terminaron corriendo en esa dirección en el momento en el que el rayo de luz volvía a surcar los cielos, dejando de un momento a otro a Helios corriendo junto a ellos. La adrenalina comenzó a apoderarse de ellos, los ojos de aquellos dioses se tornaron su color divino mientras a su vez, de a poco, tomaban una forma aún más espectacular, porque eran dioses al fin y al cabo, obviamente no lucirían como simples humanos un poco más altos que el promedio. Los siete sentían el poder de antaño correr por sus venas con fluidez, con necesidad otra vez. Aquella emoción, esa sensación que no sentían hace milenios estaba volviendo a ellos.
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